Mientras asume la cuenta atrás para el final de su carrera y cabila sobre sí este del 2026 será su última presencia en el All England Club, Novak Djokovic recuerda tal día como este, un 3 de julio, que quince años atrás la placa con su nombre formó parte de la relación de vencedores de Wimbledon, un honor al alcance de pocos.
Quince años después, en plena vigencia, el serbio, que entonces contaba con veinticuatro años, iniciaba un idilio impensable con el tercer grand slam de cada curso, el que se disputa en hierba, el de las tradiciones, el más especial.
Irrumpía recientemente el balcánico de 39 años, el único superviviente del legendario big Three, en la pista central del All England Club ataviado con una americana blanca, llamativa, elegante, creada por la marca que le viste. Un toque de distinción para un jugador que tiempo después de aquella vez acumula siete éxitos sobre la hierba de Londres.
Ahora, el tenista de Belgrado que se ha ganado el reconocimiento buscado a base de victorias, aspira a que su talento le dé algo más y se convierta en el jugador con más trofeos levantados en Wimbledon. Está a uno de Roger Federer, que dejó su carrera con ocho títulos aquí y un total de veinte grand slam.
Atrás quedaron aquellos comienzos. Djokovic tiene siete. Igual que el estadounidense Pete Sampras. Llegar a lo que consiguió Federer es uno de los retos del balcánico, el jugador que más grandes ha conseguido en la historia, veinticuatro. Apura sus últimas horas como profesional de primer nivel y confía que le alcance para obtener un nuevo ‘major’ y situarse como el único con veinticinco; más, incluso, que la legendaria Margaret Court, con la que mantiene la igualdad con uno menos.
Nada hacía pensar al joven Nole aquel 3 de julio del 2011 que iba a llegar hasta aquí. A acariciar la cuarentena y alargar su vigencia en primera línea, candidato a ganar. Con 101 títulos como profesional y asentado entre los primeros del mundo todavía, Djokovic partía entonces como número dos del mundo y dio un giro a la historia al ganar a Rafael Nadal, entonces número uno del circuito y vigente campeón, en esa final del All England Club.
Fue el tercer grande para Djokovic, que se impuso por 6-4, 6-1, 1-6 y 6-3 al español. El serbio ya se había asegurado asaltar la cima del ránking ATP pasara lo que pasara. Pero selló con ese éxito que era el mejor del circuito.
Se erigió en el primer jugador serbio en ganar en Wimbledon y acabar, además, con el absolutismo impuesto en la hierba de Londres entre Federer y Nadal. El suizo acabó su andadura con ocho coronas. Nadal con dos. Entre el español y el helvético habían monopolizado el número uno del mundo durante más de siete años.
Arrancó entonces el dominio de Novak Djokovic. Un salto cualitativo espectacular. Fue su tercer grand slam, después de los Abiertos de Australia del 2008 y de ese 2011 y empezó a someter en los cara a cara a Nadal, al que ganó, entonces su cuarta final consecutiva y sumó su sexto partido vencido en torneos de grand slam.
Fue el curso más fructífero para Nole, que acabó con diez trofeos en sus manos, incluidos tres grandes. A Wimbledon y Australia unió, al final del año, el Abierto de Estados Unidos. Solo se le resistió Roland Garros, coto cerrado de Nadal.
Ese 3 de julio de 2011 empezó la carrera de Djokovic en la hierba londinense. Después llegaron las coronas del 2014, 2015, 2018, 2019, 2021 y 2022.
El 2023 fue su último gran año. Ganó todos los grandes excepto, precisamente, Wimbledon, que se lo arrebató Carlos Alcaraz. Pero le dio para conquistar el Abierto de Estados Unidos, de Australia y Roland Garros. Djokovic, ídolo en Londres, atraviesa rondas consciente de que cada vez es más difícil la lucha contra el tiempo y contra una nueva generación, implacable. De nivel. Jugó la final en Melbourne y tras el traspiés de París apunta a la final del 12 de julio, en el All England Club. Para recuperar el dominio y agrandar su leyenda. Apuntalar su registro en solitario de trofeos de grand slam y compartir con Federer el absolutismo histórico en Wimbledon.






