miércoles, 21 febrero 2024
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“Toda una vida de sacrificios para recibir una pensión de $8 que no alcanza ni para la cena de fin de año”

En octubre la pensión más el aguinaldo equivalían a 30 dólares, en noviembre quedó en 23 y ya para el mes de diciembre los pensionados recibieron solo lo equivalente a 8 dólares.

En la radio antigua suena bajito una gaita del grupo Maracaibo 15, el artefacto apenas transmite la melodía con algunas interrupciones de señal. Gladys*, de 75 años de edad, estaba sentada en una de las sillas de su comedor. Es pensionada y no trabaja.

En su nevera solo tiene un frasco de dos litros lleno de agua, medio cartón de huevos, un cuarto de queso duro, media harina pan y un muslo de pollo.

Gladys sufre de la tensión y de la tiroides, y necesita comprar su medicación de manera regular para controlar sus afecciones. Pero apenas le alcanza para alimentarse. Además debe pagar los servicios del apartamento tipo estudio en el que vive sola, en la avenida México, en el centro de la ciudad.

El pasado 20 de diciembre los pensionados solo recibieron 130 bolívares que equivale a 8 dólares (según la tasa del 27 de diciembre de 2022). Gladys, así como otros pensionados, pensaron que recibirían un tercer mes de aguinaldo, es decir, 130 bolívares más.

El aguinaldo se comenzó a hacer efectivo en octubre, en ese momento los pensionados recibieron 260 bolívares en total.

Gladys recibió 260 bolívares en octubre y 260 bolívares más en noviembre. La diferencia la marcó la depreciación, en octubre su pensión más el aguinaldo eran equivalentes a 30 dólares y con eso pudo costear parte de su medicación, un kilo de queso y un cartón de huevos.

En noviembre la pensión más el aguinaldo eran 23 dólares, esa vez Gladys solo pudo comprar sus medicamentos. En diciembre esperaba un tercer mes de aguinaldo que no recibió, solo percibió 8 dólares con lo que solo pudo pagar el servicio de luz de su apartamento.

Tres harinas nada más

Emilio, de 76 años de edad, y Martina, de 75 años de edad, son esposos y tienen toda una vida juntos. Ambos son pensionados y trabajan como comerciantes informales en la avenida Universidad del centro de Caracas. Venden cigarros detallados y alquilan teléfonos.

Las ventas en esta última semana del año han sido muy flojas, con suerte se llevan 5 dólares diarios. Sin embargo, es más de lo que perciben con la pensión, es por eso trabajan.

Ambos viven en una casita propia en Catia, parroquia Sucre, con sus cuatro hijos. El menor de ellos ya pasa los 30 años de edad y aunque todos tienen su propia familia no se han podido ir de casa de sus padres por los altos costos de los alquileres en la ciudad.

Los esposos no pueden costear ni sus medicinas con la pensión, ambos sufren de la tensión y Martina tiene una afección importante en el corazón, que requiere un tratamiento especial que apenas y pueden completar.

Los servicios de agua y luz los paga el hijo mayor de la pareja, ese es su aporte para la casa. Pero la alimentación de Emilio y Martina deben costearla ellos, es por eso que en la última semana del 2022 aún no se han comido su primer pan de jamón.

El 24 de diciembre su cena fueron unas hallacas hechas de masa y pollo. Para el 31 de diciembre planean comprar un pollo para ambos y tener su cena de fin de año.

“Lo que da tristeza es que después de trabajar tanto apenas podemos comer”, dijo Martina.

Vivo por la gracia de Dios

Yulaida*, de 60 años de edad, vive en la casa que fue de sus padres en El Paraíso. Ahora se le cae a pedazos porque no puede arreglarla. No tuvo hijos, le dedicó 42 años al trabajo y 20 a un negocio propio, una cantina en un centro deportivo.

Con la llegada de la pandemia de COVID-19 le pidieron desalojar el local donde trabajaba y perdió todo. Ahora no tiene trabajo y está enferma por las secuelas que le dejó el nuevo coronavirus.

Yulaida sufre de la presión arterial, las piernas se le hinchan y toma pastillas para el corazón, que cuestan la totalidad que recibe por la pensión.

Ya a sus 60 años de edad y con sus enfermedades nadie quiere contratarla. Su petición para el Niño Jesús este año fue que mejore su salud y poder conseguir un empleo, “yo lo que quiero como venezolana es una pensión digna y conseguir un trabajo para ayudarme”.

Un año que se va, sin dinero y sin alimentos en las neveras de los pensionados. Comprar una sola hallaca cuesta entre 3 y 4 dólares, mientras que un pan de jamón pasa los 10 y hacer la ensalada de gallina para tres personas puede llegar a costar más de 10 dólares.

(*) Se modificaron los nombres por medidas de protección a la fuente