miércoles, 21 febrero 2024
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Argentina: Elecciones ¿y después?

El futuro no es color de rosa, más bien negro en un país con más del 50% de inflación, que puede llegar al 60 a fin de año, si es que no se desboca, con un dólar supersónico y con un índice de pobreza de casi el 41%.

No es lo mismo hacer pronósticos con las legislativas argentinas que con las presidenciales de Nicaragua o las regionales de Venezuela. En estas dos dictaduras se sabe de antemano que gana el caballo del comisario. Son una farsa y una agravio a la dignidad democrática, aunque algunos se hagan los tontos y prefieran pasar por indignos.

En el gran país rioplatense si uno se atiene a las principales encuestas -no a las que trabajan “por encargo”- y al propio resultado de las primarias del 12 de setiembre pasado, el oficialismo sufriría una dura derrota y perdería el control del Parlamento. Y algunas “ventajitas” más.

Un poco más de 34 millones de argentinos son convocados el domingo 14 para decidir una renovación parcial legislativa. Está en juego casi la mitad de las bancas en diputados (127 de 257) y un tercio en el Senado (24 en 72), y también algunos gobernadores y otras autoridades provinciales.

Si el oficialismo pierde será un duro golpe y más aún si pierde el control del Parlamento, lo que muchos analistas dan como muy probable. En este caso puede cambiar la suerte de Cristina Fernández de Kirchner en los tribunales judiciales. Sobre ella, hoy vicepresidenta de la Nación y presidenta de la Asamblea General Legislativa y, “la mandamás” y “mujer fuerte” del gobierno, pesan más de un juicio por corrupción, demasiado demorados. La capacidad de presión y de maniobra se le reduciría y es posible que empiecen a aparecer las condenas por tantos esperadas.

Hay siempre una cuota de incertidumbre. Las encuestas son de respetar y hay que tenerlas en cuenta, pero es sabido que nadie ha hecho fortuna jugándose todo a sus porcentajes.

Sobre lo que no hay incertidumbre es en materia económica. El futuro no es color de rosa, más bien negro en un país con más del 50% de inflación, que puede llegar al 60 a fin de año, si es que no se desboca, con un dólar supersónico y con un índice de pobreza de casi el 41%. Hay índices de recuperación, pero tras tres años de recesión y una caída del producto en el 2020 del 9,9%. El desempleo es del 9,6% y el déficit fiscal -el oxígeno electoral- del 8,5% del PBI. Y por delante hacer frente a una deuda de más de 45 mil millones de dólares.

No es fácil y mirado de afuera no parece que el gobierno, que preside Alberto Fernández, apodado “el títere” o “el testaferro” a nivel de calle, tenga claro cómo se sale. Queda un campo muy limitado para la demagogia y pocos recursos genuinos para hacer populismo.

“Si el kirchnerismo pierde hará locuras, y si gana seguirá con las que ya hace; es difícil evitar el desastre. No se arregla echándole la culpa a la pandemia, al FMI y al gobierno anterior”, me dijo un desesperanzado colega argentino.

En conclusión, lo que está en juego en Argentina el domingo no son solo 151 bancas del Parlamento; son muchas otras cosas más.

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