sábado, 13 julio 2024
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Participación espontánea de electores en movilizaciones marca diferencia respecto a otros comicios

Actualmente hay masivas movilizaciones, pero también, hay un gran sector de la oposición que tiene miedo a expresar públicamente sus preferencias electorales.

Existe la percepción -hasta cierto punto errada-, de que hay una correlación entre el éxito de las movilizaciones a favor de un determinado candidato en las campañas electorales y lo que eventualmente termine por ocurrir en las urnas el día de la votación.

Y es que ganar la puja de fuerza que son los actos de calle -es decir, que algunos de los aspirantes demuestren su superioridad numérica en las convocatorias proselitistas-, no es garantía de triunfo al final.

Existen otros factores que pueden resultar determinantes, como, por ejemplo, la presencia de testigos en las mesas de votación, la coacción de electores por parte del Gobierno, la desmotivación o que un bando cuente con mayores recursos y capacidad de logística para impulsar el sufragio a su favor.

Al menos esto advierten analistas y expertos consultados por El Tiempo, quienes destacan, no obstante, la importancia de las marchas, concentraciones y recorridos, como un elemento motivador y “esperanzador” de cara a unas elecciones.

Dejando de lado las acciones de protesta contra el Gobierno registradas en 2014 y 2017, las actuales actividades “precampaña”, rumbo a las presidenciales del 28 de julio, aunque importantes y nutridas en algunos casos, resultan menores que las de hace 12 y 15 años atrás, cuando aún no se había materializado el éxodo de más de siete millones de venezolanos.

“Son escenarios distintos. Cada elección tiene su particularidad”, apunta la consultora en Comunicación Política, Paola Molina Noguera.

“Hay más de siete millones de venezolanos fuera del país. Se dinamitaron las dirigencias de los partidos políticos, por todos aquellos que debieron salir víctimas de persecución. Muchos de los liderazgos no pueden regresar al país”, explica la también especialista Estrategias de Campaña.

Actualmente hay masivas movilizaciones, pero también, hay un gran sector de la oposición que tiene miedo a expresar públicamente sus preferencias electorales.

En el caso de los recorridos por varios estados encabezadas por la dirigente de Vente Venezuela (VV), María Corina Machado, a favor del candidato de la MUD, Edmundo González, algunos comercios y locales que les han prestado servicios han terminado cerrados por el Seniat, mientras, muchos dirigentes regionales han sido detenidos por organismos de seguridad.

“Las grandes movilizaciones son muy importantes para inyectar la percepción de triunfo y para motivar al elector a participar en el proceso. Sin embargo, no son definitorias para prever los resultados de la elección”.

Aunque aún restan seis semanas para las presidenciales, las principales toldas en la contienda -tanto la Plataforma Unitaria Democrática (PUD) como el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV)- han centrado sus actividades en recorridos por el interior del país.

En conjunto, ambas organizaciones ya han realizado más de 250 concentraciones, movilizaciones y contactos personales por distintos estados -según los reportes oficiales publicados en las redes-, desde el pasado 19 de abril, cuando se oficializó la candidatura unitaria de Edmundo González.

Contacto personal y grandes concentraciones

Y aunque las actuales actividades de campaña se hayan adelantado -oficialmente esta fase debe desarrollarse desde el 4 al 25 de julio-, lo cierto es que existen precedentes en la historia electoral venezolana en que los lapsos de propaganda han sido más extensos.

La campaña que marcó el estilo actual y llevó a la modernidad la promoción de candidaturas fue la realizada por Carlos Andrés Pérez para las presidenciales de 1973.

El aspirante de Acción Democrática (AD) hizo varios recorridos por todo el país a lo largo de año y medio -desde mediados de 1972 hasta finales del año siguiente-, e incluyó visitas casa por casa, contacto personal con los ciudadanos, largas caminatas a pie, desplazamientos por carreteras y mítines masivos en grandes avenidas.

En un trabajo firmado por Milagros Socorro para el portal web Prodavinci, en diciembre de 2014, se vierten las declaraciones de Angel Ciro Guerrero, periodista escogido por el propio Pérez para acompañarlo en todos los eventos. Según esta versión, el futuro mandatario habría recorrido “alrededor de 5 mil kilómetros por callejones, quebradas, calles, avenidas y autopistas de toda Venezuela”.

Durante casi 18 meses visitó todos los pueblos de Venezuela, incluso algunos hasta tres veces.

Ciro Guerrero recuerda que Pérez fue el primero en llenar avenidas como la Bolívar y la Universidad en Caracas.

Cuando el Comité de Estrategia se opuso a que el cierre de campaña se realizara en la Bolívar, ante el riesgo de que no la llenara, Pérez respondió: “Ahí la vamos a hacer. Si no puedo llenar la avenida Bolívar, significa que no voy a ganar. Si es así, prefiero saberlo antes”. Pérez ganó a su adversario Lorenzo Fernández (Copei) con 49% de los votos, en unos comicios que tuvieron una participación de 96,52% de electores, una de las más altas de la historia del país.

Tanto el contacto directo con los votantes, como el desafío de llenar avenidas de las dimensiones de la Bolívar en Caracas, se convirtieron en una constante de allí en adelante.

En su campaña de 1998, el candidato del Movimiento V República (MVR), Hugo Chávez también hizo recorridos por todo el país, e incluso la avenida Bolívar la colmó en varias oportunidades en campañas subsiguientes.

