domingo, 25 febrero 2024
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Parceleros de La Victoria solicitan a la Gobernación de Bolívar créditos para cultivar sus tierras

Guayaneses siguen echando mano de la siembra para paliar la crisis alimentaria y sobrevivir a las restricciones de movilidad durante la cuarentena por COVID-19.

@mlclisanchez

Más de 120 parceleros de La Victoria en San Félix solicitan a la Gobernación del estado Bolívar apoyo en semillas, combustible y créditos para costear maquinarias desmalezadoras y fumigadores para continuar cultivando sus tierras para el autoabastecimiento. Maíz, yuca, frijol y quinchoncho abarcan más del 70% de la producción de este año.

Las tierras del asentamiento rural de La Victoria han sido cultivadas por agricultores inexpertos durante al menos 15 años para el consumo propio. Los parceleros señalan que antes lo hacían por pasatiempo, pero hoy lo hacen por hambre.

“El Estado no apoya a los parceleros, no tenemos gasolina ni semillas. Muchas parcelas quedaron sin sembrar, necesitamos crédito para semillas, fumigadores, desmalezadoras”, expresó Pedro Beria, un abogado que también tiene una hectárea de siembra.

    Los parceleros de La Victoria no cuentan con un sistema de riego para las cosechas por falta de agua, lo que los limita a sembrar solo en tiempos de lluvia

De acuerdo con los parceleros, hace más de un año el Gobierno les trajo semillas para la siembra: 100 kg de maíz que alcanzaron para 10 parcelas, el 8,3% del terreno cultivable aproximadamente. Las autoridades exigieron 30% de la producción de esas semillas. “El descontento reinó, porque todos teníamos derecho a la siembra, los demás no recibieron nada”, dijo Beria.

La falta de combustible hace que parceleros dependan de la limpieza manual del terreno, una faena demandante que impide trabajar grandes cantidades de terreno, pues eleva el tiempo de dedicación de dos días con desmalezadoras a dos meses con azadón y machetes. “Debería haber una atención por parte del Estado hacia todos los parceleros organizados del municipio para que sean atendidos con gasolina para las máquinas desmalezadoras y motobombas”.

El último año hubo un auge de siembra -incluso- en parcelas que estaban inactivas, y que antes estaban azotadas por el hampa. La comunidad se organizó para la protección de las tierras, pernoctando por no contar con el apoyo de los organismos de seguridad. La delincuencia en la zona ha disminuido, pero el hambre no.

Para conseguir semillas, los agricultores se las ingenian. Manifiestan que las consiguen con sacrificio. Los granos los siembran con lo que viene en las cajas de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) y la mayoría del maíz sembrado es con semillas no certificadas.

“Siembran por hambre, por necesidad y eso los llevó a organizarse para cuidar los cultivos este año. No quieren que los roben porque representa el alimento para sus casas”, explicó el agricultor.

Sembrar para paliar la crisis

Beria informó que este año se abocaron tanto a la siembra, que entre 40 y 60 personas están a la espera de que les den un terreno porque ya todos están ocupados. Hay personas que ayudan a trabajar la tierra, dijo, con la esperanza de que alguien les dé una parte del terreno. “Imagínate el grado de la necesidad, gente pidiendo 20 o 40 metros al menos”, lamentó.

   
En La Victoria solicitan apoyo en combustible y acceso a créditos para contar con maquinaria que agilice la siembra de sus terrenos para el autoabastecimiento  | Fotos William Urdaneta | Archivo Correo del Caroní

Brucelina Estrada, otra parcelera, informó que las cajas del CLAP llegan a la comunidad cada tres meses y cuando lo hacen, llegan incompletas. La mujer agradece que la cosecha, aunque menguada, ha amortiguado la escasez de alimentos en su alacena, que amenaza con prolongarse por la falta de combustible que le impide a su esposo trabajar durante la cuarentena por COVID-19.

Su familia tiene dos hectáreas en las que ha sembrado calabacín, berenjena, maíz, ciruela, naranja, cambur, topocho, yuca y otros alimentos. “La comida que se coseche nos puede alcanzar para un mes -si no se la roban-, damos gracias a Dios que lo poco que cosechamos nos ayuda porque las cajas del CLAP no llegan”, dijo.

Otro de los problemas que enfrentan quienes deciden echar mano de la siembra en este sector es la escasez de agua, pues los hace depender de la época de lluvias y que se expongan a la pérdida de cosechas durante la sequía. De allí que soliciten apoyo del gobierno para la instalación de pozos profundos o máquinas de rebombeo que permitan contar con un sistema de riego para los cultivos.

“El maíz se pasmó con el verano, el gusano se los comió, las matas de topocho y cambur se nos secaron”, lamentó Estrada.

El gobierno venezolano promueve al menos cuatro programas de siembra urbana. Durante la pandemia por COVID-19, Nicolás Maduro ha propuesto la reactivación de la siembra en los urbanismos para garantizar la soberanía del pueblo y la seguridad alimentaria en los últimos meses.

En Bolívar, la gobernación y la Alcaldía de Caroní han dotado de semillas y maquinarias a productores de la parroquia Yocoima. A mediados de mayo, se sembraron 40 hectáreas de maíz y arroz, de acuerdo con la prensa de la Alcaldía. “En Guayana estamos empeñados en rescatar la siembra agrícola y pecuaria”, expresó el alcalde Tito Oviedo en notas de prensa oficiales sobre la dotación de insumos para la siembra urbana.

Sin embargo, la misma inseguridad alimentaria propició el auge de la siembra en los patios de las casas, en parcelas y en terrenos abandonados por la desidia estatal entre las comunidades de Caroní. Quienes se dedican a ello aseguran no recibir ningún apoyo en créditos del Gobierno nacional para aprovechar las tierras. Mientras tanto, guayaneses siguen sembrando conucos como pueden para paliar la crisis alimentaria.