Salud

El entomólogo y coordinador del Centro de Investigación de Campo Dr. Francesco Vitanza en Tumeremo, Jorge Moreno, evalúa positivo el impacto de diversas organizaciones internacionales al sur del país para el control de la epidemia de malaria. Sin embargo, asegura que “el mal ya está hecho” y esta estrategia debe replicarse, y perfeccionarse en el resto del país con la recuperación de la Dirección General de Malariología.
Al módulo de Manoa y Vista al Sol acuden personas que residen en zonas lejanas del estado Bolívar -e incluso desde Delta Amacuro- debido a la falta de diagnóstico o medicinas en sus comunidades, y a veces no logran ser atendidos por lo que tienen que acudir a laboratorios privados para diagnosticar la enfermedad y así poder tratarse.
Los bebés recién nacidos que ameriten cuidados intensivos en Puerto Ordaz y San Félix deben ser remitidos al hospital Ruiz y Páez (en Ciudad Bolívar), recinto que tampoco cuenta con una unidad de cuidados intensivos y en el que a veces el personal de la salud debe utilizar material artesanal para salvar la vida de la mayor cantidad de niños que sea posible.
De todas las emergencias, las enfermeras del área de pediatría del Hospital Uyapar creen que solo pueden solventar un 2% de ellas. No hay insumos, ni médicos suficientes para aliviar el sufrimiento de los pacientes y sus familiares. El pediatra Hugo Lezama califica el estado del servicio como la “anti medicina”.
La migración de aproximadamente 70 mil personas a minas ilegales como oportunidad de mejora económica, la falta de tratamientos y la nula fumigación por parte del régimen han convertido al estado Bolívar en la principal cuna de malaria en América Latina.
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