domingo, 25 febrero 2024
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Proto López: “El talento es bueno, pero con estudio es mejor”

El cuatrista guayanés evoca sus inicios en el instrumento como los tropiezos de un zurdo al que “le quedó” el cuatro entre doce hermanos; asimismo invita a todos los apasionados por la música a prepararse, estudiar y aprovechar las oportunidades que aún quedan en la ciudad.

A sus cuatro años Proto López ya gateaba al son del Pajarillo Pajarillo, canturreaba los versos de Antonio Lauro que aprendió de oído por las interpretaciones de su padre y estaba plenamente familiarizado con las sonatas tradicionales que, posiblemente, copió de uno de sus doce hermanos. Todos músicos.

Oriundo de la población de Güiria, estado Sucre, López fue el único hijo zurdo de un violinista y una cantante. Por esta zurdera, ningún pariente pudo enseñarle cómo tocar los más de seis instrumentos que sonaban en su hogar; sin embargo, ni siquiera las afinaciones y los arreglos pensados para un diestro impidieron que el pequeño agarrara el cuatro para no soltarlo nunca más.

El cuatro que, para él, es la venezolaneidad condensada en instrumento, el tricolor hecho estrofa y la arepa convertida en acorde. El sentido de pertenencia y lo propio es lo que representa para Proto López una buena tocada de cuatro que, cómo no, lo deja pletórico del disfrute y la nostalgia que le transmite la cadencia que ha amenizado el pasar de sus años.

Un zurdo que aprendió a afinar su cuatro 

Musicalizar la misa de los domingos, tocadas en los festivales escolares y en las tardes acompañar a su hermano a la emisora Radiodifusora Oriental donde cantaba para los radioescuchas: así era la vida del niño de 6 años que, muchos años más tarde, todos llamarían el maestro Proto.

A esta edad ya conocía su instrumento que, confiesa, agarró porque “fue el que me dejaron”. Rememora con risas cómo le costó tocar el instrumento que sus hermanos afinaban para diestro, siendo zurdo. Condición que le costó varios regaños en la escuela, pero que hoy le saca más de una carcajada y que no le impidió, a una edad tan corta, convertirse en un chiquillo cuatrista.

– ¿Cómo inició su interés por la música? 

– Por mi familia. Mi papá era violinista, mi mamá cantaba y tocaba la guitarra. Tengo doce hermanos y todos eran músicos. Yo soy el último de la familia. En Güiria, mi pueblo natal, yo encontraba un cuatro o guitarra en el sofá de mi casa y ahí me ponía a hacer música.

– ¿Desde qué edad toca el cuatro? 

–  Cinco años. Me acuerdo que uno de mis hermanos me regaló un cuatro pequeñito y yo rasguñaba un poquito. Algo importante: todos mis hermanos eran derechos, yo era el único zurdo. Agarraba un cuatro afinado a lo derecho y yo lo tocaba a lo zurdo. ¿Quién me enseñó? Nadie. Yo era zurdo, me trataban de enseñar a lo derecho y yo agarraba el cuatro a lo zurdo. Aprendí viendo y oyendo. A los 6 años ya tocaba bastante.

–  ¿Quiénes fueron esas referencias e íconos que le quitaban el sueño? 

– Después de los 9 años empecé a escuchar a Freddy Reina, Antonio Lauro… Yo escuchaba mucho esa pieza que se llamaba el Amor es azul. La monté cuando tenía como 10 años. Participaba y era buscado en la escuela por tocar. Cuando me vine para Guayana tenía un grupito en la Escuela José Ángel Ruiz, donde estudié en El Roble. Ahí me agarraron como cuatrista y tocábamos especialmente en diciembre, yo tenía como 11 años. En esa agrupación yo tocaba bastante y después me metí en la iglesia San Buenaventura. Así me volví el cuatrista de la iglesia. A esa edad, 12 años, grabé mi primer disco. Allí estábamos Luis Ramón León, Marlene Arias, Simón Yegres… Fue un disco grupal. Todos muchachos de entre 12 y 13 años.

–  ¿Por qué escoges el cuatro particularmente y no otro instrumento? 

