martes, 23 abril 2024
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Fabiola Medina: Una mujer al volante que logró vencer el sexismo laboral

En una cultura donde los roles de trabajo suelen definirse en función del sexo, Fabiola Medina demuestra que cuando las mujeres toman el control y se organizan, dejan en evidencia que el género no tiene que ver con enfrentar los desafíos que implican cumplir con trabajos o prestar servicios.

Encomendándose a Dios, con paso firme y con una gran sonrisa mientras no suelta el volante de su microbús, así inicia sus mañanas Fabiola Medina. Transportista, dirigente sindical, presidenta de línea de transporte y, antes que todo, una mujer que desde muy joven decidió incursionar en el gremio del transporte público.

A sus 52 años disfruta su labor de chofer como quien ya se curó en salud, como dicen en Oriente, de algún mal. Sus más de 20 años siendo presidenta de la línea de transporte Orinoco Caroní (Orincar) la respaldan y, aún más, su trayectoria frente a la Federación Bolivariana de Transporte. Sin embargo, Fabiola evoca sus primeros años como trabajadora del volante como una época difícil en la que sus pares masculinos “le echaban los carros encima” solo por ser mujer.

“¿Quién es el chofer?”, recuerda que le preguntó una autoridad cuando, tras varias gestiones oficiales, le entregaron su primer autobús. Al revelar que era ella quien beneficiaría al municipio Caroní con sus servicios, asegura que los gestores no cabían del asombro: “Me miraban como una marciana. Cómo era posible una mujer manejando un autobús”, declara entre risas.

– ¿Cómo empezaste a dedicarte al transporte público?

– Yo llegué hasta tercer año de bachillerato. De ahí empecé a trabajar y cuando el bolsillo prueba plata… Mis raíces son colombianas, pero a los 9 años vinimos de Bogotá. Desde los 9 años estoy aquí. De allí empecé a trabajar haciendo oficios domésticos: planchar, limpiar casas. Luego del despido, la familia decayó económicamente un poco. Mi madre no fue muy chispa y me incliné más al trabajo. El gran error que puede cometer un padre es dejar que sus hijos trabajen, antes de culminar su formación. En un trabajo propio, tú eres tu jefe y dueño de tu horario. Es más rentable que estudiar años en una universidad. Adquieres un título y dependiendo de tu carrera tienes que ver en qué trabajar. Mi esposo tenía una camioneta y acá en Caroní había déficit de transporte y le dije: yo me voy para la ruta. Empezaron a trabajar las camionetas o las populares perreras. Yo fui una que le montó la casilla a la camioneta y empecé a trabajar la ruta Core 8.

Para Fabiola, el trabajo siempre fue más llamativo que cursar estudios. Su tono de voz es el de una mujer fuerte. Tan aplomada como su paso, asegura que jamás sintió miedo del trabajo, por el contrario, se atrevió siendo muy joven a convertirse en transportista. Labor que, en sus recuerdos, durante otros gobiernos dejaba buenas ganancias.

– ¿Cómo fueron esos primeros años de labores, entrando en el mundo de los camioneteros?

– El ego masculino es algo terrible. Y dicen: “Ay, una tipa manejando”. De hecho, no fue fácil hacerme respetar. Me tiraban los carros encima por ser mujer. Nosotras en el ámbito de manejo somos muy rechazadas. Pero cuando logras superar eso, te conocen… Después cuando tuve un tiempo con la camioneta, empecé a estar frente a una línea de transporte. Por parte de mi organización, cuando empecé, la receptividad fue buena. El trabajar en la zona de Puerto Ordaz es una dinámica mucho más tranquila y respetuosa. La dinámica para San Félix es fuerte. Tanto la colectividad como los transportistas. La dinámica es diferente, quizás un poco de falta de cultura hasta para la parte de los taxis. El que trabaja para Puerto Ordaz muy difícil te lo consigues para la zona de San Félix. Puerto Ordaz es mucho más tranquilo.

