viernes, 1 de julio de 2022

Tequeños para todo el mundo, por Miro Popić

El historiador defiende la identidad de este tradicional pasapalo venezolano. En México se encontró un paquete que “en ninguna parte decía que se trataba de tequeños ni que era un producto de origen venezolano. Y eso es grave”.

El historiador defiende la identidad de este tradicional pasapalo venezolano. En México se encontró un paquete que “en ninguna parte decía que se trataba de tequeños ni que era un producto de origen venezolano. Y eso es grave”.

El tequeño ha estado en boca de todos últimamente, al menos en redes sociales. Para bien y para mal. Para entender y para ofender. De los insultos no nos ocupamos, de las ideas sí. Todo comenzó con una imagen que subí en IG de un producto que encontré en un automercado mexicano: tequeños congelados, cosa que me alegró muchísimo por todo lo que representa como contribución a la gastronomía mundial. Lo que me extrañó es que en ninguna parte decía que se trataba de tequeños ni que era un producto de origen venezolano. Y eso es grave.

¿Vale la pena ocuparse de esto? ¡Sí! Hablamos del nombre, de la palabra que designa los seres y las cosas, de la identidad de un producto, de su valor representativo para una sociedad y del anclaje cultural en la memoria colectiva de un pueblo necesitado de casi todo.

La escritora Lena Yau escribiendo sobre el tema, recordó un texto de Gabriel García Márquez en Cien años de soledad. En el pueblo de Macondo, cuando empezaban a borrarse de la memoria los recuerdos de la infancia, el nombre y la noción de las cosas, la identidad de las personas y aun la conciencia del propio ser, comenzaron a marcar cada cosa con su nombre, incluso la utilidad de las cosas nombradas, para así luchar contra el olvido y tratar de evitar convertirse en un pueblo sin pasado: “Así continuaron viviendo, en una realidad escurridiza, momentáneamente capturada por los palabras, pero que había de fugarse sin remedio cuando olvidaran los valores de la letra escrita”.

Dice Lena Yau: “Respetar el nombre de un plato, una preparación, es el primer paso que deben observar todos aquellos que trabajan con sabores de la tierra. Cada emprendedor, cocinero, empresario gastronómico, instagrammer, comunicador, es responsable de un saber colectivo, de un bagaje cultural. Nombrar es preservar, difundir, respetar, querer. Cuando pasan por encima de los nombres originales y de las preparaciones originales y sustituyen por una marca a una receta apócrifa, están desvirtuando nuestra cocina. Toca defender nuestros sabores y todo lo que esos sabores significan. Es un largo camino por recorrer, pero los que nos dedicamos a trabajar con y por la palabra, no vamos a dejar de protegerla”.

Mercadona es un gigante comercial con más de 1.700 puntos de venta y lograr presencia en sus anaqueles es señal de aceptación y prestigio para cualquier producto. Más todavía si ese producto está amparado por la marca líder de la cadena: Hacendado. La producción es responsabilidad de industrias Polar España a través de su asociado Antojos Araguaney, emprendimiento familiar exitoso que comenzó hace más de 10 años elaborando quesos venezolanos en su propia casa. No tienen pena en llamarlos por su nombre: Tequeños. Lo mejor es que el primer día se agotaron, desaparecieron de los anaqueles porque se los llevaron todos.

¿Denominación de origen para los tequeños? Es evidente que un sistema de protección del tequeño venezolano es absolutamente necesario y urgente. He hablado de una denominación de origen controlada o de una indicación geográfica protegida, pero no me parece apropiado. ¿Por qué? Porque la idea es que en todo el mundo se produzcan y consuman tequeños, no de limitarlos a un área específica de nuestro país y exportarlos. Pienso que funcionaría mejor un reconocimiento de la Unesco como elemento cultural ya que reúne las condiciones para ello, donde un producto primero se usa, luego es famoso y reconocido por los que lo consumen y merece ser protegido. Su valor surge del sentimiento y orgullo que despierta en la sociedad y lo que representa cultural e históricamente, por la identidad que aporta a todo un pueblo. En todo caso, es un tema a debatir y estas son solo ideas preliminares para abrir el debate y dejar que cien tequeños florezcan para que afloren las ideas y el mundo sepa a qué sabe lo que comemos.

¡Tequeños para todo el mundo, yo invito!

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