domingo, 25 febrero 2024
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Vivir para robar, robar para vivir

Quizás el logro más divulgado de Swaminathan, en el plano de la genética, haya sido el trigo mejorado con el cruce de las cepas de Borlaug y de Sonora 63 que dio la variedad con un tallo vigoroso, con su derivado de harina de color dorado preferida por los indios.

@omarestacio

El jueves pasado, a la edad de 98 años, murió en Chennai, India, Mankombu Sambasivan Swaminathan.

A M.S. Swaminathan -como también se hacía llamar- se le ha acreditado como “Padre de la Revolución Verde”.

Cierta mañana, Indira Gandhi, entonces primera ministra, convocó al científico al palacio de gobierno para exigirle -exigirle, puntualizamos- que liberara al país de las ataduras con las grandes potencias a la hora de votar en los foros multilaterales.

– Con el debido respeto, señora primera ministra: Soy solo un humilde genetista. ¿Qué puedo hacer en el para mí muy intrincado mundo de la política internacional?

– Que con motivo de las hambrunas que cada año azotan nuestro país -le replicó la dama- a cambio de las limosnas en comida que recibimos, tenemos que votar en la ONU, la FAO, la OMS, el FIDA, en los entes de tutela de derechos humanos, como nos lo ordenan nuestros supuestos benefactores.

A raíz de aquella reunión no se repitieron más en la India los episodios de inanición colectiva.

Quizás el logro más divulgado de Swaminathan, en el plano de la genética, haya sido el trigo mejorado con el cruce de las cepas de Borlaug y de Sonora 63 que dio la variedad con un tallo vigoroso, con su derivado de harina de color dorado preferida por los indios. No obstante, el célebre genetista tuvo, entre muchos más, otro acierto que destacamos: La semilla mejorada de arroz (crecimiento rápido, tallo corto, espiga cargada y resistente a plagas e inclemencias sin necesidad de contaminantes) sembrada, a la postre, en las dos terceras partes de la India.

Swaminathan se deleitaba por haber refutado las proyecciones maltusianas, según las cuales los bajos rendimientos y el alto crecimiento demográfico producirían una hambruna masiva en la India. Paul y Anne Ehrlich, los famosísimos expertos en población, habían dictaminado que los indios no tenían futuro a menos que una bomba termonuclear eliminara parte de sus nacionales. “Hemos decidido que eso no sucederá”, les replicó Swaminathan herido en su amor propio. El tiempo le dio la razón.

A continuación parte del ideario del sabio que como veremos trasciende el mundo de la genética:

“La mejor defensa contra del hambre es la libertad de expresión. Cuando la prensa está amordazada, el hambre pasa inadvertida y los políticos pueden entregarse a gastos suntuarios, la corrupción y al armamentismo” (…) “El mapa del autoritarismo es el mapa del hambre. A más democracia, menos desnutrición” (…) “Los programas de desarrollo deben ser dirigidos principalmente a las mujeres de quienes dependen dos tercios de los alimentos de la huerta. Mientras en la India, Filipinas, en los países del tercer mundo, en general, los hombres derrochan el producto de las cosechas en alcohol o en juergas, las mujeres lo destinan a la educación y nutrición de los niños”.

El Banco Grameen, institución microfinanciera y banco de desarrollo comunitario de Bangladés, Premio Nobel de la Paz 2006, tuvo su germen en los programas de crédito agrícola implantados en la “Revolución Verde”.

Swaminathan, genio, buen ciudadano, buen padre de familia, además fue viajero incansable. Los filipinos agradecidos por la impronta que les dejó, constituyeron una fundación que ofrece asesoría gratuita a todos los países interesados en aplicar las lecciones del nativo de India.

En mala hora, alguna noticia de lo anterior, llegó a cierto conducto auditivo, sobresaturado de cerumen impío, depredador, caótico, de malquerencia social Prueba de lo anterior, es que durante el desgobierno de Hugo Chávez se constituyó el llamado “Banco del Pueblo Soberano”, esperpento, supuesto a democratizar el crédito a imagen y semejante de la “Revolución Verde”.

Lo único cierto, en definitiva, fue que, asfixiado por impericia y la deshonestidad, resultó imperativa la cesación del referido instituto crediticio. En medio de semejante quilombo de corrupción e inexistentes principios de sana administración, su fementido presidente se preguntó, públicamente, con desenfado, después de arrasar con dicho instituto financiero, que desconocía las razones de su designación para tal cargo, él -excapellán cuartelario que había ahorcado sus hábitos sacerdotales por tarambana- sin ni siquiera haber aprendido a llevar en orden el talonario de su chequera.

No existe pócima, ni milagro posible, que redima a la llamada RoboLución Bolivariana. Porque el chavomadurismo vive para robar y roba para vivir.