sábado, 13 junio 2026

Esclavitud y destrucción en el Arco Minero

Si tienen que arrasar con un país, con sus habitantes, con sus ciudades y caseríos no les temblará el pulso. Les costará un poco más acabar con selvas y bosques, llanuras y mesetas, tepuyes y montañas, lagos y lagunas, con mares y ríos, pero si les dan más tiempo lo lograrán.
  • El video que muestra lo que ocurre en un sector del Arco Minero del Orinoco me remite a la saga Mad Max. Esa que tuvo en el desierto australiano la locación perfecta para mostrar los estragos post apocalípticos, imaginados por George Miller, quien filmó sus películas en la superficie de aquellos yermos parajes. Pero lo que vimos en el video es una profunda herida en lo que antes fue una zona selvática, situada en ese pulmón vegetal -hoy con respiración asistida- del macizo guayanés. Todo perpetrado por saqueadores y ecocidas de variado pelaje y verdes uniformes, hermanados por la destructiva ideología socialcomunista, que es su pasaporte a estos territorios. ¿Cuántos depredadores -nacionales e internacionales- han contaminado, explotado y destruido parques nacionales, reservas forestales, nuestros grandes ríos y la tierra en la que sobreviven 11 pueblos indígenas?  

    La destrucción es global. No quieren que quede piedra sobre piedra, como acostumbra el socialcomunismo. El estado Bolívar, asentado sobre el macizo guayanés, no podía quedar indemne a pesar de su firmeza y fuerza telúrica. Para las ambiciones de la camarilla corrupta aquello es sólo un pequeño obstáculo, que quitan del medio sin mayores dificultades. Su noble propósito es la extracción de oro, diamante, coltán, bauxita, tierras raras y otros minerales.

    De lo que está sobre el terreno lo único importante para estos Atilas del siglo XXI son ellos mismos, sus intereses, ambiciones, codicias y sus infinitas e inagotables ansias de riqueza. Por ello, si tienen que arrasar con un país, con sus habitantes, con sus ciudades y caseríos no les temblará el pulso. Les costará un poco más acabar con selvas y bosques, llanuras y mesetas, tepuyes y montañas, lagos y lagunas, con mares y ríos, pero si les dan más tiempo lo lograrán.

    No tengo que ir muy lejos para constatar que la capacidad de arrase de los socialcomunistas no se puede describir con las palabras de todos los días. Lo que escriba hoy será superado mañana por estos bárbaros del siglo XXI. Los mismos que esclavizan a nuestros compatriotas, para acumular riquezas con una minería que destruye vidas humanas, flora, fauna, ríos. Nuestro estado Bolívar es hoy un erial por donde metas el ojo.

    Porque la gente -que es la savia que le da vida a los espacios- ha huido por las trochas con el estómago pegado del espinazo. Otra ha muerto de hambre o por la epidemia de soledad que invade a los que se quedan. Algunos jóvenes no se han querido ir, pero en Venezuela estudiar y tener una profesión es algo que dejó de tener sentido para este grupo etario. Tienen la vida por delante, con más futuro que pasado, pero ellos no pueden verlo. Porque este socialismo del siglo XXI le bajó la celosía a todas las ventanas que la educación le abrió a generaciones precedentes. En lugar de iluminarles la juventud con sueños e ilusiones y la certeza de una vida mejor, les cerraron todos los caminos y les impusieron obscuridad, ignorancia y muerte, lo único posible en la esclavitud de las minas.

    La muchachada merodea por las calles y son reclutados por y para el delito o se van a las minas, que es más o menos lo mismo. Y se sumergen en aquellos placeres, en el sentido geológico del término, que es: “Yacimiento formado por la sedimentación selectiva de partículas detríticas de un mineral como consecuencia de las acciones de las aguas corrientes o el viento… Este tipo de yacimiento se produce únicamente para metales pesados, como el oro, diamantes, casiteritas, etc.”

    Jóvenes -casi niños y niñas- se dejan seducir por los cantos de sirena que produce el tintineo del dinero fácil, y se van en búsqueda de ese otro placer, que es goce hasta que son aventados al interior de las minas. La explotación la sufren en carne propia. El ultraje, el castigo, el desprecio, el agravio son moneda común. Juguetean con el mercurio, porque ignoran sus letales consecuencias y se envenenan sin saberlo. Mientras la selva se los traga, y sus familias no sabrán nunca más de ellos.

    Este es un solo fragmento del doloroso balance de ese siniestro Arco Minero del Orinoco -deletéreo, caótico y corrupto- que debe ser eliminado. Esto último es más fácil decirlo, porque hacerlo significa romper sólidas complicidades criminales entre pranes, militares, sindicatos, miembros de la cúpula, guerrilla, narcotráfico, terroristas y otros beneficiarios. Es una tarea dura, difícil y compleja, porque se trata de enfrentar a un monstruo de mil cabezas. Por ello es necesaria la participación de la comunidad internacional con todos sus recursos.

    Agridulces

    Keiko Fujimori y Roberto Sánchez se disputan el triunfo cabeza a cabeza. Sánchez es la ficha del maoista Pedro Castillo, quien está preso. Esto demuestra que los pueblos sí se equivocan, y lo hacen en grande para mayor desgracia.

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