







En una escuela que no enseña warao y los niños deben estudiar en español, la comunidad se aferra a su conuco mientras el Estado no la registra en sus mapas. Así sobrevive la identidad Warao en Jjanuka. Esta es la segunda y última entrega del reportaje que visibiliza la erosión cultural de los hombres de agua.

Por cuarenta años, la tiza de Octavio Esponare Castillo trazó la frontera entre la alfabetización y la ignorancia en las aulas del estado Amazonas. Hoy, a sus 75 años, este maestro del pueblo indígena jivi y locutor, cuya voz conectó las costumbres de comunidades con la ciudad a través de la radio, ha vivido en carne propia el colapso del sistema sanitario en el sur de Venezuela.

Agua contaminada, aire tóxico, basura a cielo abierto y un hospital sin recursos. Así sobrevive Jjanuka, una comunidad Warao asentada desde hace tres décadas en la periferia de San Félix. Esta es la primera de dos entregas que aborda el impacto del entorno y el sistema de salud en los hombres de agua.

El narcotráfico y el tráfico de oro y minerales han convertido a la Amazonía en un campo de batalla donde grupos criminales como el ELN, el PCC y Comando Vermelho operan en Brasil, Colombia, Ecuador y países vecinos con conexiones transfronterizas que alcanzan Venezuela, Guyana y Perú.

Reportero tenaz y referencia en la cobertura de la violencia en Guayana y en Bolívar, murió a los 40 años de edad en España. Sus colegas de Correo del Caroní y amigos organizan un Gofundme para apoyar con sus gastos funerarios.

La masacre ocurrida en 2016 evidenció el dominio del pranato minero en el sur del estado Bolívar, una realidad que hoy continúa, mientras las familias de al menos 17 personas asesinadas siguen esperando justicia y reparación.

La alimentación, la salud, los servicios públicos y la educación son derechos consagrados en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que se niegan a los waraos en sus propias tierras

Hoy reafirmamos el contenido de nuestro editorial “Fuerza de Dignidad” del 27 de junio de 2014 donde proclamamos “Nuestra invariable línea editorial, que garantiza el derecho a espacios para la denuncia y el reclamo reivindicativo de la gente nos confronta naturalmente, por principios, a la corrupción política y gubernamental, judicial, empresarial, entre otros”.

Al ser ecuánime, estudiar la música, ser responsable y mantener un trato humano, construyó una red que lo llevó a tocar en múltiples proyectos, dentro y fuera de Venezuela y afirma que comprendió que, para pertenecer a un lugar y hacer música, “uno debe estar allí, buscarlo y trabajar por ello”.

Su historia es la de una venezolana que con trabajo duro, excelencia y determinación continúa descifrando la estrategia de su campaña más importante: su propia vida.