lunes, 4 marzo 2024
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Cambio climático, la materia pendiente en las aulas que frena la sensibilización ciudadana

Las asociaciones civiles venezolanas dedicadas al ambientalismo han tenido que asumir ese papel educativo.

La educación ambiental es fundamental para enfrentar de mejor manera los daños y desafíos del cambio climático y para concientizar la interrelación existente entre el impacto de esta problemática sobre los avances o retrocesos sociales y económicos de las poblaciones. Pero convertirla en un vertedero eje de transformación social y medioambiental implica reformas en las políticas educativas nacionales, en los marcos curriculares, planes de estudios y textos académicos de educación primaria, secundaria y universitaria.

En Latinoamérica, afirma la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), aunque en los sistemas escolares se referencien cuestiones relativas al medioambiente, la profundidad con que se abordan es muy baja.

Venezuela fue uno de los países pioneros en su incorporación dentro de los currículos de formación, incluso, a inicios de los años 90, en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL) -dedicada por excelencia a la formación docente- se creó una maestría y un doctorado en Educación Ambiental. Pero desde 1999, cuando se implantó el diseño curricular bolivariano, toda esa estructura se fue desvaneciendo, asegura Maritza Acuña, doctora en esta cátedra y egresada de dicha casa de estudios.

“No se ha actualizado (el contenido ambiental) en los programas de estudio después de que cambiamos al currículo bolivariano, en el que se difuminó, en todas las áreas, la educación ambiental (…) Todo decayó muchísimo porque se dejó de dar formación a los maestros en esa área y quedó solo para los que estuviesen interesados o especializados. Ya no hay docentes formados en ambiente porque o se fueron o se jubilaron. Aquí, a nivel formal, no se da la educación ambiental con la importancia que tiene. No tiene una estructura de difusión, prácticamente ni se hace”, señala.

Acuña, también coordinadora general de la ONG Pequeños Científicos -dedicada a promover actividades educativas en pro del ambiente y la ciencia-, explica que en el currículo anterior, profesores universitarios de diferentes centros de educación superior hacían jornadas nacionales de capacitación en escuelas para actualizar a docentes en temas medioambientales. Seleccionaban a un grupo de cada colegio y posteriormente esa persona con nuevos conocimientos entrenaba al resto del personal de su institución, pero “nunca más se hizo”, al menos no como política gubernamental.

La Unesco ha pedido que la educación ambiental para un desarrollo sostenible sea un componente central en los sistemas educativos en todos los niveles para 2025.

Nicolás Maduro solicitó en noviembre de 2022, tras su llegada de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP27), que se comiencen a incluir programas sobre cambio climático y preservación del medio ambiente en los pensum académicos de colegios y liceos venezolanos. En los últimos 23 años, sin embargo, durante las gestiones chavistas, no se ha hecho nada al respecto. La propia comunidad científica venezolana ha criticado que la delegación venezolana no ha trazado fecha para, por lo menos, alcanzar “cero neto” de emisiones y se ha quedado rezagada de los acuerdos contraídos en esta COP.

Las asociaciones civiles venezolanas dedicadas al ambientalismo han tenido que asumir ese papel educativo.

Provita, por ejemplo, que desarrolla actividades socioambientales para conservar la naturaleza, ha preparado a grupos docentes en temas de diversidad de aves en el programa Uniendo las Américas, según cuenta su coordinadora en Educación, Nila Pellegrini. Esa misma organización también desarrolló la campaña educativa Yo Cambio, con la que, mediante un conjunto de charlas y un sitio web interactivo con guías prácticas, ha informado a múltiples comunidades acerca de los procesos climáticos y los cambios a realizar para mitigar sus impactos.

La educadora menciona que la Fundación para la Defensa de la Naturaleza (Fudena) ha desarrollado actividades educativas en escuelas de las regiones costeras relacionadas con microacciones que aceleran el aprendizaje social, fomentan la consciencia ciudadana y logran cambios significativos en el entorno.

Ella, al igual que Acuña, recuerda que en un momento la UPEL, la Universidad de Carabobo y la Simón Bolívar (USB), donde coordina los postgrados de Desarrollo y Ambiente, realizaron un proyecto conjunto de formación para maestros de múltiples entidades en materia de sustentabilidad en humedales. Algunos eran de comunidades cercanas al lago de Valencia (Carabobo), a la laguna de Tacarigua (Miranda) y al Refugio de Fauna Cuare (Falcón). Desarrollaron estrategias de planificación, formularon de proyectos pedagógicos de aula y elaboraron unidades didácticas con ese contenido ambiental. Hacían seguimiento a los resultados pero luego se abandonó.

Ahora, algunas de esas instituciones de educación superior, incluyendo otras privada como la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y la Metropolitana (Unimet), se agruparon en el Centro Regional de Experticia en Educación para el Desarrollo Sostenible de la Gran Caracas (RCE), que busca “la articulación de acciones de docentes, investigadores y estudiantes, en pro de una educación transformadora que impulse el desarrollo sustentable” en la capital.

Esta organización que está tutelada por las Naciones Unidas también tiene como objetivo transformar a las universidades el “laboratorios vivientes” de la sustentabilidad.

