viernes, 1 de julio de 2022

“Protestar es como escribir: vas borrando, tachando y mejorando”

Convencido de que el deber de un prosista es suscitar el debate y combatir el detrimento social, Carlos Yusti, pintor y escritor inclinado al ensayo, sostiene que no hay divorcio posible entre lo plasmado en una idea y la realidad de un creador. Con esa concepción entre ceja y ceja ha desarrollado una carrera que muchos aplauden por inspiradora.

Convencido de que el deber de un prosista es suscitar el debate y combatir el detrimento social, Carlos Yusti, pintor y escritor inclinado al ensayo, sostiene que no hay divorcio posible entre lo plasmado en una idea y la realidad de un creador. Con esa concepción entre ceja y ceja ha desarrollado una carrera que muchos aplauden por inspiradora.

@francescadiazm

A sus 62 años se mueve por las calles de Ciudad Guayana con un pequeño bolso artesanal donde nunca falta un dibujo o una pintura de su autoría y, cómo no, un libro que aún no termina de leer. Alterna ambas pasiones -sus dos pasiones-, ya que, como asegura, escribe para no pintar y pinta para no escribir.

Nació en la zona sur de Valencia, estado Carabobo, y creció en el barrio Bello Monte II, un sector pobre donde había pandillas y delincuencia y donde imperaba lo que él denomina “la ley del revólver”, mientras que en su casa “había de todo, menos para comer”. ¿Qué distracción escogió? Pues los libros. Se recuerda a sí mismo yendo de aquí para allá siempre con un libro debajo del brazo. “Los chamos decían: déjalo, déjalo, ese es estudiado”, recuerda. La literatura se volvió su mejor compañía y, para él, fue el amor por la narrativa lo que lo salvó.

Hoy en día, aquel muchacho de Valencia resultó ser un inspirador de escritores. Y ellos, los por él inspirados, lo describen como un rebelde sin pelos en la lengua y como un ávido por crear una narrativa sin jerigonza academicista. A primera vista, ese espíritu subversivo se oculta muy bien, se mantiene revestido de circunspección y una timidez que el escritor va perdiendo a medida que expone aquellas convicciones que inspiran su pluma de ensayista. Son las ramificaciones de una personalidad, todas unificadas con el nombre Carlos Yusti.

– En su escrito La utilidad de la literatura usted menciona que la literatura, como a Sherezada, lo salvó, debido a que creció en un barrio donde existía mucha delincuencia. ¿Por qué tiene esta percepción? ¿Cree que de haber nacido en otro contexto no se habría interesado en leer? 

“Cada tipo de literatura tiene algo, leer siempre será ganancia. Esa idea de que si no lees cierto tipo de libros, entonces no eres lector, es mentira”

– Absolutamente. Creo que de nacer en otro contexto no me hubiera interesado para nada la literatura. En el barrio había pocas opciones, no es como ahorita que hay internet y computadoras. Empecé leyendo novelitas vaqueras, tenía un vecino allá que tenía muchas novelas de ese estilo. Su cuarto estaba lleno de esas novelitas pequeñitas y empezó a prestármelas. Comencé con eso, luego las novelas policiacas… Siempre literatura muy marginal. Uno de los primeros clásicos que leí fue Rojo y Negro. Me identifiqué mucho con el personaje principal de Stendhal porque era un arribista. Era un tipo marginal que venía del estrato social más bajo, muy frío. Me identifiqué mucho con el personaje porque era soñador, idealista. 

– Es muy común que los intelectuales critiquen a lectores novatos por seleccionar libros “malos”, novelas rosas… ¿Qué piensa sobre esto?

