domingo, 19 mayo 2024
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Dylan: el mensaje de paz sobre la mesa

Hay poesía en las canciones de Bob Dylan. También la hay en las canciones, por ejemplo, de Juan Luis Guerra. En ambos compositores se puede resumir la frase de Horacio, de que la literatura es “dulce et utile”.

Versión revisada del artículo de octubre del 2016

La Fundación Nobel tardó en comunicarse con Bob Dylan para anunciarle personalmente el otorgamiento del Nobel de Literatura. Quizás Dylan no comparta la decisión del reconocimiento o vea semejante palestra como una incoherencia con la rebeldía de sus cantos. Después de todo, en su canción With God on our side (Con Dios de nuestro lado), ya se sentía confundido con aquello de que Dios esté a veces con uno y otras no, y reflexionaba sobre perdedores como el propio Cristo. Esto del Nobel lo debe tener fuera de su propio orden.

La decisión tiene disparatada a la gente. Dicen que una cosa es un poema y otra una canción. Y hay quienes en las redes sociales llegaron a burlarse del asunto, y hasta a considerar premiables a sus cantantes favoritos.

Aun cuando el premio Nobel tiene influencia como para girar los parámetros y repensar diferentes contextos, tampoco puede ponerse a inventar. Los precedentes cuentan. Afortunadamente, la escogencia de canciones se puede sustentar en la propia historia de la literatura. Se sabe que muchos poemas épicos, sonetos y romances medievales predecesores de la novela, fueron transmitidos oralmente, a través de la rima y la música. Así que poema y canción pueden estar juntas, pero no siempre. No toda letra de una canción puede considerarse un poema.

Hay poesía en las canciones de Bob Dylan. También la hay en las canciones, por ejemplo, de Juan Luis Guerra. En ambos compositores se puede resumir la frase de Horacio, de que la literatura es “dulce et utile”. Dulce, placentera, sagrada según Platón. Utile o filosófica según Aristóteles. Útile porque en ella se reconocen las formas de la palabra como arte. Y la dulzura no es otra cosa que recordar un poema y recitarlo o cantarlo con el cuerpo, con el vibrar de la voz hasta estremecerse.

Ambos, Dylan y Guerra le hablan al perdedor, lamentan las injusticias. El drama de Dylan apunta a la soledad y dice: “Mr. Tambourine man, play a song for me” (Señor Tamborilero, cántame una canción). Juan Luis Guerra describe las diferencias sociales con mucha certeza en Me enamoro de ella, y aunque la música de merengue la convierte en comedia, el drama persiste en la letra. Y hay obsesiones también. La de Dylan es desnudar la vanidad y su tragedia y por eso Like a Rolling Stone (Como una piedra errante), es un espejo que reta la mirada.

Dylan le canta al cuerpo de la mujer amada con la sencillez de un poema primigenio, como en Like a Woman (Como una mujer). Juan Luis apuesta a una sencillez, a veces entretejida con tradiciones místicas como en Burbujas de Amor, una canción que puede contrapuntear al poema The Bait de John Donne.

Estoy segura de que hay otros cantautores merecedores de líneas como estas, sólo que esta vez es Bob Dylan. No sé si fue a falta de cantautores postulados en otras lenguas. Sin embargo, en el caso de Dylan me inclino a pensar que sus mensajes jugaron un papel crucial, y lo digo porque el Nobel no pierde oportunidad para manifestarse políticamente. Los Estados Unidos es en este momento un país polarizado, y hay amplios sectores que temen por la nación, temen perder la solidez de sus textos fundacionales y espirituales. El prospecto de regresar a las tendencias fatales del darwinismo, el racismo, la paranoia al estilo de la guerra fría y otros tipos de intolerancia, ensombrece los mayores valores de la nación, y están poniendo en serio jaque la institucionalidad democrática de ese país.

Es una sombra que ha caído sobre la gente y su manera de pensar la nación. Si se normalizan las intolerancias, el país retrocederá. Por eso Dylan. Porque él hace revivir el espíritu de valores como el amor al otro, y aquello de desnudar las “superioridades”. El mensaje de Paz es Dylan, y está sobre la mesa…. aunque él no vaya a buscar el premio.

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