







Frente al dolor del terremoto de junio de 2026, la solidaridad guayanesa cruzó el país para salvar vidas, entre el colapso de las estructuras y el llanto de las familias, el rescatista William Hernández relata la crudeza del terreno, la urgencia de blindar el corazón ante la tragedia y el milagro cotidiano de llevar alivio donde solo quedaban ruinas.