domingo, 26 mayo 2024
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Ufemia en días de vigilia

¡No es así! No todas las opciones son iguales en los caminos y decisiones que nos lleven a las transformaciones, al desarrollo y el bienestar como sociedad. No podemos conformarnos. Hay que votar, haciéndolo bien. Eligiendo bien.

@OttoJansen

Miembros del comando con Venezuela que hace actividad en Lima me invitan a contribuir a difundir las actividades de una vigilia el domingo 14 y realización de protesta, el lunes 15 de abril, frente a la Embajada de nuestro país en la capital peruana. Se trata de la exigencia de respeto a las leyes en la inscripción de compatriotas y peruanos retornados, que en lapsos atropellados del Consejo Nacional Electoral y a causa de requisitos arbitrarios impuestos por la Embajada aquí (similar a otros países latinoamericanos), ha dejado sin actualización a la gran mayoría de los inmigrantes connacionales.

Dos son las palabras que se me ocurren narran el presente ciclo político de una Venezuela rota, de cantidades de incendios como contagio ambiental del padecimiento humano (las noticias dicen que están llegando las lluvias); en la ruina descrita por la emergencia humanitaria y de aberrantes persecuciones de los cuerpos de seguridad que no dan tregua a la civilidad. La primera de esas palabras es la vigilia, la segunda, el nombre de mujer que apuntó don Elías Pino Iturrieta en un post: Ufemia. La canción de autoría de Rubén Fuentes, de Jalisco, cuyo tema habla sobre la destinataria de una carta que Pedro Infante, cantante también mexicano legendario, hizo popular hace varias décadas. Hoy la melodía es recordada por el historiador venezolano haciendo alusión a las acrobacias de políticos del patio que pretenden cerrar el paso a los cambios, y en específico se refiere al episodio de las simulaciones que vemos, en operación coincidente con el régimen revolucionario, de despachar los derechos políticos establecidos en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Vigilia -considero- es un término apropiado en un panorama corrompido, con protagonismos ocultos o públicos de grupos económicos, académicos, religiosos y políticos que descartan o atenúan el compromiso ciudadano de luchas en defensa de la libertad, los derechos y la democracia. En este momento nacional no se puede sino sentir impotencia, aun contando con lo medular de la manifiesta reserva moral de las mayorías. Es una situación lamentable que involucra a personeros de la sociedad que pudieran ser valiosos pero que prefieren su peculiar sentido práctico. Lo relevante del momento es que se expresan cuando se perciben ruidos de definiciones trascendentes (más significativos que en otros), ante años de injusticias, penurias, inmigración masiva, muertes y asesinatos que tienen de responsables al chavismo gobernante. Venezuela se torna a la vista del escrutinio veraz en un territorio triste, desamparado, azotado por la desigualdad; teniendo de compañía las taras de la ambición sin límites de actores de la revolución y del muy descompuesto cuadro partidista. Así que la vigilia, el estar “despierto” llama a la población a mantener la esencia de la razón de la democracia, del Estado de derecho y firmeza en la convicción de superar la fiera acorralada del totalitarismo y sus compinches. 

A la carta

El periodista y escritor peruano, residenciado en México, Diego Salazar, en una formidable videoconferencia que hemos citado antes en esta columna, afirma en relación al impacto de las redes sociales, tema del cual es especialista (El ecosistema informativo ha volado por los aires), sobre la relación directa de los instagramers y tiktokeres mexicanos -que son muchos- con el lenguaje de los niños en Latinoamérica. Uno de los periodistas de la entrevista acota la influencia de programas como El Chavo, en otras décadas y nosotros apuntamos lo suficientemente conocido de la incidencia cultural de ese país con sus películas y canciones que en la lejana época de los años 50 y 60 del siglo XX, se expandieron por todos los países de América. De allí la cita de Don Elías Pino que usando las líneas de Ufemia (recordada hasta con el tono de humor que imprime Pedro Infante): “Cuando recibas esta carta sin razón, Ufemia, ya verás que entre nosotros todo terminó” trae a un post, líneas del relato cantado, y pone elegancia e inteligencia al insoportable hedor emanado de las prácticas tenebrosas contra el reclamo popular, del modelo bolivariano y del inescrupuloso “juego político”.

Fundamento, compostura, decencia, grandezas, exige la sociedad venezolana como un todo, en el hartazgo de tanta hipocresía, mediocridades y pillerías que han puesto a la nación en un desastre prolongado; en la agónica circunstancia de padecimientos de alimentación, salud, servicios; asociada a cuanto quebranto vaya surgiendo. En este abril de 2024, expresada con suficiente antelación la intención del rescate ciudadano con un liderazgo de mujer salido de una calificada consulta, lo que observa el colectivo nacional es el campo arrasado de esos principios y la pudrición que involucra a no pocos en la conveniencia y en la convivencia con el horror revolucionario. Ahora no se puede continuar con los titubeos y las concesiones edulcoradas, hay que decir como la carta: “…que todo terminó”. Hacer civilidad y ejercicio democrático significa también arrojo y coraje. Decisiones difíciles y la dura batalla política que no se pretende angelical pero tampoco pasto de componedores, torturadores y estafadores. Los venezolanos debemos tener confianza en nuestra propia determinación. Ya basta de esos operarios, ahora fungiendo en nombre de la realpolitik, de virtudes que nunca han tenido y que solo nosotros hemos tolerado pensando que daba igual, uno que otro. ¡No es así! No todas las opciones son iguales en los caminos y en las decisiones que nos lleven a transformaciones, al desarrollo y el bienestar como sociedad. No podemos conformarnos. Hay que votar, haciéndolo bien. Eligiendo bien.