Orincar, el principio de dos décadas al volante

Tras dos décadas al frente, uno de los mayores amores de Fabiola es la Asociación Civil Orinoco Caroní (Orincar), que inicialmente fue una cooperativa. Llegó a la presidencia de esta línea en la que trabajó por años gracias a su temple y disciplina. Se reconoce a sí misma como una apasionada por el gremio, por mantener las unidades en buen estado y, ante todo, por lo que origina el oficio del transportista: satisfacer las necesidades de la comunidad y servir a la gente.

Para Medina, el transportista no solo lleva pasajeros a su destino, también es dar los buenos días, el don de servicio, el cuidado de la unidad, el exonerar a algún ciudadano del pasaje porque no puede pagar. Estos valores son la base de su liderazgo en Orincar, línea conformada por 35 transportistas en la cual 33 son hombres.

– ¿Tienes mujeres choferes en tu línea de transporte?

La mayoría de los afiliados son hombres. Las mujeres somos pocas. Mujeres que están trabajando hay solo dos que vienen conmigo desde que somos cooperativa. Los hombres son mayoría y nos vemos pocas, pero sí hay mujeres transportistas. Hay colectoras y mujeres choferes.

¿Cómo es para ti estar en esta posición de poder, además liderando a muchos hombres?

Hay compañeros que no les gusta verse igualados con mujeres, compañeros déspotas. Compañeros que no piensan dos veces en insultarte. Estamos en un medio mal hablado. No a todos se les puede brindar esa confianza. Imagínate. No todas manejamos, la mayoría son colectoras. Agarrar de chofer les da un poquito de miedo.

– ¿Cómo haces para procurar la organización en la línea?

– Esto es de saber tratar. No debe ser porque yo soy Fabiola y ya. Cuenta el respeto y saber conversar. En Orincar se ha hecho más suave la situación. Es más suave tratar con dueños de carro que con choferes. Hay choferes que he tenido que despedir por la forma en la que quieren discutir conmigo. Si se llega a un caso extremo, lamentablemente, se va de la organización. Se me ha hecho un poco más fácil porque no acepto a todo aquel que viene pidiendo cupo. Pregunto de dónde viene el carro, quién es, a quién voy a inscribir. Doy un período de prueba de tres meses para ver si se adapta a nuestras reglas. Si no, chao. Y así lo hacen las otras presidentas de línea.

– Al comparar tu organización con otras dirigidas por hombres, ¿crees que las mujeres tienen mayor capacidad de organización?

Yo creo que sí. Líneas antiquísimas como Vista el Sol, Sol Guayanés, Uyapar… Son dirigidas por hombres, pero siempre va la parte femenina. Tienen secretaria, asistente, siempre mano femenina.

Tiempos de retaliación política: salida del sindicalismo

Según los recuerdos de Fabiola, la relación entre la municipalidad y los transportistas ha tenido buenos y malos momentos. Desde su perspectiva, la gestión de Francisco Rangel Gómez fue generosa con el gremio, la de Justo Noguera, prácticamente nula; y la de Ángel Marcano ha incrementado la retaliación política.

Su salida de la Federación Bolivariana de Transporte se debió, precisamente, a la autocensura y a su negativa por asentir a las órdenes de los que denomina “politiqueros”. Fue entonces cuando decidió retirarse ante lo que califica como tiempos de gran retaliación política.

– Entre comunidad, Estado y choferes siempre hay una diatriba: ¿el transporte deja buenas ganancias?

– El transporte no es que no dé. El transporte da si lo maneja el dueño del carro. Si yo manejo mi carro, le veo la plata a mi carro. Ahorita no se le ve una ganancia como se le debería de ver porque tenemos un pasaje desfasado, todos los repuestos son en dólares. Con esta economía inestable, aunque de un tiempo para acá ha habido estabilidad, pero cuando el dólar se volvió loco… Tienes que ser buena administradora. Si tú haces 100 bolívares en el carro, no te puedes comer los 100, tienes que guardarle plata. A veces toca pedir plata prestada. Mientras el carro está funcionando, todo bien. Me pasó que de la noche a la mañana, pum, se dañó el motor. ¿De dónde saco 3 mil dólares para arreglar el motor? Tenemos que acudir a los prestamistas.

