jueves, 29 febrero 2024
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“Es necesario que se entienda que el cultivo de las artes hace una mejor sociedad”

Ennio Palumbi, fundador de la primera orquesta del estado Bolívar, asegura que solo cuando existan políticas que incentiven la educación y la cultura, la sociedad podrá desarrollar su máximo potencial.

Ennio Palumbi solo tenía una trompeta cuando arribó a los escenarios de Ciudad Guayana. Si bien contaba con una gran experiencia instrumental y podía explayarse hablando sobre la teoría musical, cuando le ofrecen dirigir la Orquesta Juvenil e Infantil Juan José Landaeta no había visto su primera clase de dirección de orquesta.

Aceptó. Convirtiéndose en director de una orquesta incipiente conformada por 9 instrumentos. El fagot, el violoncelo y el piano los que más deleitaban al músico. Y así como este grupo se estrenaba como orquesta, Palumbi empezó sus clases de dirección en Caracas para debutar como un director. Un rol que, tras sus años de experiencia, aprendió a entender como el encargado de concertar y no como el jefe de los ejecutantes.

Para 1997 fundó la Orquesta Sinfónica de Ciudad Guayana, perteneciente a Fedeorquestas y primera agrupación orquestal profesional del estado Bolívar. Entre sus presentaciones más destacadas están las inauguraciones de las centrales hidroeléctricas Macagua II, y Francisco de Miranda (Caruachi), el puente Orinoquia y la reinauguración del Centro Total de Entretenimiento Cachamay.

Con una trayectoria de más de 20 años, Palumbi lleva la dirección de la Orquesta Sinfónica Infantil de Fundación Lala. Encargado de promover e incentivar la disciplina en los niños, el director asegura que la diversión y enseñanza del lenguaje musical es la clave para el aprendizaje de los alumnos.

La naturaleza del arte es imperfecta

La carrera de Ennio Palumbi se ha caracterizado por la dirección y la enseñanza; no obstante, asegura que la música es un aprendizaje constante. Además, en su percepción, más allá de dar órdenes, para que la orquesta funcione el director debe aprender a escuchar.

En 1992 empezó a dirigir mientras tomaba clases con el músico barquisimetano y también director Roberto Sanglimbeni, su mentor en la dirección musical. Con la creencia de que el arte no debe ser perfecto sino perfectible, se dedicó a motivar a sus alumnos a buscar la excelencia y no la perfección, ya que, en sus palabras, el arte no tendría chiste si esta última existiera.

– ¿Cómo nace su interés por la música?

– Soy hijo de italianos. Mi mamá descubrió la música de una manera autodidacta, entonces, la música estaba en mi sangre. Creo que desde mi concepción se escuchaba mucha música. Cuando tenía 6 años en la iglesia comenzaron a dar clase de música. Así inicia todo.

– ¿Cuándo empieza a visualizarse como director y no como ejecutante? 

“Yo preferiría un mundo lleno de artistas que puedan influir positivamente. La única manera es siendo como ellos y no creyéndonos superiores” | Fotos William Urdaneta

Desde niño. La dinámica en la iglesia era tocar en grupo. Tarde o temprano, en clase, te tocaba dirigir al grupo. Sin embargo, después me dediqué a ser ejecutante, a ver mis materias teóricas… Pero tenía el bagaje de haber estudiado trompeta, clarinete, piano, órgano, algunas clases de violín. Yo no pensaba ser director de orquesta, pero cuando mi esposa y yo nos mudamos a Guayana surge la oportunidad. Empezamos a tocar en la ciudad y alguien se me acercó y me preguntó si me gustaría que me propusiera para ser el director de la Orquesta Sinfónica de San Félix. Yo dije que sí. Allí me aceptaron y recibí entre 8-10 niños y así empezaron mis primeras prácticas amateur de dirección de orquesta. Fui a Caracas, al Conservatorio de Música Simón Bolívar, y hablé con el maestro Rodolfo Saglimbeni quien me empezó a dar clases de dirección de orquesta. 

– ¿Qué recuerdas de esa primera experiencia?

– Aprendí que el director es un facilitador. Eso no se entiende en un mes ni en dos meses. Toma tiempo entender que no eres el jefe, sino una parte de la agrupación que facilita la interpretación de la música que está escrita y que debe ser un deleite a los oyentes. Me enseñó a trabajar en equipo, a escuchar, a no sentirse superior por estar al frente y tener ese rol. Es el rol de concertar a todos los músicos para lograr un objetivo común. 

-¿Qué artistas venezolanos influyeron en tu trayectoria? 

Mi primer profesor que se llamó Salvatore. El maestro Filiberto Núñez. Martín Vielma en el Conservatorio del estado Aragua. A nivel de dirección, Rodolfo Sanglimbeni. Y la pericia y el modelaje del maestro José Antonio Abreu. 

– ¿Qué tan importante es que un músico sea capaz de trabajar en equipo?

– Con el tiempo he aprendido que la humildad debe ser el centro de cualquier profesional. En nuestro mundo, el éxito y la fama nos separa y nos da un estatus que nos aleja de nuestro centro. Es imposible no destacar. Una persona que se para frente a un público es alabada por sus dones, pero esa sensación debe hacerte perder el centro de lo que eres. En los últimos 15, 20 años, he aprendido que no se debe ser divo, diva, inalcanzable… Yo preferiría un mundo lleno de artistas que puedan influir positivamente. La única manera es siendo como ellos y no creyéndonos superiores. 

– ¿De qué manera crees que la música aporta a las personas?

