sábado, 24 febrero 2024
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“No me alcanzará la vida para pagarle a La Chinita por la vida de mi hijo”

La Virgen de Rosario de Chiquinquirá, patrona de los zulianos, cumple hoy 313 años de la renovación milagrosa y 80 años de su coronación y para Daniel, un agente de ventas, la virgen salvó la vida a su esposa y su hijo recién nacido.

Daniel y Mónica tenían todo planeado. Luego de un largo noviazgo, la pareja se casó y ocho meses después recibieron la que hasta ese momento era la mejor noticia de su vida: iban a ser padres. Inmediatamente comenzaron los controles, la dieta y los cuidados necesarios. No pasaba un día sin que Daniel le hablara a su hijo mientras se gestaba en la barriga de su madre. El niño, para su padre es un milagro de la Virgen de Chiquinquirá.

Siete meses después, Mónica presentó un dolor de cabeza que no cedía con nada, se fueron al médico de emergencia y las noticias no fueron buenas: la madre estaba sufriendo una preclamsia severa y había que sacar al niño de emergencia a través de una cesárea porque ya había perdido todo su líquido amniótico. Todo se derrumbó.

Para ese momento Daniel dejó de escuchar malas noticias y se concentró en la oración. Rogaba día y noche por la salud de sus amores, de los que se esperaba que solo uno se salvara debido a la complicación de la preclamsia con el síndrome de Hellp.

El diagnóstico médico iba empeorando, pero con la misma intensidad crecía la fe del padre, que aunque reconoce que siempre fue creyente de la virgen, aquella situación lo acercó más a su patrona, la Virgen de Chiquinquirá.

Mientras su esposa e hijo se debatían entre la vida y la muerte, Daniel aprovechaba los ratos libres para volver a casa, bañarse y regresar rápido al hospital, después de la hora de visita se negaba a irse, así que se quedaba con su carro en el estacionamiento.

Luego de cinco días la salud de Mónica se estabilizó, pero el bebé empeoró su cuadro clínico y la doctora tratante insistía en que el niño no lo superaría. Lo primero que preguntó Mónica en la sala de recuperación fue por su hijo. Aquella imagen del bebé tan pequeño y sin reaccionar la hizo pensar que había perdido a la criatura, pero Daniel la llevó a UCI pediátrica para que viera a su pequeño por primera vez, que permanecía intubado.

Aquella plegaria se intensificó con los días, porque si el niño no reaccionaba había que desconectarlo y moriría, pero los padres rezaban el rosario sin cesar todos los días, durante horas a los pies de la incubadora en la que su hijo luchaba por vivir. A la par, los abuelos, primos y hasta la familia que estaba en el exterior hicieron cadenas de oración por la salud del pequeño.

El día del milagro

A Mónica le dieron de alta. Desconsolada por no poder llevar a su hijo consigo logró el apoyo que necesitaba en su esposo y en la fe que mantuvo firme. Pusieron una estampita de la Reina Morena y otra de Jesús de la Misericordia en la caja de cristal y a las once de la mañana todos los días sin falta, los padres iban orar por su pequeño y por las noches, Daniel seguía en el estacionamiento, pero a veces se iba en la madrugada para la Basílica a pedir, a rogarle a la virgen.

Al siguiente día, el bebé comenzó a mostrar un poco de mejoría, pero una vez más los doctores fueron crudos: “Si el niño no reacciona por sí solo y orina, no va a pasar la noche porque está reteniendo líquido”. Esa noche Daniel, desesperado, volvió a la Basílica, lloró de angustia y de miedo, pero le prometió a La Chinita que si le salvaba la vida a su hijo todos los años llegaría a pie hasta su altar para dar gracias.

Mónica escasamente se sostenía en pie, estaba destrozada por aquella noticia. Pero después de una noche angustiosa y de rezos en familia, la doctora dijo: “El niño reaccionó de una manera increíble, no les puedo asegurar qué pasó, ni cómo, pero está evolucionando. Ya orinó”. De ahí en adelante el bebé fue mejorando hasta que casi dos meses después, el 21 de diciembre, los médicos se lo entregaron a sus padres como regalo de Navidad.

Daniel y Mónica están convencidos que su fe y las oraciones, jamás descansaron, provocaron que La Chinita les concediera el milagro de tener a su hijo sano y salvo.

Una familia cargada de fe

Sentados en la sala de su casa, al oeste de Maracaibo, la familia no solo contó su historia de fe, sino que aseguran que estarán eternamente agradecidos.

La fecha escogida es el cumpleaños de Daniel Alejandro. Ese día toda la familia camina 11,4 kilómetros con flores y pancartas en mano hasta la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá para dar gracias por la vida del niño. Además, cada 18 de noviembre se reúnen con familiares y amigos para rezar el rosario en casa y ponerle una velita a la virgen en su propio altar.

Este año la reliquia de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá bajó de su altar para reencontrarse con su pueblo, luego de tres años de ausencia a causa de la pandemia. La plazoleta de la Basílica se llenó de feligreses quienes pagaron sus promesas de fe a su patrona y que así como Daniel y Mónica que afirman que no tienen cómo pagarle.

Hoy La Chinita celebrará 313 años de la renovación milagrosa, 80 años de  su coronación canónica y aunque su historia se remonta al año 1749, la fe de su pueblo es tan inmensa como su agradecimiento por los favores concedidos.

Daniel Alejandro no solo fue salvado de la muerte, sino que la humildad y la gracia de la santa patrona de los zulianos se quedaron para siempre en su corazón. Reza el Ave María, el Padre Nuestro y conoce muy bien su historia.

Con alma de artista, bondadoso, inteligente y una dulzura que raya en la ternura, ya ha comenzado a perfeccionar sus dotes de dibujante y asegura que le encanta caminar para ver a la virgen que lo devolvió a sus padres, por lo que siempre estarán agradecidos.