– Actualmente hay muchos reclamos por parte del gremio con respecto al precio del pasaje, la exoneración. ¿Qué nos puedes decir sobre eso?

Cuando iniciamos con la camioneta teníamos un subsidio, un medio subsidio con el ticket estudiantil. El gobierno le vendía el ticket al estudiante, ellos nos pagaban con los tickets, nosotros mensualmente llevábamos los tickets ante Fontur y nos recibían lo que la ruta le botara en ticket. Había esa facilidad, el muchacho iba con su constancia de colegio estudiantil, comprabas tu ticket… Ahí tenías como un ahorro, cuando te pagaban los tickets salías a comprar cauchos. El señor Colina, ministro de Transporte, eliminó el ticket estudiantil. Se les quita la exoneración a los estudiantes. Ahorita hay una exoneración al estudiante, al adulto mayor… eso sale a costillas del transportista. En estos días hablaba con el presidente del Instituto Municipal de Tránsito, Transporte y Vialidad, José Rosario González, y le decía que nos diera un poquito de crédito a los transportistas.

– ¿Cómo ha sido el proceso para obtener tus unidades de transporte?

– Mi primer autobús lo recibí en la gestión de Clemente Scotto. Eso fue el 16 de noviembre de 2005. Nos hacen una reunión en el auditorio a las 6 líneas de transporte público de camionetas. Las mal llamadas perreras, entre ellas, Orincar. Ellos hicieron unos acuerdos para cambiar las camionetas por unos créditos. No dieron 5 créditos a cada organización. Los carros salieron a nombre de las organizaciones y entregaron también seguros por cinco años a las unidades. Yo a Francisco Rangel Gómez le puse el gobernador del transporte. La verdad se dice. Donde estuviera ese hombre y tú lo pudieras agarrar, te prestaba la atención. Te daba respuesta y si querías hablar con el hombre, te escuchaba y te hablaba.

– ¿Y el segundo autobús?

– Orincar fue beneficiada con cinco autobuses para cinco socios de los Iveco. Todavía tres de esos carros están activos. Nosotros empezamos un proyecto con la Federación Bolivariana de Transporte para lograr tener a la mayoría de las organizaciones en el municipio. Mientras Julio Almeida estuvo a cargo de Transbolívar fue excelente, todo estaba bien organizado. Se hizo un buen trabajo desde el sector público y privado. En aquel tiempo funcionaba la procuraduría, en tiempos pasados nos asistieron. Cuando vinieron las primeras ventas alcanzaba para 70%, pero después eso se vino reduciendo, era como que me daban cuatro cauchos para mi organización y teníamos que irnos a una bolsita con papelitos para ver quién se los ganaba. Todo ha ido decayendo. Después llegó Justo Noguera, ahí sí es verdad que no hubo nada para nadie. Políticamente este autobús pagó un año de viajes gratis para el gobierno, que si para Caracas, Puerto La Cruz… un año haciendo viajes gratis. Los Iveco también trabajaron toda la Copa América gratis. El costo político se paga.

– ¿Cómo te sientes actualmente con las gestiones? ¿Cuál es la situación actual y, más aún, siendo mujer que lidera esta organización?

– Muchas veces hemos tenido que callarnos. Porque es fuerte la retaliación política. Nos hemos apagado. Ves una cantidad de hombres alrededor de nosotras y salir a pelear y a hablar, a veces cuesta más. También es complicado dar declaraciones en este contexto, por el tema combustible. ¿Quién maneja el combustible? La Alcaldía. Entonces no les va a temblar el pulso para decir sáquenme del listado a Fabiola. Si no me sacan, hasta dicen que saquen toda la organización. No es que no tengamos ganas de decir muchas cosas, pero toca sacar la banderita blanca. Vinieron estas palabras a mí: no nos hemos metido contigo, no te metas con nosotros. Es un tremendo reto.

Esta entrevista fue hecha como parte de las Mentorías Editoriales

del Semillero Violeta de la redperiodistas_ve