sábado, 2 marzo 2024
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¿Cambió la idiosincrasia de los guayaneses?

Sostengo que Sidor fue el más concentrado vehículo popular de ascenso social por el trabajo de Venezuela donde, desde 1810, los espacios más a mano para ascender socialmente han sido los cargos políticos y la carrera militar.

No resulta difícil constatar el empobrecimiento de los habitantes del estado Bolívar ni tampoco cuantificar cuán pobres somos, la encuesta Encovi de la Universidad Católica tiene los números del naufragio de esta región. Al más desprevenido se le imponen por los sentidos la penuria de familiares y amigos cercanos. El buen vivir se nos encogió como ropa que deja de servir luego de lavarla por primera vez. Los efectos económicos de la ruina de las llamadas empresas básicas de Guayana son también cuantificables. El polo de desarrollo que aquí se cimentó junto la capacidad de exportar los bienes producidos por la industria pesada quedó para las anécdotas. Hay cifras que resumen los miles de empleos perdidos, pero no hay datos todavía del número de trabajadores cuyo entrenamiento quedó cancelado con el hundimiento de las industrias del hierro, el acero y el aluminio, acciones que configuraron un futuro enlazado con lo indeseable.

Una decisión de Estado ideó y concretó la Zona del Hierro materializando sueños e ideas de venezolanos visionarios que decidieron amansar en tramos puntuales al río Caroní y producir energía hidroeléctrica que iluminó tres cuartas partes del país y movió a la industria pesada de Guayana y a las numerosas empresas que les servían. Unas desacertadas decisiones de gobierno dieron marcha atrás a ese destino industrial exportador y lo sustituyeron por la minería aurífera, diamantífera y del coltán como instrumentos de ingresos inmediatos.

Las llamadas empresas básicas entrenaron a miles de trabajadores de toda Venezuela.

La Siderúrgica del Orinoco, Sidor, convirtió a pescadores del estado Sucre y a campesinos de todo el oriente venezolano y de Guayana en técnicos industriales y en expertos en procesos de producción. “Fue la más importante y destacada escuela técnica de Venezuela”. La frase es de mi amigo, el doctor Lucas Matheus. Sostengo que Sidor fue el más concentrado vehículo popular de ascenso social por el trabajo de Venezuela donde, desde 1810, los espacios más a mano para ascender socialmente han sido los cargos políticos y la carrera militar.

Aquí en Guayana se solidificó desde finales de los años 50 una cultura de trabajo y producción que dio nacimiento al más interesante y combativo movimiento sindical venezolano y a la mayor concentración de ingenieros del país. Tres universidades crearon en Ciudad Guayana escuelas de ingeniería civil, industrial, metalúrgica e informática; los jóvenes tenían cercanos el estudio y el trabajo, ahora en las aulas no hay estudiantes. Los hogares guayaneses y de buena parte del oriente del país veían lo permanente y el sólido futuro para todos en la zona industrial Matanzas y en las actividades económicas bajo su influencia. Sostengo también que durante los casi sesenta años de auge hidroeléctrico e industrial se conformaron en Guayana una cultura y una idiosincrasia regional de valiosas características; ambas fueron derruidas, ¿o es que acaso sobreviven debajo del silencio?

El extractivismo minero se convirtió por decreto de gobierno y por imposición de la realidad en la actividad central, predominante, de la región. Ese cambio trastocó lesivamente el lenguaje, la cultura, el precio de los bienes, las relaciones económicas, los servicios públicos, la vida de las comunidades indígenas y de los pueblos del interior del estado Bolívar donde lo cotidiano es la zozobra y el miedo, y los temas centrales de conversación lugareña son el mal vivir y la violencia.

¿Cambió la idiosincrasia de los guayaneses? ¿Pensamos ahora como buscadores de oro y de la fácil riqueza y no en el trabajo creador y productivo que da la mirada de largo plazo? ¿O somos espectadores a la fuerza de unas acciones completamente ajenas a nuestros deseos y destinos?

¿Cómo procesamos los de aquí la depredación ambiental y el aniquilamiento progresivo de la biodiversidad de nuestra exuberante naturaleza? ¿Están incubados en Guayana los componentes que conducen a la formación parcial de un Estado fallido? ¿Cómo va quedando nuestra condición de ciudadanos supuestamente iguales en dignidad y en derechos, o es que acaso caminamos sin darnos cuenta a una crónica condición de súbditos y de víctimas?

Tenemos más preguntas. Necesitamos acercarnos desde el respeto, la empatía y la solidaridad a nuestra gente, a nuestras comunidades, a nuestros paisanos en condiciones de vulnerabilidad. Necesitamos conocerlos, saber cómo piensan y sienten. Necesitamos visionarios constructores de futuro. Necesitamos opiniones, estudios y respuestas. Esas son tareas pendientes.