El pasado jueves 23 celebramos el día del libro y del idioma en homenaje a Miguel Cervantes Saavedra. Ese español universal nacido en Alcalá de Henares en 1547 y que murió en Madrid en 1616. Sobre el manco de Lepanto se habla y escribe a diario, pues todo escritor, pensador, intelectual, docente o crítico literario sabe que en la obra de Cervantes tiene una fuente inagotable, que alimenta la curiosidad, hace infinitas las dudas y jamás permite que se agote el asombro. Tres nutrientes proteicos de la imaginación y la creatividad, que Cervantes hizo valer en su próvida y rica obra literaria. Un verdadero e indiscutible hito en la historia de la literatura.
Llegado a este punto de mi existencia cabe preguntarse qué hubiese sido de la literatura en nuestra lengua española sin Cervantes, y en especial sin El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Libro que el Nobel William Faulkner leía todos los años, como otros leen la Biblia. El mismo que William Shakespeare, el dramaturgo inglés por antonomasia, quiso leer en su idioma original, por lo cual estudio español, tal como está documentado por Roger Charter.
En Cervantes tenemos el origen de la novela moderna. Pues este asentó la poesía en las entrañas de la narración, al crear un universo en el que recurrió al desparpajo, sin límites de la locura, para escribir el mejor libro. Esto es una novela que trata de cómo se escriben las novelas. Impresa por Juan de la Cuesta y publicada en 1605.
La vida de Cervantes fue una aventura de principio a fin. Sus andanzas lo condujeron por sinuosos y tortuosos caminos, que lo enfrentaron a todo tipo de personas, variados pueblos, ricos paisajes y costumbres de una gran diversidad. Insumos que alimentaron su imaginación y se hicieron palabra escrita, para darle un vuelco a la literatura y marcar un antes y un después en este arte. Hasta llegar a nuestros días, acosados por inteligencias artificiales, con la frescura de lo que ha nacido del más elevado y genuino talento humano, natural, irremplazable e insustituible.
Muchos estudiosos coinciden en el carácter autobiográfico de la novela como género. Lo que ejemplifican con En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, El Ulises de James Joyce o Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós. En el caso específico de El Quijote, en efecto, es una autobiografía alegórica, tal como afirman investigadores, intelectuales y sus colegas de hoy. Su melancolía, apunta Gabriel Tortella, es expresión de la decadencia de España, captada por la aguda inteligencia del gran Miguel de Cervantes.
El Quijote fue escrito en la vejez, etapa para reflexionar sobre la vida, enjuiciar errores y desventuras y buscarle sentido a los aciertos. Vio, entonces, cómo el fracaso había arropado su existencia y también el de su creatura. Porque Alonso Quijano es el primero de la estirpe de los héroes novelescos, que sabiéndose condenado a la derrota, sale a medirse con el mundo. Es la mentalidad anti épica o la moral del fracaso, rasgo común de los personajes más destacados e identificables que cuentan en la novela moderna.
Hay un dato que me conmovió cuando quise ir más allá de lo que se sabe sobre este autor. Supe que en su peregrinar como aventurero incansable, Cervantes, quiso embarcarse para hacer las Américas. Tenía 42 años y aunque hizo varios intentos, solo añadió otro fracaso a su vida. Quiso trabajar en la contaduría del nuevo reino de Granada, también en la gobernación de Soconusco en Guatemala, propuso ser contador en las galeras de Cartagena de Indias y corregidor de la ciudad de La Paz. A todo aquello el Consejo de Indias le respondió en 15 días, Busque por acá en que se le haga merced.
Cervantes no pudo pisar suelo americano, pero El Quijote si lo hizo muy pronto. Entre febrero y abril de 1605 salieron lotes de libros para Las Indias. Tres ejemplares fueron enviados a Cartagena, 262 a México y otros cien a Cartagena, todos pertenecientes a la edición príncipe.
Este 2026 se cumplen 421 años de la publicación de El Quijote, el más universal de nuestros héroes, que nos hermana en lo diverso de la hispanidad. Pues en el español, como patria de unos 600 millones de hablantes, nos reconocemos como una comunidad, unida por el puente del idioma. Ese lazo inextinguible, que el zurdaje envenenado por sus protervos y atávicos resentimientos, no puede ni podrá destruir.
Agridulces
La cúpula le puso fin a la amnistía de un plumazo. Tal como se cierran las rejas de la cárcel, sin darles la oportunidad de defenderse a miles de venezolanos, presos de un régimen tiránico que no acepta la disidencia.