– ¡No! Hay que empezar por algo. A mí me parece que es una literatura tan válida como la otra. Para un escritor, crear un texto siempre es difícil. Es complicado escribir. Cada tipo de literatura tiene algo, leer siempre será ganancia. Esa idea de que si no lees cierto tipo de libros, entonces no eres lector, es mentira. Hay gente que lee el periódico, la Gaceta Hípica: eso es lectura. Todo tiene su complejidad. Por supuesto, hay libros que son malos porque se les notan las costuras. Por ejemplo, Paulo Coelho es muy mal escritor, además de plagiario. El zahir es un cuento de Borges, él le puso otro título y más o menos es la historia de Borges, pero ampliada. Eso no tiene mérito, si hubiese añadido cosas interesantes o nueva sería más provechoso, pero se queda en la parte ornamental. Isabel Allende retoma el realismo mágico, pero es creativa. No se queda en lo que creó García Márquez, sino que lo lleva a otros niveles.

– Ha vivido en Valencia y en Guayana. ¿Cómo influyen estas ciudades en su escritura? ¿Tiene predilección por alguna?

– Las dos. En Guayana hay muy buenos escritores. En Upata está Pedro Suárez; en San Félix, Francisco Arévalo, Teresa Coraspe… En Valencia también hay muy buenos poetas. Ser escritor en Valencia es complicado porque tienes que pasar por una alcabala de muy buenos escritores. El mundo literario no es tan fácil como la gente cree. En la revista donde comencé a escribir empezamos veinte, de esos veinte ya casi ninguno escribe. A mí me sorprende, ya que todos iniciamos inspirados por el arte, la literatura… y, finalmente, nadie terminó escribiendo. 

Zikeh: el nacimiento del ensayista

A los 20 años ya había leído alrededor de 200 clásicos. Sus primeros pasos en la escritura los dio cuando aún estaba en la universidad, y junto a un grupo de amigos tuvieron la idea de crear la revista Zikeh. Esta publicación hacía gala de un estilo díscolo. En sus palabras parecía un compendio de groserías más que una revista; sin embargo, para el grupo era un espacio privilegiado donde mostrar sus trabajos. Zikeh era lo que ellos: libertad e ideas sin censura.

La revista no solo le permitió ahondar en lo que es el ensayo, género que le haría un nombre en el gremio literario, además tuvo la oportunidad de ilustrar la revista por varias ediciones, encontrando así su gusto por la forma, el color y la crítica pictórica. Yusti cataloga los ensayos que publicó en ese tiempo como los más rebeldes que ha escrito: hablar de esta época es evocar el encuentro con las formas de arte que lo seducirían por el resto de sus días.

¿Cómo nace la idea de crear Zikeh? 

Estábamos echándonos palos como siempre. Tomando y conversando de literatura. Siempre nos reuníamos en distintas partes a tomar. Éramos un grupo: un profesor de literatura, uno de mecánica y los demás éramos estudiantes. Un día surgió la idea: “Vamos a hacer una revista, ya tenemos hasta seguidores”. Eso lo decíamos porque había gente que se venía cerca de la mesa a oír nuestras conversaciones. No teníamos dinero. Hacer una revista de 100 páginas y sacar ejemplares era un costo en papel; eran como 15 resmas de papel. Ideamos pasar películas en el edificio. Pasábamos por los apartamentos, la gente nos daba lo que pudiera y luego bajaban a ver las películas que pasábamos con un proyector. Así lo hicimos. En la revista había ensayo, cuento, poesía, crítica… Eran todos trabajos nuestros. 

 “Con la escritura hay que trabajar con las palabras, buscar que la frase sea bella, que tenga un significado”

– ¿Cuál es su género favorito y por qué?

– Soy esencialmente ensayista. Empecé escribiendo poesía y cuentos que publicaba en los periódicos. En la revista no había ensayista, había poetas y cuentistas, pero no ensayista. Entonces me escogieron a mí; me puse a investigar sobre el ensayo, hice un aprendizaje y me gustó el género. Es un género que casi nadie explota, a casi nadie le gusta. Ni a lectores ni a los escritores. Es necesario que el ensayo sea creativo, poético, narrativo. Que tenga un cúmulo de atributos, no ese ensayo académico del estilo de Mariano Picón Salas y esos escritores canónicos del ensayo venezolano. Es necesario trabajar para que el ensayo sea una pieza literaria creativa que le guste a cualquier lector. 

