sábado, 20 junio 2026

El silencio ensordedor de los inocentes

Mientras el mundo celebra el supuesto fin de un grupo criminal, un pueblo entero calla por temor y abandono. Y los que conocemos ese territorio y entendemos la dinámica del drama real, vemos una “reorganización” del sistema que siempre operó bajo la mirada permisiva del Estado venezolano.
  • “Otro pote de humo” murmuran la mayoría de los habitantes de Las Claritas y Araimatepuy. Detonaciones de explosivos, escombros, humo negro y unas minas vacías. Y antes de entrar en contexto es necesario recordar que la parroquia San Isidro es territorio indígena. Detrás de los grandes titulares sobre la supuesta caída del líder criminal, el Niño Guerrero quedaron atrapados los pueblos indígenas Pemón, Arawaka, Akawaio y Kariña.

    11 días han pasado después de este suceso, y los indígenas y mineros artesanales siguen envueltos en un drama oculto. Un drama que tiene más de 20 años vigente, no obstante, reina un silencio ensordedor. Ellos son los verdaderos inocentes de esta historia, y su voz no se está escuchando. Pero esa no es la verdadera tragedia.

    Los pueblos indígenas Pemón, Arawaka, Akawaio y Kariña, no eligieron vivir junto a las bandas armadas. El Arco Minero del Orinoco terminó de transformar sus tierras ancestrales en zonas de guerra. Por años han tenido que convivir con el miedo bajo el control de los “sindicatos” y ahora bajo el “sistema”. Solo había dos opciones, coexistir o desplazarse. Ahora, tras la violenta incursión militar, sufren las consecuencias de una intervención que nunca los tomó en cuenta, no se les informó y consultó como tampoco se les informó ni consultó el Arco Minero.

    Las tres caras del silencio

    El silencio de las autoridades “competentes”: El Gobierno no da cifras claras sobre los heridos o civiles muertos en los bombardeos. Ni un representante del Ministerio del Poder Popular para los Pueblos Indígenas ha dicho algo.

    El silencio del hambre: Miles de familias indígenas y no indígenas perdieron su único sustento tras el desalojo forzoso de las minas. Y tal vez los pueblos indígenas buscarán la manera de sobrevivir en un territorio alterado en todos los sentidos. Pero, ¿cómo sobrevive la población flotante de mineros foráneos, quienes salieron caminando sin un centavo para su pasaje?

    El silencio del miedo o complicidad: Los líderes locales, indígenas y no indígenas temen hablar por represalias de los militares o de los grupos criminales que aún quedan. Por otra parte, la convivencia extensa y los vínculos familiares incitan a un silencio intencional que puede ser interpretado como complicidad.

    El olvido intencional de los derechos propios

    La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela reconoce a los pueblos indígenas y dice que las tierras indígenas deben ser respetadas. Sin embargo, nadie consultó a los pueblos Pemón, Arawaka, Akawaio y Kariña antes de iniciar los bombardeos. Tampoco se les consultó sobre el futuro de su territorio. Hoy los habitantes de Sifontes caminan entre el miedo al vandalismo y la incertidumbre de no saber qué pasará mañana.

    Una reflexión final

    Titular esta tragedia como “El silencio ensordedor de los inocentes” no es una casualidad. Es una denuncia necesaria. Mientras el mundo celebra el supuesto fin de un grupo criminal, un pueblo entero calla por temor y abandono. Y los que conocemos ese territorio y entendemos la dinámica del drama real, vemos una “reorganización” del sistema que siempre operó bajo la mirada permisiva del Estado venezolano.

    La justicia en el Arco Minero del Orinoco no llegará con más bombas, sino cuando se escuche y se respete la vida de quienes siempre han habitado esa tierra. Pero para que eso ocurra, cada uno de los actores involucrados en este drama debe asumir la responsabilidad que le corresponde en el conflicto, reconocer errores, abrazar la realidad y fijar posiciones firmes y objetivas.

    Mujer del pueblo indígena pemón

    ¡Más noticias!