jueves, 30 mayo 2024
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Biodigestores, sanear, purificar: cómo tratar las aguas de Santa Elena de Uairén

El Departamento de Gestión de Riesgo de Protección Civil del municipio Gran Sabana se propone organizar un plan piloto en uno de los sectores más afectados por las inundaciones y el consumo del agua con la finalidad de impulsar cambios en el manejo de sépticos y aljibes y dar el ejemplo a los habitantes de otros zonas similares.

“Al final, toda el agua es permeable porque vivimos en un sistema de lagunas. Todo lo que hagas aquí va a parar al río”, advierte Vilma Vásquez, arquitecta, con décadas de residencia, trabajo y estudios en Santa Elena de Uairén, la capital del municipio Gran Sabana del estado Bolívar, la única y última población al sureste de Venezuela. Por eso, la experta descarta la conveniencia de aljibes (depósitos subterráneos de agua) y sépticos que desde al menos el último lustro se han perforado en la ciudad para paliar la ausencia del agua.

Los ríos de los que se sirve Santa Elena tienen suficiente caudal, asegura la arquitecta. Simplemente hay que duplicar los tres tanques de almacenamiento y distribución existentes, optimizar las redes de distribución y retomar los planes de tratamientos de aguas servidas, a través de una planta, para aquellas zonas en donde existen cloacas que van directamente al río Uairén como casco central, Orquídea, Guayabal, Akurimá, Cielo Azul, parte de Kewey 1 y construir biodigestores en donde ahora hay sépticos. Esas aguas servidas, una vez pasadas por el biodigestor, pueden usarse para el riego del césped y jardines que, en lugar de ser contaminantes, abonan.

Un biodigestor es un sistema que permite la descomposición de materia orgánica, como residuos vegetales, estiércol animal, heces humanas y desperdicios de comida, para producir biogás y fertilizantes naturales. Son, a su vez, una alternativa sostenible para el tratamiento de residuos orgánicos y la generación de energía limpia.

Vásquez lideró un proyecto de construcción de biodigestores contratado por la Alcaldía de Gran Sabana a comienzos de este siglo, año 2000.  Se construyeron 94 biodigestores en La Orquídea y El Guayabal. La institución municipal costeaba los tanques y los beneficiarios debían costear la conexión. “La mayoría se conectó, otros lo utilizaban para guardar gasolina”, lamenta.

La última afirmación no es un hecho menor. Hasta 2019, la reventa de gasolina fue una de las principales actividades de sobrevivencia y un poderoso atractivo migratorio en la zona, según el estudio Fronteiras Inflamáveis.

En la isla de Margarita, Vásquez lideró un proyecto similar. A partir del aprendizaje que le dejó el proyecto de Santa Elena de Uairén, firmó un contrato con los beneficiarios, quienes se comprometieron a hacer las conexiones. La formalidad generó buenos resultados. La Alcaldía estaba pagando por la construcción de los biodigestores en una zona rural en donde no había cloacas ni la posibilidad de construir un sistema sin impacto ambiental y en donde además las aguas servidas pasaron de ser un desecho, un problema, a ser abono. Por eso exigió el cumplimiento de los beneficiarios del proyecto.  

La vuelta a lo básico: sanear las aguas

En cada comunidad, incluso en cada casa de familia que visita, Carmen Urquía, bióloga, parte del equipo del Centro de Estudios Regionales de la Universidad Católica Andrés Bello (CER, UCAB-Guayana), promociona y explica distintos métodos de desinfección del agua.

Cuando no lleva los dípticos informativos, da la charla y luego solicita el correo electrónico o el contacto de la persona y, sin falta, pasa el material con los pasos a seguir.

Lo primero es filtrar el agua usando un colador fino y después hervirla durante 10 a 15 minutos, o clorarla vertiendo tres a cuatro gotas de cloro por litro.

Su método, el que utiliza en casa y promueve entre amigos, es la desinfección solar (Sodis) que solo necesita de la luz solar, abundante y gratuita durante todo el año en Venezuela, y botellas plásticas (o de vidrio) transparentes y limpias.

La UCAB distribuye estos materiales con instrucciones para el manejo y filtrado del agua.

Colar y luego hervir, clorar o filtrar al sol son los métodos sugeridos por la UCAB.

La desinfección ocurre porque los rayos ultravioletas contribuyen a la elevación de la temperatura del agua de una forma constante, imperceptible a simple vista e infalible.

Carmen Urquía es una devota de la importancia de llevar a las comunidades vulnerables información sobre la calidad del agua y su relación con la salud.

Durante sus visitas a Santa Elena de Uairén, Gran Sabana, no evaluó agua comprada, pero sí botellones. “Y en algunos casos salía no apta, pero ya no por la presencia de coliformes fecales sino por un problema de manejo inadecuado del botellón”, cuenta.

Los sitios de llenado de botellones de 20 litros proliferan en la ciudad. Cada quien lleva su envase y lo recarga directo, o a través del propietario de la fuente. Cada recarga tiene un valor de entre dos a cinco reales brasileños, 40 centavos a un dólar. En este caso, son tan importantes la calidad del agua como el lavado del botellón y de las manos de quien lo llena.