Uno de las imágenes más representativas de mediados de la década de 2000, fue no sólo el gesto del mandatario de golpear con su puño izquierdo la palma de su mano derecha, sino la de usar, desde la tarima, binoculares para poder detallar el final de las concentración en esta arteria capitalina.

Así lo hizo el 30 de noviembre de 2007 durante el mitin de cierre de campaña a favor del Sí para el referendo constitucional. Una demostración de fuerza de calle que, sin embargo, no obtuvo su réplica al momento de un triunfo electoral en aquel entonces.

De las movilizaciones más recordadas, en cuanto a participación, fueron los cierres de campaña de Henrique Capriles Radonski y Chávez -siete avenidas llenas en el caso de este último-, para las presidenciales de 2012.

Según expertos, los casi 2 kilómetros de longitud de esta avenida multiplicados por aproximadamente 40 metros de ancho, daría un espacio disponible de cerca de 80 mil metros cuadrados. En una concentración de mucha aglomeración -cuatro personas por metro cuadrado- esta arteria vial tendría la capacidad de albergar entre 320 mil o 340 mil personas. Con menos densidad -2 personas por metro cuadrado- se podría considerar la asistencia de 160 mil personas.

De esta manera, llenar las grandes avenidas o amplios espacios no es una señal irrebatible de triunfo, sólo una demostración de fuerza y tal vez, buscar la “desmoralización” del adversario, según acotan los analistas.

Asistencia espontánea

Hay otros aspectos de las movilizaciones actuales que pueden resultar más significativos que la “asistencia masiva”, y es la “espontaneidad” y la alta motivación de los participantes.

Esto es algo que se puede apreciar en los recorridos realizados por María Corina Machado por el país, sin necesidad de invertir grandes recursos.

Según los especialistas consultados, esto es algo que se echaba en falta en las actividades de calle desde los últimos años.

“Se perciben movilizaciones espontáneas puesto que el bloque opositor tiene limitaciones presupuestarias, lo que impide contar con una logística adecuada para operar. Las movilizaciones se generan ahora desde lo local, con carácter espontáneo”, acota Molina Noguera.

Señala que la lectura también debe tomar en cuenta que el electorado viene de uno de los momentos con más apatía y desmotivación para participar.

“Gracias al liderazgo de María Corina Machado y el tener un candidato inscrito, se ha ido despertando el interés de los ciudadanos en participar en la elección, incluso de aquellos que hasta hace pocos meses eran reacios a ello o no creían en esa posibilidad”, agrega la experta.

La desproporción de recursos invertidos se observa en la cantidad de eventos realizados por uno y otro bando. El despliegue en logística ha sido más notable en los eventos del PSUV, con una mayor inversión que en el caso de la Plataforma Unitaria, a cuyos representantes se les restringe incluso la movilidad por el país.

De las más de 250 movilizaciones y actividades de calle realizadas desde el 20 de abril hasta el 17 de junio, al menos 160 corresponden al chavismo, según reportes e informaciones aparecidos en las páginas web y redes sociales oficiales, cotejadas por El Tiempo.

El politólogo y académico, Luis Rendueles, apunta que otro factor que pudiera contribuir a una menor participación en las actividades es la “desesperanza de muchos que hoy se niegan o que no pueden participar, por estar trabajado y resolviendo sus necesidades de supervivencia día a día”.

“Lo cierto es que nuestro país es mucho más pobre que hace 10 o 15 años”, subraya.

Aun así, Rendueles también observa un factor emocional que no se había visto, al menos desde la campaña presidencial de 2012.

“Hoy hay más movilización de las estructuras partidistas, pero también de jóvenes, madres y trabajadores que se suman a la figura de María Corina Machado, porque ha despertado una expectativa de cambio”.

En el gobierno nacional y el PSUV apuestan actualmente al método 1×10 x7 para la captación del votos y la posibilidad de movilizar a las personas no sólo para los actos sino, principalmente, para llevar a los ciudadanos a los centros electorales el 28J.

“La baja popularidad del Gobierno no es un secreto para nadie. Lo reflejan las encuestas, es una realidad en la calle. Ellos seguirán trabajando en distintas modalidades e incentivos (como bonos y beneficios) para movilizar una base electoral que apenas podría superar los 5 millones de personas”, agrega Rendueles.

Las movilizaciones masivas tienen un objetivo comunicacional: mostrar fuerza, percepción de triunfo o liderazgo político.

“Pero al final todas las campañas electorales, en cualquier país del mundo, ante cualquier tipo de condiciones políticas, se reduce a la movilización de personas el día de la elección. Por eso mismo, es un error fiarse de las encuestas. Por mucha intención de voto que se tenga, si eso no se traduce en votos efectivos el día de la elección, no sirve para nada”, señala Rendueles.

Molina Noguera agrega que aún no ha comenzado la campaña -aún restan 15 días- lo que contribuye a que, al acercarse la fecha de la elección, los ánimos y la motivación crezcan más.

“En un proceso dónde reina la incertidumbre. Eso mantiene la expectativa por razonas básicas ¿Habrá elecciones? ¿Se respetará la participación de Edmundo González? ¿Se respetarán los resultados?”.

En este punto, hay muchas razones para cohibirse de asistir a eventos masivos. Pero también muchos otros para participar.