jueves, 29 febrero 2024
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Comerciantes: “Seguimos estancados”

El flujo de vehículos por San Antonio del Táchira no ha impactado en el centro de la ciudad. El casco central sigue desolado. Los pocos negocios abiertos no ven virajes fructíferos.

La avenida Venezuela, en San Antonio del Táchira, presenta en la actualidad mayor dinamismo, aportado por la circulación de vehículos y motos tras la reactivación del puente internacional Simón Bolívar el pasado 17 de febrero.

Ese movimiento, aunque es notorio en la emblemática avenida, no ha impactado en los comerciantes, ni siquiera en los que tienen sus locales abiertos a lo largo de la arteria vial que conecta con la aduana principal de la ciudad y, posteriormente, con el tramo binacional.

Tres comerciantes de la zona, que desafiaron los más de siete años de cierre y han logrado sobrevivir, llegaron la misma conclusión: “Seguimos estancados”. La frase, aunque suena lapidaria, no ha hecho mella en la esperanza, valor que los mantiene de pie pese al todavía lóbrego escenario.

Judith Hernández, con más de 13 años en el comercio, aseguró que el único cambio “es que uno ve pasar carros todos los días por la avenida, pero para el comercio no ha habido nada diferente, todo el tiempo nos mantenemos solos”.

Hernández, junto a su madre, ofrece partes de motor para carros. A la ciudadana le resulta complejo dejar de lado las imágenes de antes del cierre de 2015, donde todo era concurrido: “Era mucha la gente que venía a comprar, que venía a comprar lo que requerían para los motores de sus carros”.

Al igual que los demás comerciantes, es consciente que en la actualidad la gente viene es a comprar comida, a llevar productos de primera necesidad. “El carro, para muchos, ya no es prioridad”, soltó.

“¿Qué va a hacer un colombiano en San Antonio?”, lanzó en modo de pregunta la entrevistada, para luego responder a su propia interrogante: “Nada, pues aquí estamos invadidos de productos colombianos, y no es rentable para ellos venir a encontrar lo mismo y más caro. Ya no hay producción venezolana. Vaya a un supermercado y compruébelo”, remarcó.

Hernández y su progenitora no han cerrado, quizá, porque el local es propio y no se ven preocupadas por el pago de alquiler: “Necesitamos recursos para invertir, para volver a importar esos productos de calidad que se ofrecían. Al igual que la reactivación de la producción nacional”.

La esperanza es lo único que no ha perdido la comerciante. Así lo recalcó en su intervención: “No sé qué vamos a hacer, ya que no hay compradores, y quienes llegan pasan directamente a Colombia. Allá está la prioridad para muchos”.

“Hay que empezar de cero”

Para José Humberto Jaimes, con 26 años de experiencia en el comercio formal, la noticia de la reapertura para el paso de vehículos fue recibida con beneplácito; no obstante, para los empresarios es como si “empezáramos de nuevo, ya que fueron siete años de cierre que nos paralizó”.

Jaimes asegura que la reactivación comercial no se ha palpado del lado venezolano de la frontera, donde las ventas aún son muy bajas: “Hay que entender que el tiempo que estuvimos cerrados fue mucho. Creo que será un proceso paulatino y lento”.

Un punto que analiza desde el interior de su negocio, ubicado en la avenida Venezuela, es la inseguridad y poca confianza que persiste en quienes no terminan por ver la zona como una fuente segura para la inversión. Además recordó que arrancar de cero acarrea un costo elevado.

“La gente se ha acostumbrado a ir a Colombia a comprar y se nos hace difícil competir con ellos cuando manejan precios más bajos y tienen una producción estable”, enfatizó.

Jaimes reiteró que la inestabilidad hace que el empresario no vea viable invertir en San Antonio del Táchira: “Las autoridades deben generar confianza, darle exoneraciones a la gente, pues aunque hay buenos deseos, muchos no tienen los ingresos suficientes para empezar”.

Frente a este panorama, pronostica que la recuperación del municipio no va a ser a corto plazo: “El cierre de frontera nos quebró a todos los comerciantes, hay que partir de esa premisa, para empezar de cero y sincerarnos en muchas cosas”. 

Ocho años en el comercio

Dayana Guerrero empezó en el comercio cuando San Antonio aún era pujante. Pese a que han transcurrido varios años de aquella imagen, no se le ha borrado, sigue intacta en su memoria, y espera que sea la nueva realidad de la frontera.

Guerrero tiene un salón de belleza, tipo spa, en la jurisdicción fronteriza. Antes tenía una boutique, pero decidió cambiar de nicho, reinventarse hacia un área que ha tenido la aceptación de los sanantonienses.

“Hace falta mucho por mejorar. Vemos bastante carros transitando la avenida, pero nadie se baja a comprar, a consumir lo que ofrecemos”, indicó mientras dejaba por sentado que el hecho de ser dueña del local la alivia enormemente.

El cambio del modelo económico del país es quizá para Guerrero un punto que no puede seguir dilatándose, y debe partir, desde su perspectiva, en la moneda que “nos representa y que está muy devaluada”.

“Tengo tres empleados y a veces se me hace complejo cumplirles con el pago”, remarcó bajo la óptica de la sobrevivencia en la que andan la mayoría de los comerciales del municipio Bolívar.

Centro desolado

El flujo de vehículos por San Antonio del Táchira no ha impactado en el centro de la ciudad. El casco central sigue desolado. Los pocos negocios abiertos no ven virajes fructíferos.

La imagen que se ofrece tampoco es llamativa: Huecos por doquier, maleza y fachadas desvencijadas reinan en la zona. Una valla, que reza “obreros en la vía”, lleva meses en el mismo lugar y es la advertencia para que los conductores esquiven la tronera.

“Me atrevo a decir que la paralización del comercio sigue por encima del 80%”, aseveró Jaimes con la experiencia que le acreditan los más de cinco lustros como comerciante.