viernes, 23 febrero 2024
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Lata de Agua, una alternativa que aprovecha el agua de lluvia y compensa el crítico suministro

Lata de Agua es una iniciativa de innovación social que ofrece un modelo de suministro de agua, a partir de la captación, tratamiento y almacenamiento del agua de lluvia en comunidades vulnerables. | Fotos cortesía

Las fallas en el suministro de agua en Venezuela son de vieja data y cada vez más frecuentes en todo el país. Lata de Agua es un proyecto de ecotecnia, creado por el arquitecto Laurencio Sánchez, que recolecta el agua de lluvia, un recurso natural de gran aprovechamiento y que puede reducir los problemas de suministro “durante al menos seis a siete meses al año, que es lo que dura la temporada de lluvia en el país”, explicó.

Sánchez comenzó a darle forma a Lata de Agua a través de su empresa Arqbiental, a inicios de marzo de 2019, durante el apagón nacional que dejó sin electricidad a la mayor parte de Venezuela por una falla en la central hidroeléctrica Simón Bolívar, en Guri. La interrupción eléctrica afectó la distribución de agua potable.

El arquitecto explicó que este sistema de aprovechamiento de agua de lluvia es complementario. “No es un sistema que va a sustituir el acueducto, pero sí es un complemento importante de una fuente de suministro de agua abundante y de excelente calidad”, aclaró.

El primer piloto del proyecto se ejecutó en Barrio Nuevo – Petare, en Caracas, con el soporte financiero de la Embajada de Francia, pero Sánchez destaca que es totalmente factible replicarlo en otros estados del país, “siempre y cuando exista cierto apoyo, condiciones y requerimientos básicos para su instalación, así como análisis previos y técnicos del lugar donde se desea instalar”.

Cuando en Venezuela se dice que está cayendo una “lata de agua”, significa que la lluvia es intensa. De esa expresión popular venezolana, surgió el nombre del proyecto.

Complejo y eficiente sistema

La oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) informó, en abril de 2021, que el acceso al agua en Venezuela es limitado, siendo una crisis que afecta, de diversas formas, la cotidianidad y salud de los ciudadanos en el país.

Venezuela cuenta con dos temporadas, una seca y otra lluviosa. La época de lluvias dura aproximadamente seis meses, desde mediados de mayo hasta finales de noviembre, por lo que los ciudadanos aprovechan estas precipitaciones para “agarrar y almacenar” agua.

Lata de Agua aprovecha esta temporada de lluvias con un mecanismo que funciona de la siguiente manera:

El sistema puede abastecer agua abundante y de calidad, durante al menos 6-7 meses al año | Fotos cortesía

El sistema inicia cuando el agua es captada de los techos, aunque aclara que “no todas las edificaciones son aptas para captar agua de lluvia”. Una vez que cae, el agua de lluvia es conducida por unas canales comunes hacia un filtro de hojas.

“Este se encarga de retener sedimentos grandes, como hojas, palos y sucios de tamaño grande, que no queremos que entren al sistema para el tratamiento de aguas, porque mientras menos material de materia orgánica, el agua va a ser de mayor calidad”, explicó Sánchez.

Una vez que pasa por el filtro, continúa a una “especie de sedimentador o separador de primeras aguas de lluvia”. La primera cantidad de agua es descartada para el sistema de tratamiento, ya que al inicio es la que arrastra mayores sedimentos y, en cambio, se utiliza para usos de riego o aquellos que no necesiten de “agua de calidad”.

“Luego va al almacenamiento. Allí es desinfectada. Luego hay una bomba que impulsa el agua por un tren de ciclos de carbón activado, grava y arena sílice y otros filtros que pueden retener elementos microscópicos para obtener agua de excelente calidad”, comentó.

Terminado todo el proceso, el agua ya se puede utilizar para el 85% de los requerimientos que tiene, como aseo del hogar. En este caso, el agua no es potable, pues tendrían que realizarse otros procedimientos adicionales.

