viernes, 1 marzo 2024
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Han pasado 8 años, pero no ha pasado nada porque no se ha hecho justicia

Kluivert Roa fue asesinado en el 2015 durante unas protestas antigubernamentales en el estado Táchira. Para Erick Roa y la familia de Kluivert la ley divina se encargará de hacer justicia.

La mañana del 24 de febrero del 2015 toda Venezuela conoció el verdadero rostro de la represión, esa misma que no solo era capaz de lanzar bombas lacrimógenas y perdigones a estudiantes indefensos que exigían un cambio político, sino también de asesinar a sangre fría sin distinguir género o edad.

Eran las 10:00 de la mañana cuando el adolescente de 14 años Kluivert Roa salía del Liceo Agustín Codazzi, ubicado a pocos metros de la Universidad Católica del Táchira (UCAT). Allí se consiguió con una multitud de gente que corría de un lado a otro para resguardarse de la represión de los cuerpos de seguridad.

Al son de detonaciones y el picoso humo que desprenden las bombas lacrimógenas Kluivert, nervioso y asustado por lo que ocurría en la calle entre la carrera 15 con calle 12 y 13 del barrio Obrero de San Cristóbal, decidió atravesar el tumulto para llegar a su casa.

Según cuenta Erick Roa, padre de Kluivert, el joven salió del liceo se consiguió con la protesta y se quedó en una esquina observando lo que pasaba. Cuando vio que todos echaron a correr él también lo hizo junto a otros estudiantes.

Luego de haber corrido varios metros, Kluivert pudo entrar a una casa para resguardarse del ataque policial, pero vio que afuera había quedado una muchacha que estaba herida por perdigones y decidió salir para prestarle primeros auxilios. El adolescente formaba parte de los scouts del estado Táchira.

El joven logró levantar a la muchacha y corrieron nuevamente hacia la casa donde se había resguardado al principio, pero esta vez no logró entrar y siguió corriendo. Fue cuando cuatro policías a bordo de dos motos lo acorralaron; uno de ellos le disparó en la cabeza y le provocó la muerte instantánea.

Tres días antes del asesinato de Kluivert Roa, Nicolás Maduro y Vladimir Padrino López aprobaron la resolución 0086-10 la cual establecía en el artículo 22, numeral 7, que ante una situación de “riesgo mortal”, el funcionario “aplicará el método del uso de la fuerza potencialmente mortal”.

El padre de Kluivert detalló que cuando los policías se percataron que lo habían asesinado querían llevárselo para desaparecer las evidencias, pero la multitud se lo impidió.

“Cuando llegaron los primeros auxilios ya no había nada que hacer. A mi hijo le dispararon a quemarropa, a menos de un metro de distancia, le volaron la masa encefálica con perdigones de plomo. Esa fue la causa de su muerte”, agregó Erick Roa.

No se ha hecho justicia

“Se me salió un disparo y sucedió lo que sucedió”, dijo el funcionario de la PNB Javier Mora Ortiz en la audiencia de presentación. Ya en la audiencia preliminar no se defendió sino que admitió los hechos, debido a que las pruebas en su contra eran contundentes.

Los fiscales 79° nacional y 16° del Táchira ratificaron la acusación contra el funcionario por incurrir en los delitos de homicidio intencional calificado por motivos fútiles e innobles, uso indebido de arma orgánica y quebrantamientos de pactos y convenios internacionales suscritos por la República, por lo que fue condenado a 18 años y siete meses de prisión.

El padre de Kluivert relató que antes de la llegada de la pandemia el caso estaba muy activo, pues estaba enfocado en reactivar las visitas a la Fiscalía y tribunales para introducir de nuevo las querellas en contra de los otros 11 policías implicados en el caso, pero no se logró nada.

Erick Roa señaló que “aparentemente” por el asesinato de su hijo había un hombre preso.

“Digo aparentemente porque ellos se cobran y se dan el vuelto. Hace año y medio atrás yo estaba informado por un abogado, que es familia del director de la cárcel de Coro y era quien me decía si seguía preso o no, pero por ahí me dijeron que estaba en libertad, que lo habían soltado pese a tener una condena de 18 años. El runrún que hay es que está en total libertad”, dijo.

Para Roa, en estos ocho años que han pasado luego del asesinato de Kluivert, no ha pasado nada porque no se ha hecho justicia.

8 años sin Kluivert

Erick Roa recuerda con un nudo en la garganta que Kluivert era un niño al que le gustaba mucho jugar fútbol, compartir con su hermano y sus amigos.

Afirma que cada año va al sitio donde lo mataron y participa en las actividades que hacen los estudiantes de la Universidad del Táchira.

“Realmente para nosotros ha sido muy, pero muy fuerte y para la mamá de Kluivert más, porque él vivía con ella”, afirmó.

El padre de Kluivert detalló que tiene un poder firmado por la mamá del adolescente para encargarse de todo lo relacionado con el caso. “Esa mujer no tiene vida, sufre de los nervios y vive en un mar de lágrimas. Si yo que soy el padre me pongo en sus pantalones y es muy duro, para ella como madre debe ser peor, es un dolor muy profundo”.

Para Erick Roa y la familia de Kluivert la ley divina se encargará de hacer justicia.

“Yo tengo fe de que por el caso de mi hijo se va a hacer justicia. En algún momento los que tienen que pagar pagarán y si no pagan con cárcel pagarán con cualquier cosa, pero la ley divina se va a encargar de eso”, finalizó.