







El sismo tuvo lugar a las 07:37 hora local del lunes (23:37 GMT del domingo) a unos 24 kilómetros al suroeste de la isla filipina de Burias, con su epicentro a una profundidad de unos 35 kilómetros.

Japón se asienta sobre el llamado Anillo de Fuego, una de las zonas sísmicas más activas del mundo, y sufre terremotos con relativa frecuencia.

El terremoto se notó en buena parte del territorio, desde el norte al centro y este del país, incluida Tokio, donde alcanzó el nivel 2 en la escala sísmica nacional.

Más de 170 mil personas se vieron afectadas, incluidas muchas que se han negado a regresar a sus casas porque estaban traumatizadas y temen posibles réplicas.

Buena parte de las víctimas se concentran en Bogo, en el norte de la región central de Cebú y una de las más cercanas del epicentro.

Filipinas se asienta sobre el llamado Anillo de Fuego del Pacífico, una zona de gran actividad sísmica y volcánica en la que cada año se registran unos 7 mil terremotos, la mayoría moderados.

La precariedad de las carreteras y un acceso casi inexistente a las comunicaciones en las zonas rurales dificultan la evaluación de daños y la coordinación de la ayuda.

Afganistán es uno de los países más vulnerables del mundo a los desastres naturales. La precariedad de sus infraestructuras, el frágil sistema sanitario y la falta de apoyo internacional agravan el impacto de catástrofes como la ocurrida anoche.

El terremoto se produjo a las 19:53 del domingo (16:53 GMT), con epicentro en Sindirgi, en la provincia de Balıkesir, a una profundidad de 11 kilómetros.

Dada la magnitud y ubicación del sismo, y a partir de observaciones sismológicas preliminares, es probable que haya implicado un deslizamiento de más de 10 metros en un área de aproximadamente 150 por 400 kilómetros.