– Además de escritor, también es pintor. ¿Cómo fue su acercamiento a la pintura? ¿Existe alguna conexión entre estas formas de arte desde su percepción? 

Empecé a dibujar para Zikeh. Yo hice las ilustraciones para las tres primeras ediciones. Me metí en el arte para conocer los implementos que usaban los artistas, ya que también me interesaba la crítica de arte. Me interesaba el trabajo con la pintura, cómo se hacen los bocetos… Conociendo esas técnicas tenía capacidad para escribir sobre cualquier artista. No me considero un crítico, sino un escritor que aborda el tema de arte.

– ¿Cree que la pintura lo potencia como escritor?

– Yo digo que pinto para no escribir y escribo para no pintar. La pintura me parece más fácil que la escritura. La pintura ya tiene la forma, los colores, puedes hacer cuadros con profundidad o planos. En cambio, con la escritura hay que trabajar con las palabras, buscar que la frase sea bella, que tenga un significado. Encontrar la musicalidad en los párrafos. Eso es muy difícil lograrlo en el primer intento, creo que por eso uno corrige y hace tantos borradores. El trabajo con la palabra es más complicado. Si no eres buen lector, tu vocabulario va a ser muy pobre. En ningún lado te enseñan a escribir, te dan herramientas; pero no te enseñan a escribir.

Que el voto sea protesta 

En cuanto a la convulsa situación política del país, Yusti se muestra entusiasmado por la decisión de los partidos opositores de dejar atrás su postura abstencionista. Convencido de que el ser humano debe vivir para protestar y cuestionar. Considera, en estas condiciones, el voto de los venezolanos es una inexorable forma de protesta.

Históricamente, la literatura ha sido una de las herramientas para la rebelión, así como las distintas formas del arte, desde la perspectiva del escritor esto no podría ser de otro modo, por el contrario, sentencia que los artistas deben estar siempre contracorriente. La narrativa debe estar al servicio de la protesta.

– El columnista Diego Rojas lo describió como un “escritor deslenguado” que no teme a desafiar los academicismos. ¿En este tiempo, en el cual el Estado ejerce su autoridad para censurar a los escritores, la franqueza y omisión de eufemismos tienen mayor valor?

– Yo siempre he dicho que el escritor debe estar de lado de la oposición. Si el gobierno es de izquierda, en la oposición y si es de derecha, también. Debe ser deslenguado siempre. Su responsabilidad es con la palabra, el pensamiento y la literatura. El arte es una trinchera de la libertad; si el escritor se amolda o asume alguna posición, el arte pierde su esencia que es confrontar a la sociedad y subrayar algunos males que vivimos. El arte es la mejor trinchera para el hombre contemporáneo. 

– Tras el diálogo en México y la unificación de la oposición en un grupo denominado Plataforma Unitaria, varios partidos han decidido participar en las próximas elecciones. ¿Cuál es su opinión respecto a estos comicios? 

– Chávez llegó al poder a través de la democracia, pero después cambió las reglas del juego. Hay que volver a las reglas anteriores: participación ciudadana, elecciones y transparencia. Me parece que volver a ese ritmo y estilo de antes es un avance. A la democracia como eje central de las funciones políticas. Lo que haces en la calle, lo puedes hacer también a través del voto. Ningún voto para este gobierno que es sumamente malo. Yo prefiero darle mi voto a un candidato salido de la nada que a este gobierno. Que el voto sea protesta.

El poeta Francisco Arévalo comentaba que este gobierno ha pulverizado el emblema artístico construido en el siglo XX, debido a esto se dificulta que las personas adquieran conocimiento cultural. Desde su posición de promotor cultural, ¿qué acciones tomaría para acercar a la juventud a las manifestaciones artísticas como la literatura, la pintura, entre otras?

