sábado, 28 de mayo de 2022

Fallas de infraestructura y ausencia de docentes obliga a los planteles a limitar sus horarios

A pesar del llamado de Maduro, el pasado 25 de marzo, a la normalización de la asistencia a clases presenciales, son pocas las instituciones que pueden operar los cinco días de la semana.

A pesar del llamado de Maduro, el pasado 25 de marzo, a la normalización de la asistencia a clases presenciales, son pocas las instituciones que pueden operar los cinco días de la semana.

Érika Peña aún recuerda sus inicios como docente en el preescolar Maripérez. Las instalaciones eran impecables y funcionaban todos los servicios, incluso el comedor. “Era de lo más bonito”, recuerda. Fue la segunda casa que eligió para su hijo en sus primeros años de infancia. Pero hoy en día, la carencia en el servicio de agua impide que en la institución se puedan dar clases siquiera tres días a la semana en horario completo.

Las tuberías están inactivas desde hace más de siete años, pues se dañó el pulmón que bombeaba el agua. Reciben una cisterna una vez al mes y la comparten con el plantel vecino, de educación especial.

El pasado 25 de marzo el mandatario Nicolás Maduro ordenó la normalización de la asistencia a clases presenciales en toda Venezuela. El 25 de octubre de 2021 Maduro ordenó el regreso paulatino a las aulas, tras una suspensión de 19 meses a causa de la pandemia de COVID-19.

Sin embargo, a un mes del anuncio son pocas las escuelas públicas en Distrito Capital que abren sus puertas los cinco días hábiles. En su mayoría, los planteles han limitado el horario hasta mediodía.

Las dos principales causas de la baja en la actividad de clases son la falta de acondicionamiento de la infraestructura y la ausencia de los docentes. Por estos motivos, entre otros más, muchos representantes deciden no enviar a sus hijos a la escuela.

“De 20 alumnos van cinco y cuando mucho 10”, dijo Peña con respecto a sus pequeños estudiantes.

Instalaciones sin agua

El caso del Centro de Educación Nacional Inicial (CENI) Maripérez, aunque es crítico, no es aislado. Esta advertencia la hicieron representantes de la educación cuando conocieron el anuncio presidencial.

Durante un recorrido que hizo Crónica.Uno por cuatro escuelas en Caricuao, municipio Libertador, se constató que ninguna contaba con servicio de agua todos los días.  En dos de estas no funcionaban los lavamanos.

En el Liceo Rafael Seijas un piso entero, conformado por 14 salones, está inhabilitado por filtraciones de agua. Esto impide al instituto acoger a todos los estudiantes al mismo tiempo, por lo cual cada sección asiste dos veces durante la semana.

“La alcaldía está impermeabilizando todos los edificios y ni siquiera nos visitan”, comentó el personal administrativo.

El Sindicato Venezolano de Maestros (Sinvema) ha visitado escuelas en la capital desde el llamado a clases presenciales y asegura que 90% de todos los planteles de Caracas no contaba con la infraestructura necesaria para retornar a clases.

Personal a la fuga 

La nómina del Ministerio de Educación ha disminuido conforme se ha prolongado la emergencia humanitaria compleja. El bajo salario obliga a los profesionales de educación a adoptar otras labores, cambiar de disciplina e incluso migrar del país. En marzo, el docente en el escalafón más bajo ganó como sueldo 160 bolívares quincenales (equivalente a 36 dólares al cambio oficial).

Entre 2018 y finales de 2020 la Unidad Democrática del Sector Educativo (UDSE) señaló que la deserción docente en Venezuela superó 50%. De acuerdo con los maestros que fueron encuestados por el Observatorio de Educación de FundaRedes en 2021, 55% respondió que están trabajando en otros rubros para lograr mayor estabilidad financiera.

Según Edgar Machado, presidente de Sinvema, muchos docentes ejercen una profesión que tenían antes de la docencia. Mientras que otros se dedican a la elaboración de alimentos o cuidado de niños. Al menos 25% de los maestros de educación pública dan clases particulares.

Hace 10 años el salario de Erika Peña no era muy holgado. Sin embargo, era le alcanzaba para irse todas las vacaciones a Margarita y mantener una dieta saludable. Hoy la docente, que cuenta con una maestría en Pedagogía Social, gana al mes 359,20 bolívares. Con ese monto no puede adquirir ni una cuarta parte de la canasta básica. Ella también es un ejemplo del gremio que tuvo que “reinventarse”.

A raíz del reinicio de clases presenciales tuvo que abandonar el trabajo de oficina, pero todavía atiende tareas dirigidas en su hogar y vende cosméticos.

La suma del cansancio que le produce hacer tantas actividades para sostener su hogar de tres integrantes y la falta de salubridad por la escasez de agua en la escuela, la han hecho “renuente” a asistir como es debido. Entre tanto, no cesan las persecuciones y los llamados de atención por parte de los supervisores distritales adscritos al ministerio.

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