– La música es almática (sic) porque se percibe a través de los sentidos. No hay manera de que se escuche música y no incida sobre tu alma. Te da disciplina y constancia. Entra un juego de pasión y excelencia. Con el tiempo los músicos tendemos a ser perfeccionistas, pero hay una gran diferencia entre ser perfeccionista y excelente. El perfeccionismo no existe. Lo que hace bello al arte es precisamente que es perfectible: que puede ser mejor. Cuando tú haces tu mejor esfuerzo (que eso es la excelencia) y llegas a un nivel: ese es tu nivel de excelencia. ¿Es perfecto? No. Eso es lo bueno porque lo puedo llevar a otro nivel. Quien se enfrasca en la perfección, vive frustrado. La utiliza como un objeto de castigo, de flagelarse personalmente. También comienzan a criticar a otros cuando no les sale “perfecto”.

El arte, otro botín del chavismo

Palumbi recuerda con nostalgia los tiempos de gloria del sistema de orquestas venezolano. En su memoria quedó grabado cómo, hace 10 años, tocar con una orquesta venezolana era currículum y, desde luego, un privilegio para cualquier ejecutante.

Pese a ello, asevera que los conservatorios continúan abiertos y que siempre hay una posibilidad para quien tiene el sueño de hacer música. “Aún hay accesibilidad a estudiar, aunque no sea con todos los recursos. Lo importante son las ganas de hacer música. Siempre hay oportunidad de estudio”, expresa.

Comenta que los mayores obstáculos para un músico son la impaciencia y el no entender su carrera como un proceso; debido a ello, está convencido que quien entiende esto tiene más oportunidades de crecimiento.

-¿Qué opinión tienes con respecto al manejo que el Estado le ha dado al área cultural? ¿Crees que hay suficientes iniciativas culturales para promover la música?

– Yo creo que sí ha habido esfuerzos, pero estos se politizan. Entonces, ahí se rompe la motivación y el sentido por el cual debe hacerse. Hasta que no haya una unidad y una política seria de fondo que defienda el quehacer cultural, no va a haber un cambio. Cuando eso suceda, los músicos vamos a sentir que somos tomados en cuenta por el Estado. No. No ha habido políticas contundentes que defiendan el quehacer cultural. Es necesario que se entienda que el cultivo de las artes hace una mejor sociedad, ya que desarrolla el intelecto. Pasa lo mismo que con la educación.

El año pasado hubo mucho revuelo en redes sociales con respecto a la obtención de un récord Guinness para Venezuela por la orquesta más grande del mundo. Los internautas lo catalogaron como “una forma de lavarle la cara al gobierno”. ¿Estás de acuerdo?

“Sí ha habido esfuerzos, pero estos se politizan. Entonces, ahí se rompe la motivación y el sentido por el cual debe hacerse”

– Hay un gran desconocimiento de lo que implica haber logrado esto. Es un reconocimiento a la labor de José Antonio (Abreu). Un reconocimiento a lo que hemos aportado todos los que pertenecimos al sistema. Ahora, si esto se aprovechó para lavarle la cara al gobierno, distraer la opinión pública… Oye, creo que tenemos que ver esto un poco más alto. ¿Son culpables estos niños o jóvenes de querer lograr algo y ser reconocidos? Le tocará al sistema decidir si fue usado o no; pero creo que debemos ver las dos caras. Hay un hecho que es innegable: hay un récord. Existe, a pesar de todas las circunstancias, la capacidad de mantener un sistema orquestal sólido. Con todas sus carencias. Creo que como venezolanos debemos sentirnos orgullosos y no politizar.

– Puede ser difícil mantenerse inspirado con el paso del tiempo. ¿Crees que la inspiración es la única fuente de un buen trabajo?

– Los músicos quisiéramos mantenernos inspirados. Quisiéramos estar allí siempre. Pero he aprendido a entender que son etapas. Un músico o un profesional necesita los valles para aprovecharlos y aprender. Tu carácter se fortalece en las adversidades. Para un artista, sentir que “oye, y ahora para dónde se fue la creatividad” es una adversidad. Es una etapa que se puede volver oportunidad o fracaso. La falta de creatividad ha llevado a muchos artistas a refugiarse en sustancias que parecen dar creatividad, pero terminan acabando con su vida. La adrenalina de querer estar siempre arriba te hace atentar contra tu propia vida. Hay que aprender a vivir y a discernir que las etapas que consideramos secas son importantes. Después cuando viene la creatividad y las ideas, tú eres una persona más madura y eso se transmite en la música. Esos procesos son necesarios. 

– El mundo de la música es sumamente competitivo. ¿Qué les diría a los músicos que constantemente se comparan con otros generando envidias y riñas?

– Todos son únicos. Lo maravilloso de ser único es que no necesitas parecerte a nadie. Cuando empiezas a compararte, lo que estás haciendo es minimizarte. En el momento en que empiezas a desear lo que tiene el otro dejas de valorarte a ti mismo. Quieres ser como otro, quieres tener los mismos escenarios que tiene el otro. Eso te lleva a la frustración y a la depresión. Cada quien tiene su área de transformación. Lo importante es tener paz en tu rango de acción. 

– ¿Qué es el éxito para ti?

– Ser persona. A veces se mide el éxito por las cosas que hacemos, pero realmente creo en el ser primero. Una persona que cultiva el amor es una persona exitosa. Más allá de lo que tiene y de lo que logra. La sociedad nos dice que la cantidad es el éxito. Hay personas exitosas que no son famosas y eso es muy importante saberlo.