– Mira, en aquel momento, en Güiria, mis hermanos ya tocaban guitarra, mi mamá violín… Yo decía: me quedará el cuatro. Era el que me tocaba y el que me dejaban elegir. Es un instrumento armónico y ahora se ha demostrado más que nunca. Mira a Cheo Hurtado, Luis Pino… Una cantidad de artistas que me dejan asombrado. A mí me llamaban el mago del cuatro porque hacía muchas cosas con el cuatro, pero ahora esos muchachos me dejan asombrado. Tenemos un grupo llamado La Siembra del Cuatro donde estamos todos. El cuatro ya es un instrumento solista, no es solo para acompañar: puede ser de concierto.

Lenguaje musical: los cimientos del gran intérprete 

“El talento es bueno, pero con estudio es mejor”, afirma López sin titubeos. El maestro asevera que, si bien hay músicos innatos, el estudio es imperativo para crecer como artista integral.

Su educación musical inició a los 9 años, cuando su familia se mudó a Guayana. Una ciudad que le trajo muchas oportunidades para perfeccionarse como cuatrista a las orillas del Caroní.

Los López se trasladaron a El Roble, San Félix. Donde Proto continuó con sus estudios y fue en estas latitudes donde, por primera vez, empezó sus estudios formales de lenguaje musical o como él asegura se le decía hace años, Teoría y Solfeo.

Sus visitas recurrentes a la iglesia San Buenaventura le permitieron convertirse en el cuatrista oficial del coro eclesiástico y, más adelante, serían los aliados que encontró en esta etapa de su vida quienes le ayudarían a profesionalizar su vocación.

– ¿En qué momento inicias formalmente la educación musical? 

– Más o menos a los 13 años. Con el apoyo del padre de la iglesia, Luis Torres, él me llevó para inscribirme en una academia que estaba en la calle Ramírez de San Félix. Academia Santa Cecilia. Allí empecé mis estudios de teoría y solfeo, como se decía en ese entonces. Estudiaba teoría musical y piano. Allí también me costó el piano por ser zurdo, se me hizo un poco difícil, pero estudiaba allí. Fui el cuatrista de la coral de El Roble. Después de allí, me fui a estudiar a Caracas. Allá estudié en una escuela de música formalmente, se llamaba José Lorenzo Llamosa. Es una escuela que está en Caracas, por la Plaza Venezuela. Allí estudié solo un año. Continué lenguaje musical, teoría y solfeo, contrabajo… A esa edad decidí quedarme con el cuatro. Regresé a Puerto Ordaz y seguí estudiando para hacer mi técnico.

–  ¿Tiene una carrera universitaria? 

– Soy técnico en electrónica. Después no seguí estudiando y me dediqué a trabajar y hacer música. Participé en un festival que se hacía a nivel nacional, el Festival Nacional de Cuatro. Lo gané con Cheo Hurtado, fue en Ciudad Bolívar. De allí en adelante empecé a dar conciertos, participar en eventos. Empecé a trabajar en CVG en la parte musical. Comencé dictando talleres en los barrios de San Félix. Era parte de un programa cultural de la CVG, dictaba más de tres cursos por trimestre. Además fundé la Coral de CVG. No era el director, invité a Pedro Ávila y él empezó a dirigir la coral.

–  ¿Cuáles fueron los primeros escenarios a los cuales llevaste tu música? 

– Participé en una fundación que me permitió salir al exterior, fuimos a Rusia, hicimos 40 conciertos en Rusia y la Unión Soviética. Cuando regresamos, llegamos triunfantes de esa gira musical. Allí empezó una nueva forma de ver la música. La Nena Acosta fue la primera que me recomendó cobrar los conciertos, no seguir tocando gratis. Entonces fundé muchos grupos y agrupaciones corales. Dirigí el Coro Infantil del Colegio Los Próceres… Estando en CVG fundamos el Centro de Educación Musical Integral.

Falta de política cultural: realidad que azota los ritmos venezolanos 

De esa Guayana que contaba con un centenar de orquestas y una Corporación Venezolana de Guayana pujante hoy no queda mucho. El músico reconoce que la actualidad es de muchos sacrificios para los directores de orquesta, toda vez que no existe una política cultural definida que ayude a los jóvenes a explotar sus habilidades.