Sánchez explicó que la idea era obtener una fuente de suministro de calidad y rápido aprovechamiento para así cubrir las necesidades hídricas y “de cara hacia el futuro y con la misión de ofrecer un sistema que pueda aliviar el problema hídrico de las comunidades, familias y las personas”.

El primer piloto en Barrio Nuevo – Petare, en Caracas, abastece a dos escuelas y un ambulatorio y beneficia a 1.200 adultos y 450 niños. Las escuelas pasaban de tres a cuatro meses sin recibir agua por tubería. “Nosotros estimamos que podemos captar unos 300 mil litros al año, de ese proyecto que acabamos de terminar y eso equivale a 30 cisternas de agua de 10 mil litros”, comentó Sánchez.

El arquitecto destacó que la comunidad se involucró en el proyecto de manera “fundamental y determinante”, un aspecto que consideró positivo porque de lo contrario no funcionaría. “Ahora son las comunidades o la familia que instaló la ecotecnia en su casa, la que gestiona la calidad del agua y eso requiere que tengas una serie de medidas de mantenimiento muy sencillas, pero implica que tú asumas el control de la calidad de agua y cómo vas a obtenerla” agregó.

La Fundación Rayito de luz y Arqbiental crearon el programa “Llueve y aprendo”, que busca la sensibilización de las comunidades en las que se instala el sistema. La fundación se encarga del área didáctica y sensibilización del programa, que trata temas sobre cambio climático y recursos naturales.

Posibilidades en Bolívar

Venezuela es uno de los 10 países del mundo con las mayores reservas de agua dulce, estimada en 1.325 km3, pero Sánchez reconoce que la mayor parte del país sufre problemas de suministro de agua. El Observatorio Venezolano de Servicios Públicos (OVSP) realizó en enero de 2021 mediciones sobre las alternativas que toman los ciudadanos ante la falta de suministro de agua y precisó que el 44,2% de los ciudadanos consultados en 12 urbes del país usan como alternativa el almacenamiento de agua en sus hogares.

Replicar el proyecto en otros estados del país es factible, explicó el creador de la iniciativa, Laurencio Sánchez. El piloto del proyecto se ejecutó en Petare y abastece a dos escuelas y un ambulatorio

Otra alternativa observada fue la adquisición de botellones de agua. Ciudad Bolívar se posiciona como la ciudad donde mayormente se realiza esta práctica. A su vez, 7,4% de los encuestados recurre a la recolección de agua de lluvia como alternativa ante el crítico suministro.

El creador de Lata de Agua considera que replicar el proyecto en otros estados del país es factible y sería “maravilloso, ya que hay todas las posibilidades, el equipo técnico, hay todo un aparataje que hemos creado para poder trabajar en las regiones del país, siempre con alianzas de otras instituciones, porque este es un trabajo mancomunado. El problema del agua es un trabajo que hay que manejarlo desde diferentes vertientes”.

Para hacer estas instalaciones se necesita de análisis previos y técnicos del lugar donde se desea instalar, pero recalca que los elementos básicos para construir el sistema se consiguen en el mercado local. Los costos varían según el tamaño, entre 700 y 1.500 dólares para un sistema doméstico, monto que puede aumentar o disminuir, según ciertas estructuras e implementos que se tengan ya instalados.

“Nosotros tenemos un kit doméstico que se llama Tinajero Lata de Agua, que está entre 700 y 1.200 dólares. Para instituciones escolares, dependiendo de las características estamos hablando entre unos 5.000 y 8.000 dólares”, precisó Sánchez. La inversión varía según el tamaño de la escuela, el agua a almacenar y características técnicas que el edificio debe tener.

El fundador de Lata de Agua espera que en el futuro el proyecto se institucionalice, como ocurre en diversos países en los que hay lineamientos y parámetros para la captación de agua de lluvia. “Queremos trabajar para que la gente se empodere con esta ecotecnia, que la sepa manejar, la valore, que no den el agua como una cosa sentada por derecho que tiene que llegar por una tubería; que la gente aprenda a valorar el ciclo del agua, eso es lo que quiere dejar Lata de Agua, una fuente de suministro alternativa y una valoración más alta del agua”.