La fe del pueblo guayanés se hizo presente de manera abrumadora en la celebración eucarística por los 127 años de la Consagración de Venezuela al Santísimo Sacramento y el 65 ° aniversario de la consolidación de Ciudad Guayana.
La Procatedral Nuestra Señora de Fátima, en el Centro Cívico de Puerto Ordaz, resultó insuficiente para albergar a los fieles que, con velas en mano y banderas tricolores, colmaron el templo -cuya capacidad es de 2.500 personas- y sus alrededores en una muestra de devoción que conmovió a propios y extraños.
La ceremonia fue presidida por monseñor Carlos Cabezas, obispo de la Diócesis de Ciudad Guayana, acompañado por monseñor Mariano Parra, y contó con la participación del clero diocesano.
Un llamado a la esperanza en medio de la tragedia
Durante la homilía, monseñor Cabezas hizo una reflexión profunda ante los “terribles acontecimientos” que han golpeado al país en días recientes. Tomando como base el relato evangélico, recordó que en el momento de la muerte de Jesús ocurrió un terremoto que sacudió la tierra, y que a los tres días sobrevino la resurrección: “Es una muestra de que lo que hoy entendemos como muerte se puede transformar en vida”, afirmó.
El obispo fue enfático al rechazar interpretaciones que vean en la tragedia un castigo divino: “Es mezquino y no comparto que esto se interprete como un castigo de Dios. No es tiempo de dejarnos dominar por la desesperanza”, expresó ante una feligresía que escuchaba en silencio y recogimiento.
Monseñor Cabezas destacó que la fe es precisamente lo que los mantenía reunidos en torno al Señor: “Me siento orgulloso de que estamos aquí, pero más me llena de orgullo la muestra de solidaridad tan grandiosa de nuestro pueblo para con nuestros hermanos necesitados”. En ese sentido, reveló que, a través de Cáritas y de cada parroquia, se logró enviar 130 toneladas de ayuda humanitaria a los hermanos afectados por los sismos.
“Vivimos nuestro luto, pero como dice Pablo, la esperanza no defrauda. Y el nombre de esa esperanza es Venezuela, la Venezuela que no pierde la fe en que vamos a salir de esto, con el favor de Dios”, concluyó.
Renovación de votos y una procesión de luz y fe
Uno de los momentos más emotivos de la jornada se vivió tras la comunión, cuando el obispo renovó los votos de la cofradía y los fieles, desde sus asientos, asumieron el compromiso con la oración de consagración al Santísimo Sacramento, levantando sus medallas y recibiendo la bendición.
Luego, se realizó la oración ante el Santísimo Sacramento. Haciendo uso de las velas traídas por la feligresía, se compartió la luz como símbolo de la esperanza, en un gesto que unió a todos los presentes en un mismo sentir. Acto seguido, se efectuó una pequeña procesión con el Santísimo Sacramento por el interior del templo, mientras los fieles alzaban sus banderas de Venezuela en un momento de profunda reflexión, silencio y fe.
La celebración culminó con la bendición hecha con el Santísimo, mientras se entonaba el canto “Venezuela”, cerrando así una jornada que reafirmó el espíritu de un pueblo que, como dijo el obispo, “no pierde la fe en que vamos a salir de esto, con el favor de Dios”.
Venezuela: la única nación consagrada al Santísimo Sacramento
La conmemoración adquiere una relevancia histórica singular, pues Venezuela es el único país en el mundo consagrado al Santísimo Sacramento del Altar. Este hecho ocurrió el 2 de julio de 1899, por iniciativa del entonces presbítero Juan Bautista Castro, quien más tarde sería arzobispo de Caracas.
La consagración se gestó en un contexto de graves dificultades para la Iglesia en Venezuela durante los gobiernos de Antonio Guzmán Blanco. Sacerdotes y religiosos eran perseguidos, encarcelados y expulsados del país. Fue en ese clima de persecución que el padre Castro motivó la devoción al Santísimo Sacramento como una manera de fortalecer la fe. Su propuesta fue acogida de manera unánime por los obispos venezolanos, y fue monseñor Críspulo Uzcátegui quien hizo lectura del Acto de Consagración.
Esta consagración impulsó el florecimiento de la Iglesia en Venezuela, dio pie al I Congreso Eucarístico Nacional en 1907 y motivó la expansión y el fortalecimiento de la fe, con la creación de nuevas diócesis, seminarios e instituciones educativas. Un legado que perdura hasta nuestros días y que este 2 de julio volvió a hacerse presente en la fe del pueblo guayanés.
Un aniversario que une fe, historia y solidaridad
La celebración de este 2 de julio no solo conmemora los 127 años de aquel hito fundacional de la fe venezolana, sino que también se enmarca en el 65° aniversario de la consolidación de Ciudad Guayana, una ciudad que, como destacó el obispo, fue incluida en las oraciones de los fieles.
La masiva asistencia -que superó ampliamente la capacidad del templo- y la emotiva participación de los feligreses, quienes llevaron sus velas y banderas como signos de esperanza y pertenencia, evidencian que la fe sigue siendo un pilar fundamental en la vida de los guayaneses y de todos los venezolanos.