Sin embargo, el consejo del mago del cuatro para los músicos noveles es aprovechar a todas aquellas escuelas que continúan con sus puertas abiertas, ya que son estos espacios los que salvaguardan la identidad nacional.

– ¿Crees que el cuatro es un instrumento atractivo internacionalmente? 

Definitivamente. Cuando nosotros fuimos a Rusia, España… La gente se quedaba asombrada de cómo yo tocaba el cuatro. Igual que Cheo Hurtado que fue a Japón. Miguel Siso está en Dublín. Muchachos en Estados Unidos. Se puede hacer música internacional con el cuatro.

– ¿Qué tan importante es promover los ritmos venezolanos hacia las nuevas generaciones? 

– Es parte de conocerse como venezolano. La música te permite trascender en la historia. Cuando yo le enseño un ritmo de joropo a un niño, eso le permite conocer su música. Su forma cultural musicalmente hablando. Eso es importante para la formación del venezolano. Después pueden llevar nuestra música a otras naciones. El cuatro es la identidad del venezolano. A pesar de que vino de Europa, el cuatro es nuestro instrumento nacional.

–  ¿Considera que hay suficientes iniciativas por parte de los gobiernos para promover la música tradicional? 

– No totalmente. Eso es así como el deportista. El deportista hace su deporte, pero a veces se da cuenta de que no hay continuidad en su formación. El músico debe ser autodidacta, mayormente ha ocurrido eso; pero no hay una política cultural. He notado es que se promueve la música folclórica de algunas regiones. Por ejemplo, la música afrovenezolana en lugar de la música de orquesta. Cuando vienes a las regiones y vas a una orquesta te das cuenta de que falta más. Aquí en Guayana hemos estado en constante pelea para hacer ver que hace falta apoyo para las orquestas y las escuelas. El director tiene un gran trabajo que hacer, solo, tratando que los muchachos practiquen. A veces los instrumentos no sirven, no hay ese apoyo. El esfuerzo que hacen los padres de los muchachos y los directores es grande. Yo no veo ese apoyo continuo para desarrollar una política cultural. Veo más ahínco en otro tipo de música.

Aquello de teoría y solfeo 

El talento innato no es infalible, al menos así lo reconoce la experiencia de López, quien aseguró que es importante estudiar, prepararse y aprender mucho para desenvolverse como músico profesional.

De ese pensamiento y deseo emerge su devoción por dar clases, crear espacios y promover agrupaciones. El deseo de que ningún joven se quede por fuera del estudio de la teoría y lenguaje musical, herramientas básicas para hacerle frente a la vida con el cuatro en la mano.

–  ¿Qué le diría a los jóvenes que les gusta la música, pero no lo ven sostenible por la falta de apoyo y recursos? 

–  Mi familia quería que yo fuera profesional de la electrónica. Yo lo estudié por estudiar. Pero yo quería ser músico, en aquel entonces tampoco había escuela como hay ahora. En este momento, aunque con sacrificio, los muchachos se pueden formar en escuelas. Siempre hay quienes están haciendo algo para que los jóvenes estudien música. Yo recomiendo que quien estudia música también debe tener una profesión. Mi papá decía que los músicos no ganan plata. Un músico ordenado puede ganar buen dinero, pero no todos. No hay un manual que te diga un cuatrista gana tanto. Mi sueldo ahorita como jubilado universitario no llega a 20 dólares, pero en una tocada me gano 50 dólares. Eso es una maravilla. Pero no siempre es así, es un orden. Depende de cómo esté la sociedad ahorita. Hay quien vende café en la esquina y gana más que un maestro. Yo recomendaría complementar con una carrera.

– ¿Por qué cree que el músico debería estudiar, considerando que hay músicos innatos? 

– Mi experiencia me dice que debe estudiar lenguaje musical. Una vez fui a un festival, donde iban a participar 22 universidades y cada una llevaba dos intérpretes. 24 participantes. Cada quien tenía su canción y arreglo musical. Cuando fue la música venezolana, no hubo problema. Pero cuando era un arreglo con orquesta, el músico debía leer y entender el lenguaje musical. Por más talento que tuviera, si no había estudiado, no va a aprender en tres días a ser acompañado con la orquesta. Hubo un joven que era excelente cuatrista y quedó por fuera porque no pudo aprender. El talento es bueno, pero con estudio es mejor.