jueves, 22 febrero 2024
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Guachimanes del Estado comunal

Llamar a la población para repetir la historia de engaños, con “fiestitas” de quienes se esconden en maquetas, sigilosos repartos, o constantes cambios de caretas, no es de interés de la masa humillada y puesta siempre de lado. | Foto @luchaalmada

@OttoJansen

Las condiciones de la ficción fílmica han sido evocadas innumerables veces para referirse a la situación de colapso de Venezuela. Ese escenario de destrucción total, donde los sobrevivientes se desplazan en la aridez peleando algún espacio contra las bandas que imponen sus dominios con violencia. Particularmente para el estado Bolívar, los episodios en las adyacencias de sus ríos, en poblados medianos o caseríos de la selva adentro, en lo que son aún verdores de los municipios de Guayana, impactados directamente en el proyecto del Arco Minero; las duras realidades humanas y ambientales sobrepasan los escenarios del futuro apocalíptico de Mad-Max.

Por eso cuando los propósitos de participación ciudadana son la fuerza potencial para ensanchar las posibilidades de soluciones hasta el logro de transformaciones de fondo requeridas por la población, esa participación no puede ser cualquiera y de cualquier modo. Las elecciones del 21-N que convoca el régimen tienen de pilares el más abrupto salvajismo que reedita todo el panorama en el que actúan los grupos de intereses económicos entremezclados con las bandas delictivas del oro, el entramado cívico-militar y las audacias de oportunistas políticos y del hampa común en Guayana. ¿Quién lo duda? Pero si se requieren más datos (paralelos a la indiferencia de un modelo político fraudulento), las elecciones primarias del PSUV recientes muestran los mecanismos de movilizaciones cívicas que luego son manipulados por el poder y las armas en el cinto. Por supuesto, cuando se trata tan solo de una fachada de los pasos para el desmontaje de las estructuras institucionales democráticas de los gobiernos locales y regionales, los modos y la forma importan poco.

Los representantes oficialistas electos en estas internas, mediante extorsión, amedrentamiento, golpes, palos y el uso de los reducidos presupuestos de organismos públicos que ocupan, se convertirán en los nuevos señores de la comarca, es decir, funcionarios del sistema comunal en construcción. Explicando que el marco constitucional de protección del voto que los electores habrían de contar, visto con absoluta serenidad, es una burla bien orquestada para los venezolanos en la que no existe autoridad electoral efectiva. Las elecciones de los revolucionarios efectuadas el pasado fin de semana tuvieron la total indiferencia no solo de la gente (cualquiera podía participar, siendo militante o no), que era de esperarse, si no también de cualquier expresión del CNE, aunque solo haya sido por disimulo o curiosidad.

Voz de la gente y liderazgo de embrión 

La semana pasada regresó de las montañas de El Palmar, encuadradas en la Sierra Imataca, a donde han ido muchos guayaneses en busca de las “bullas” para lograr el sustento que no se obtiene en las ciudades, ni ya tampoco en muchas de las minas más conocidas del sur de Bolívar. Regresó después de casi dos años; con vida, que es lo importante. Pudo pagar el retorno y poco quedó para la familia desesperada por su ausencia. Novedades: sigue la situación de la escasez de gasolina, la bodega cobra en dólares, la vecina murió de covid, la nieta tuvo un bebé hermoso. Nadie dice nada de votaciones masivas. Los murmullos generalizados son de hasta cuándo. Y es por la rendija de esa pregunta que entran unos rayitos de luz, con información de negociaciones en México, entre Guaidó y Maduro.

El caso del minero referido permite comprender que la gran convocatoria para la participación masiva de los venezolanos estriba en razones fundamentadas con soluciones concretas, estas lo más inmediato posible. Es un mensaje con estas materias para el país (propósito del Plan Nacional de Salvación) que no ha de quedarse en los cenáculos de los partidos y cuyos voceros han de tener la mayor credibilidad, elemento con el que prácticamente no se cuenta hoy. Llamar a la población para repetir la historia de engaños, con “fiestitas” prácticamente particulares de quienes se esconden en maquetas, sigilosos repartos, o constante cambios de caretas no es de interés de la masa humillada y puesta siempre de lado. El control usurpador de las instituciones solo se sostendrá si consigue que sus alguaciles anden juntos (¡como con la violencia de las primarias!) o demuestren alguna capacidad, que no la tienen. Se comprende que la emoción por la posibilidad de cambios, la llegada de la justicia y la vuelta al desarrollo (incluyendo los venezolanos que andan en otras latitudes) se ganara con la conexión con el hombre desesperanzado, la mujer que administra los dolores del hogar, los jóvenes convertidos en magos del pragmatismo para no irse.

Falla, sin embargo, la convicción por el protagonismo de la sociedad que no es con venta de ilusiones –como ir a la trampa electoral de las regionales- como puede cumplirse el precepto constitucional democrático. Falla en las dirigencias y organizaciones políticas. Lo del estado Bolívar es para llorar, atrapados entre las jefaturas de los “sindicatos” mineros, bandas urbanas, zamuros que ofrecen la incompetencia revolucionaria o traficantes de gasolina. Pero también atrapados en los “festines” de vanidades en “opositores” congelados hace 40 años, discursos épicos estrafalarios, jóvenes “dirigentes” vendiéndose al mejor postor y alguna añeja sargentería política. Es innegable lo dramático para la construcción del presente y porvenir de la región, pero la voz ciudadana en Guayana existe, observa, siente y juzga desde la condición embrionaria hacia nuevas generaciones de liderazgos políticos transcendentes. Es el protagonismo que producirá las transformaciones democráticas más temprano que tarde.