miércoles, 17 abril 2024
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Derrames petroleros afectan biodiversidad y vulneran una cadena de derechos

En 2002 y 2023 se reportaron especies petroleadas que terminaron muriendo, como garzas y flamencos. En lo que va de 2024, ONG han reportado el rescate de una tortuga y una garza en la zona del bajo San Francisco, en el Zulia.

En el marco del ciclo de foros sobre derrames petroleros, impacto y soluciones que presenta el Observatorio Venezolano de Derechos Humanos Ambientales (Ovdha) se insistió en que continúan los derrames petroleros en las costas venezolanas y esto sigue trayendo fatales consecuencias en la biodiversidad, además de la vulneración de derechos a la población pesquera del país.

Este 14 de febrero, las ponencias del Foro Derrames petroleros: una amenaza a la biodiversidad de Venezuela estuvieron a cargo de Juan José Cárdenas, quien es oceanógrafo, profesor y parte de la Fundación Caribe Sur y de Sandra Giner, profesora y parte del Instituto de Zoología y Ecología Tropical de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

En la ponencia de Cárdenas, denominada Pesca negra: el sector pesquero y sus oscuridades, se explicó que en condiciones regulares de operación, la actividad pesquera en áreas marinas genera derrames por el orden de los 155 mil barriles anuales en el país.

Actualmente en Venezuela, según el experto, ya no se debe hablar solamente de derrames, sino de “vertidos continuos”. Reportó que existen además “fugas permanentes de más de un año de duración”.

“Estos ciclos no tienen fin (…) la ocurrencia de las fases agudas, subagudas y crónicas de los derrames petroleros coexisten en nuestras aguas y son consecuencias permanentes  (…) La afectación de la biodiversidad, vista como la perturbación de las interrelaciones de las especies, el abandono de las especies de las áreas contaminadas, todo eso ocurre permanentemente en nuestros ecosistemas”, detalló.  

Derechos vulnerados en serie

Los derrames petroleros traen consigo una lista “demasiado larga” de violaciones a derechos humanos, como el de disfrutar de un medio ambiente sano, derecho al agua potable, a la alimentación -por reducción de la pesca-, salud, trabajo, vivienda y cultura.

Por ejemplo, se vulnera el derecho al agua potable en el caso en que estos derrames afecten fuentes de agua. En el caso del derecho a la salud, hay reportes de “enfermedades graves y crónicas de pescadores que mantienen permanente contacto con estos componentes del petróleo altamente tóxicos”, detalló el profesor Cárdenas.

El oceanógrafo también mencionó que, además de los efectos de los derrames, los pescadores deben enfrentar otras dificultades diarias como el tema de la gasolina, costos de sus insumos, además de la inoperancia de las instalaciones pesqueras en tierra y la piratería marina.

Mencionó que hay pescadores que han tenido que dejar sus hogares para mudarse a otros lugares, por el estado de la contaminación de la costa. 

Según Cárdenas, el Estado debería propiciar el mantenimiento de las series temporales estadísticas para levantar “estadísticas confiable y estadísticas”. En el caso de la comunidad científica, debería servirse de ello, identificar variables pertinentes y diseñar nuevas series.

Además, los ministerios como el de Pesca deberían emplear tendencias observadas para ajustar los dispositivos de regulación.

Derrames siguen afectando a poblaciones de aves

Por otra parte, Sandra Giner, profesora y parte del Instituto de Zoología y Ecología Tropical de la Universidad Central de Venezuela (UCV), presentó una charla sobre el impacto de los derrames de hidrocarburos sobre las aves marino-costeras y sus hábitats, que son particularmente susceptibles a estos eventos.

Y esto porque utilizan frecuentemente las áreas donde el petróleo tiende a concentrarse, como la superficie del mar o a lo largo de las playas, intermareales fangosos o arenosos y manglares donde pueden depositarse “grandes cantidades de petróleo”.

Otros grupos afectados por los derrames petroleros son los invertebrados marinos, peces, tortugas y mamíferos marinos.

En su ponencia, Giner detalló que especies buceadoras como pelícanos, bobas, chiparos y gaviotas son las principalmente afectadas por derrames petroleros, ya que al zambullirse en el mar con derrame petrolero terminan con el plumaje lleno de aceite.

Mientras que, al aproximarse a la costa, el derrame se deposita en playas, manglares y planos intermareales, afectando a especies que descansan sobre la superficie del mar, como flamencos, garzas, corocoras, pollas y aves playeras.  

Al llenarse de petróleo el plumaje, pierden sus propiedades impermeabilizantes y aislantes y se reduce la capacidad de vuelo para desplazarse en búsqueda de alimento. Está comprobado que tras la contaminación por hidrocarburos, las pérdidas de las propiedades del plumaje son la principal causa de muerte de las aves marino costeras.

Además de este riesgo, las aves pueden resultar intoxicadas por ingesta de petróleo por acicalamiento o consumo de presas contaminadas, lo que ocasiona diversos problemas de salud como disminución de absorción de nutrientes, anemia, disfunción de respuesta inmunológica, respuesta inflamatoria, deterioro reproductivo y crecimiento detenido.

En 2002 y 2023 se reportaron especies petroleadas que terminaron muriendo, como garzas y flamencos. En lo que va de 2024, ONG han reportado el rescate de una tortuga y una garza en la zona del bajo San Francisco, en el Zulia.

“Las ONG de la zona se encargan de rescatar esos animales petroleados, o la gente se los lleva. En la última oportunidad consiguieron que Pdvsa les proporcionara el líquido para hacer la limpieza de la tortuga. Pero en líneas generales, es bastante precario cuando tenemos este tipo de situaciones,  la recuperación depende de la buena voluntad, porque no hay institucionalmente una organización que se ocupe de rescatar este tipo de fauna”, sumó.

Para enfrentar esta situación, la profesora Giner mencionó que es urgente establecer una línea base actualizada de poblaciones de aves marino costeras en costas e islas de Venezuela.

“No tenemos información sobre los tamaños de las poblaciones residentes y migratorias, ni sobre los patrones de utilización en los sitios de las costas”,  acotó Giner, por lo que también se requiere conocer parámetros demográficos como la supervivencia y el éxito reproductivo de las poblaciones para compararlos con los datos una vez ocurran los derrames. Se necesita establecer además otros datos, como las tasas de consumo de presas, análisis hematológicos para determinar la intoxicación en las aves marino-costeras, entre otros.

La profesora enfatizó que se necesita entrenar personas para la recuperación de las zonas afectadas por derrames petroleros, “así como laboratorios y equipos necesarios para poder hacer esa recuperación”. Esto debería ser costeado por las empresas petroleras responsables de los derrames, pero supervisado por instituciones preocupadas por la fauna.

Para el profesor Cárdenas, la solución para los derrames continuos en las costas del país tienen que ver con hacer un seguimiento cerrado de la actividad pesquera y petrolera, para así poder “cuantificar el efecto, medir las pérdidas, medir cesantes, hacer las compensaciones que hagan falta y corregir la situación”.