“No me considero un crítico, sino un escritor que aborda el tema de arte”

– Yo creo que debería ser voluntario de cada artista o escritor independientemente del gobierno que esté. Yo he tratado, junto a mi esposa, de implementar las ludotecas en las escuelas. Son espacios donde los niños van esencialmente a jugar, hay rompecabezas, libros… Lo hemos implementado en dos escuelas de aquí. Ha sido un éxito. Queremos implementar una ludoteca comunitaria, ya tenemos la casa; pero no lo hemos podido implementar por la pandemia. La idea de estos espacios es que las personas vayan, jueguen, vean una película, hay libros… Sencillamente que los niños participen en el juego. El juego es una forma de ir creando, el niño aprende creando a través del juego. No hay que esperar que el gobierno se ponga a hacer las cosas. Creo que la iniciativa de Mariela Mendoza con Buscadores de Libros es sumamente interesante. El gobierno debería usar esa idea para revivir las librerías que se murieron. 

– Desde su experiencia como director de la Biblioteca Rómulo Betancourt, ¿considera que se está perdiendo el interés de los jóvenes por estos espacios de recreación e investigación ante la aparición de los libros digitales? ¿Por qué considera importante que sigan existiendo bibliotecas cuando la mayoría de los textos ya están en internet?

– Va a llegar un momento en que las librerías van a ser como museos. Donde tú vas a ir a ver cómo era un libro antes. Actualmente, la gente cree que todo el mundo tenía celular antes, yo escribía mis primeros artículos en máquina de escribir. Los primeros libros que hice los escribí a máquina. La transición del libro en papel al libro electrónico va a suceder. Pero, como siempre ha pasado, hay un margen de tiempo bastante largo entre cada soporte que ha tenido el libro. Va a llegar un momento en que el libro en papel no va a ser rentable, debido al costo del papel, la impresión y todo eso. Entonces, las librerías van a quedar como esos sitios donde la gente va a intercambiar objetos, piezas de colección. Eso pasa con el arte. En Google consigues cualquier libro en PDF, por eso se ha perdido un poco el ir a buscar libros en físico. Las bibliotecas se salvarán si logran combinar las dos cosas. Que no sea solo un sitio de consulta de libros. Que puedas ir a ver una película, donde puedas investigar en internet, que sea atractivo para lectores y usuarios. Debe ser atractiva. En la biblioteca que dirigí teníamos un espacio especial para los niños, donde podían ir a jugar. Hicimos una sala web con veinte computadoras. Yo creo que estos recintos deben asumir el reto de innovar.

Usted calificó en uno de sus escritos a la protesta ciudadana como la vacuna para las dictaduras, Venezuela ha tenido años de intensas protestas, por ejemplo, el 2014 y el 2017, y no se ha logrado un cambio de gobierno, ¿cuál considera que es la razón de ello?

– No creo que las protestas sean solo para cambiar de gobierno. La gente necesita protestar siempre. La protesta es inherente al ser humano. El escritor siempre está combatiendo algo. No ha dado resultado por muchos factores, por ejemplo, los militares. Los militares son el grupo que está gobernando el país; ellos siempre han estado bajo cuerda y con este gobierno han tenido un protagonismo que no tenían antes. Además, los negocios internacionales, el poder para hacer trampas… Todo eso es más importante para el Estado que la gente y por esa situación hay que seguir protestando. Hay que levantarse contra eso, aunque se fracase. Es como cuando uno decide ser escritor, al principio no te quieren publicar en ninguna parte. Entonces tú sigues escribiendo, borrando, mejorando, tachando. Así mismo es la protesta, es algo que se va aprendiendo a medida que lo vas haciendo. En todas las sociedades la protesta es importante y marca un norte.

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