Temarios locales 

En la UCAB, por ejemplo, la casa de estudios en la que Joaquín Benítez es director de Sustentabilidad Ambiental, ha hecho revisiones de los pensums de todas las carreras de pregrado que ofrece a fin de incorporar en las diferentes cátedras las temáticas ambientales. A la fecha, 133 asignaturas, es decir 9,93% sobre el total de 1491, ya poseen contenido ambientalista.

Ellos han establecido prácticas de ecología y sustentabilidad en su propio jardín y en el Techo Verde que poseen, el cual ha sido una iniciativa con impacto en docencia e investigación porque ha fungido como un espacio que permite a las ONG, a la comunidad universitaria y a la población vecina de su sede de Antímano, en Caracas, tener interacción con temas de energías ecoamigables y clima.

“Como actividad del plan estratégico 2023 se pretende actualizar el programa de la cátedra institucional. Incorporando más elementos vivenciales y prácticos como el Aula Abierta de Reciclaje y el Área Conservada”, se reseña en el informe de Sustentabilidad 2022 de esa institución jesuita.

En esas adaptaciones, agrega Benítez, es importante usar lo local como herramienta pedagógica. Cree que los contenidos programáticos deben plantearse en función de los ecosistemas o entornos ambientales de la región a la que pertenezca cada colegio. Y con ello coincide Pellegrini, que dice: “Hay que estudiar el ambiente donde se encuentra el estudiante para transformar la temática a impartir. Un maestro que vive en Canaima y trabaja con los indígenas debe conocer cómo viven los estudiantes para poder plantear problemas ambientales de su comunidad y posibles soluciones. Así, el alumnado tendrá una mirada de conservación de su ambiente. Entonces, lo que el maestro va a impartir en Bolívar no debe ser lo mismo que da en Caracas, y lo mismo lo transferimos a Margarita”.

Pero para que ese proceso pueda funcionar el docente debe dar respuestas creativas, para lo cual debe estar capacitado y familiarizado con la educación para el desarrollo sostenible y conocer sobre cambio climático y biodiversidad; debe prepararse para llevar a la práctica su experiencia en este ámbito utilizando enfoques de aprendizaje transformador, tal como lo recomienda la agencia ONU líder en educación en el boletín Aprender por el planeta: Revisión mundial de cómo los temas relacionados con el medioambiente están integrados en la educación.

Uno de sus planteamientos recogidos en una hoja de ruta sobre la educación ambiental es justamente el ofrecimiento de incentivos a autoridades regionales para que la incluyan de forma adaptada al contexto local en los planes de estudio mientras logran la incorporación permanente en los sistemas de aprendizaje.

Comunidades empoderadas 

En el marco del Día Mundial de la Educación Ambiental, conmemorado cada 26 de enero, la Fundación de Educación Ambiental (Fundambiente), un ente adscrito al Ministerio para el Ecosocialismo, realizó el primer Encuentro Nacional sobre Educación Climática y empezó a hacer jornadas de sensibilización puerta a puerta bajo el lema El clima nos afecta a todos.

Según información oficial compartida por el ministro Josué Lorca Vega en su cuenta de Twitter, esa última actividad se hizo en ocho estados, con 1.585 familias abordadas. Un total de 12 comunidades de 11 municipios fueron atendidas por los 635 trabajadores de esa cartera ministerial y otros organismos gubernamentales de ambiente.

La población impactada, asegura el funcionario, fue de 4.876 personas.

Pero en el proceso de empoderamiento de las comunidades es crucial no solo que se les enseñen los conceptos básicos de ambiente, sino lograr que tanto ellas como el estudiantado de los centros educativos se involucren a la temática de forma social y emocional.

Debe lograrse que cada comunidad local desarrolle valores y actitudes que contribuyan a crear un futuro más sostenible; que puedan participar en los procesos públicos y coordinar programas y planes, entre ellos de estudio, con las autoridades locales a fin de que incluyan la educación para el desarrollo sostenible en estos.

“Los centros de aprendizaje comunitarios pueden servir de centros de aprendizaje permanente sobre la EDS en sus comunidades (…) Los responsables de la formulación de políticas en el plano nacional deberían alentar y apoyar los esfuerzos realizados por las comunidades locales y asegurar su coordinación como parte de la acción nacional en relación con (…) las contribuciones nacionales al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

La UCAB a través de su programa Líderes Comunitarios Ambientales, con un grupo de la Dirección de Extensión Social, ha formado a jóvenes y adultos de sectores de Antímano para ayudarlos a sensibilizar a su vecindario, a identificar las problemáticas y definir qué es lo prioritario a atender. Desde 2017, según dice Joaquín Benites, han dictado talleres en todos los municipios de Caracas.

En el país, los procesos intergubernamentales relacionados con el cambio climático y la biodiversidad no están lo suficientemente compenetrados o alineados con el sistema de educación, lo cual impide una verdadera sensibilización que promueva las acciones comunitarias en pro del ambiente. Venezuela, Estado miembro de la ONU, debe prestar atención a estas cuestiones ambientales, con la debida importancia que merecen para garantizar que lo que aprendemos nos ayude a lidiar con los desafíos medioambientales a los que nos enfrentamos en el país y el mundo.