El pasado 12 de junio, los gobiernos de Estados Unidos y Venezuela confirmaron la muerte de Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias Niño Guerrero, máximo líder del Tren de Aragua, en un ataque ejecutado por el Comando Sur estadounidense con apoyo de fuerzas venezolanas en una zona minera del sur del estado Bolívar. El presidente Donald Trump describió la acción como un golpe “rápido y letal” contra quien consideraba el líder de una de las organizaciones criminales más violentas del continente.
Mientras diversos sectores celebran el hecho como el fin del Tren de Aragua, el doctor Rolnar Sanabria, exfiscal público de Venezuela y director del Latino Institute for Security Efficiency (LISE), advierte que esa lectura es prematura.
“La muerte de un líder simbólico no desmantela una economía criminal ya consolidada. Lo que vamos a ver es un efecto que en mi análisis denomino ‘efecto hidra’: la descentralización acelerada de la organización en facciones más pequeñas, erráticas y, en muchos casos, más violentas”, explica Sanabria, autor del libro Tren de Aragua: Anatomy of a Transnational Criminal Empire (2026).
El experto señala que este proceso de fragmentación no es nuevo ni hipotético. Analistas y reportes recientes ya documentan que, tras la intervención de la prisión de Tocorón en 2023, varias células del Tren de Aragua comenzaron a operar de forma autónoma e incluso se ha señalado a otros cabecillas, como Yohan Romero, alias Johan Petrica, como posibles centros de decisión estratégica paralelos a Guerrero.
“Esa autonomía operativa ya estaba en marcha. Lo que hace este vacío de poder es acelerar un proceso que la organización ya había iniciado por necesidad”, afirma Sanabria.
Según el director de LISE, la organización ha demostrado además una notable capacidad de adaptar su portafolio criminal según el entorno. En países como Colombia, Perú y Chile predomina la extorsión violenta, el secuestro y el microtráfico, mientras que en Estados Unidos las células han migrado hacia delitos financieros más sofisticados, incluyendo fraude de identidad y vaciado de cajeros automáticos mediante ATM jackpotting.
Sanabria fue cauto al evaluar el componente bilateral de la operación, un punto que ha generado debate entre analistas políticos venezolanos sobre el verdadero alcance de la cooperación entre ambos gobiernos.
“El intercambio de inteligencia entre Estados Unidos y Venezuela puede sustentarse en marcos como la Convención de Palermo, pero el grado real de coordinación operativa en este caso es algo que la opinión pública y los analistas seguimos evaluando con la información disponible hasta ahora”, señaló, evitando pronunciarse de forma categórica sobre un tema todavía en disputa.
Para el especialista, el verdadero desafío no es eliminar figuras individuales sino desmantelar las economías ilícitas que las sostienen, incluyendo el control que el Tren de Aragua ejerció durante años sobre actividades mineras en el sur de Bolívar.
“Mientras esas economías sigan intactas, siempre habrá alguien dispuesto a ocupar el vacío de poder. Venezuela necesita una renovación institucional profunda: independencia judicial, ministerios públicos autónomos, estándares forenses científicos y meritocracia real en sus instituciones de seguridad”, concluyó.