“Vamos a darles instrucciones para que ustedes hagan las cosas bien y, sobre todo, para que no se nos mueran niños, para que no se nos enfermen”, reitera Urquía en cada visita.

Según Encovi 2021, la única encuesta nacional de condiciones de vida, 29,5% de los hogares tiene entre sus integrantes menores de cinco años.

Un plan piloto para las aguas

El Departamento de Gestión de Riesgo de Protección Civil (PC) del municipio Gran Sabana se propone organizar un plan piloto en uno de los sectores más afectados por las inundaciones y el consumo del agua con la finalidad de impulsar cambios en el manejo de sépticos y aljibes y dar el ejemplo a los habitantes de otros zonas similares.

Marina Brito, la coordinadora de Gestión de Riesgo, comentó que, tal vez, se haga en El Nazareno, una zona que se considera inundable, con mayor cantidad de excavaciones. En El Nazareno habitan alrededor de 454 familias y las secuelas de las inundaciones en la salud de los vecinos ya son conocidas.

Planifican contabilizar ambos tipos de pozos, trabajar junto al personal de la Clínica Popular Especializada en Salud Ambiental del Programa de Malaria Gran Sabana (Centro de Diagnóstico 1400) en la desinfección del agua y exhortar a los vecinos a que tapen sus pozos.

La idea es que este piloto sea una ventana demostrativa del deber ser para los habitantes del resto de las barriadas con servicios y vulnerabilidades similares.

Aguas: propuestas y acciones de gobierno local

En la Propuesta metológica para la ordenación territorial de humedales del área urbana de Santa Elena de Uairén (UBV), los ingenieros Rafael Contreras y Rosaida Montilla, escribieron que “la falta de interés institucional y la no apropiación de las herramientas jurídicas brindadas por el Estado venezolano por parte de la sociedad, favorecen la destrucción y/o intervención negativa del ser humano contra los humedales del casco urbano de la ciudad”. La cita corresponde a su trabajo final del diplomado en 2012 en el que ambos participaron en la Universidad Bolivariana de Venezuela.

Hasta 2013, el Plan de Ordenamiento Urbano Local (PDUL) de Gran Sabana, un instrumento jurídico de planificación que tiene como propósito definir con precisión el desarrollo urbano de un municipio, había sido actualizado en dos oportunidades, pero no aprobado ni materializado. El PDUL está enmarcado en la Ley Orgánica para la Ordenación del Territorio de 1983. Sirve, además, como marco de referencia espacial a los planes de desarrollo de mediano y corto plazo del país, y a los planes sectoriales adoptados por el Estado.

Montilla y Contreras recomendaban reactivar el Consejo Local de Planificación Pública, un órgano que forma parte del Sistema Nacional de Planificación y que opera en concordancia con los lineamientos establecidos en el Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación; actualizar los estudios base requeridos, sensibilizar, orientar y educar a la población e instituciones en materia ambiental y desarrollar el plan de gestión de riesgo.

Entrevistado para este trabajo, el alcalde del municipio Gran Sabana, Manuel de Jesús Vallés, asegura que tanto él como su equipo están conscientes de que las cloacas caen directo al río Uairén. “No estamos negando esa realidad, eso nos preocupa y nos ocupa. La prioridad ahorita es el agua potable y luego vamos con el otro tema. Si nos dedicamos al tema de las aguas servidas y no generamos aguas para el consumo, ¿qué vamos a tratar?”, expresa el alcalde, quien prioriza la recuperación de las represas de las que se sirve Santa Elena de Uairén y redes de distribución.  

Con respecto a las tres lagunas alrededor de las cuales creció Santa Elena de Uairén, Akaraimapay, Karará y Wek Ku’ Pö, afirma lo que sigue: “Ya compramos equipos para ir saneando e ir abriendo sus drenajes porque tanto tiempo sin mantenimiento en esos espacios ha provocado que se tapen, y estamos en ese proceso de iniciar, antes de que lleguen las lluvias, la limpieza de los canales de agua, tanto de lagunas como de quebradas, para que cuando venga el invierno, ojalá Dios nos proteja y no nos permita vivir lo que vivimos en el año anterior”.

Al final, anuncia nuevas buenas para el vertedero en la comunidad indígena de Santa Teresa de Kanaeyutá, un lugar rodeado por nacientes de agua y morichales, en los límites del sector oriental del Parque Nacional Canaima.

“Eso sigue siendo un vertedero, pero le estamos dando el manejo que corresponde porque tampoco se atendió. Nos estamos planteando la creación de una empresa de reciclaje, estamos buscando los permisos, la infraestructura que necesitamos para que todo cartón, plástico, hierro, aluminio y todo aquello que podamos aprovechar aquí le demos el provecho y, más allá de que miremos la basura como un problema, la miremos como un negocio”, afirma. Que así sea.

La recarga de botellones se ha convertido en una fuente de ingresos para quienes disponen de aljibes o pozos profundos y una alternativa para quienes no tienen acceso al agua en sus hogares | Foto Morelia Morillo