sábado, 2 de julio de 2022

Una habitación propia: la escritura como arma para combatir el sexismo

Virginia Woolf escudriña cómo era la vida de una mujer en el siglo XVIII: propiedad de su marido, pobre y carente de una habitación propia. La mujer no tenía derecho a escribir, ni estudios que se lo facilitaran. Contra todo pronóstico aparecen grandes autoras con la convicción de luchar por la igualdad a través de su prosa.

@francescadiazm

La palabra feminismo es desagradable. De entrada causa rechazo y la gente siente aversión por ella. Recuerdo haber escrito un ensayo sobre feminismo en el que evité lo más posible decir la palabra y usaba eufemismos como igualdad de género. Pero en esta oportunidad ya no tengo miedo de decirlo, este texto es profundamente feminista.

Una habitación propia fue escrita en 1928 cuando a su autora, Virginia Woolf, le proponen dictar unas conferencias sobre la mujer y la literatura. Estas charlas le hicieron investigar, examinar y concluir las ideas que plasma en la obra. La escritora se encuentra con que hay muchos libros sobre el sexo femenino, pero todos son escritos por hombres; y, con sorpresa, descubre que las autoras aparecen hasta el siglo XIX, antes de ello, no hay nada escrito por mujeres ni se sabe mucho sobre cómo vivían más allá de su intervención en las novelas románticas, es decir, la mujer vista desde sus relaciones con los hombres.

No se habla lo suficiente de feminismo. Y no hablo de ese feminismo actual (el cual respeto y sigo), sino de la historia del movimiento. Nos educan realmente poco sobre cómo evolucionó la imagen y el constructo social femenino, no nos dicen suficientemente cómo era ser mujer hace no tanto tiempo. Atribuyo a esto la aversión de las mismas mujeres por la palabra, por el movimiento y por lo que representa: lo consideran inútil, consideran que ya tienen todos los derechos que podrían tener y no puedo culparlas, ya que desconocen que los derechos y libertades de las que gozan para despotricar el feminismo, se lograron tras una lucha incansable. Los derechos que para el hombre son intrínsecos, la mujer ha tenido que ganárselos.

Woolf escudriña cómo era la vida de una mujer en el siglo XVIII: propiedad de su marido, pobre y carente de una habitación propia. La mujer no tenía derecho a escribir, ni estudios que se lo facilitaran. Contra todo pronóstico aparecen grandes autoras con la convicción de luchar por la igualdad a través de su prosa. Durante el tiempo que antecede al siglo XIX estuvieron luchando por ganar el derecho al voto, a la libertad y, entre tantos, a escribir. En esta época de cambios e inclusión que suscitó la revolución francesa, el feminismo, según Nuria Varela en su libro Feminismo para principiantes, no fue más que un hijo no deseado de la Ilustración. A partir del sufragismo, la mujer empieza a escribir, pero tiene muchas dificultades: tiene una educación precaria, distracciones, pobreza… Y ante este panorama, la autora concluye que para escribir se necesita dinero y una habitación propia. Las mujeres de la época no tenían acceso al dinero, eran pobres. Y no tenían una habitación propia ni tiempo para ocuparla de tenerla porque siempre tenían que hacer labores domésticas.

No recomendaría este libro para quien desconoce mucho sobre feminismo. No es una guía, y si estás buscando qué es el feminismo, no lo vas a encontrar. Y no lo sugiero como primer contacto con el tema; sin embargo, da una visión amplia de lo que era fungir como autora en el siglo XIX. Y una comparación entre las oportunidades que tenían los hombres, mismas de las que carecía la mujer. Y es fácil concluir que hay espacios que la mujer aún no conquista o en los que está menos presente no por falta de talento, sino por falta de oportunidades, barreras y desigualdad.

Vivimos en un mundo de hombres, ordenado para que la figura masculina lidere y, como sentencia la autora, refleje su superioridad en la mujer. Un punto interesante del libro es cuando hace referencia a que las escritoras, al empezar a escribir, intentaron hacerlo con un estilo masculino, con la intención de ser tomadas más en serio. Considero que sigue sucediendo: cuando las mujeres poseen grandes cargos tienden a ser más duras, más herméticas y esto lo da ese contacto directo con hombres. Antes fue a la hora de escribir, ahora creo que es a la hora de desenvolverse.

El libro de Woolf hace un llamado desesperado a las jóvenes a que escriban, exploten sus talentos y salgan de la ignorancia porque la literatura las necesita. Todas estas son ideas del siglo pasado, ¿pero la visión de Virginia Woolf podría servirnos de algo en el siglo XXI?

El feminismo actual busca incentivar a la equidad, erradicar los micromachismos y esa manera que tienen las personas de subestimar a las personas por su género. Los valores que continúan imperando en nuestra sociedad son masculinos… el fútbol es visto como una actividad seria y universal, en cambio la compra de vestidos siempre será algo frívolo. El mundo es para hombres y sus criterios se adaptan a ello. Y cuando la mujer intenta conquistar estos espacios, es minusvalorada… ¿cree usted que se le da la misma importancia al fútbol femenino que al masculino?

Tal vez se ha conquistado la literatura, pero el libro de Woolf no debería ser desechado antes de que cada espacio sea conquistado. En esa época la solución fue la misma de esta: educarse. Salir del círculo que representa casarse y depender de los hombres, poder por nosotras mismas y como mujeres. Porque emular al hombre nos hace ver ridículas y nos hace aportar, sin quererlo, otra pincelada de machismo al mundo. Las mujeres debemos apoderarnos de cualquier actividad con la pura esencia de lo que somos, como mujeres.

Por eso el término igualdad de género es erróneo, no buscamos ser iguales a los hombres ni tener los mismos derechos, equidad de género es lo correcto porque buscamos justicia, lo que corresponde a cada quien según sus méritos. No se trata de vivir en un mundo de hombres ni de mujeres, sino de vivir en un mundo de personas preparadas.

Así que la literatura fue uno de los primeros espacios en los que el feminismo se hizo presente y eso es lo que nos muestra Virginia Woolf en su libro. Esa pequeña parte de la historia que protagonizó el sexo femenino y que ha sido erradicada de los libros. Y así como se conquistó la literatura, se puede hacer con todos los espacios contemporáneos vigentes. Como mujeres tenemos la responsabilidad de enaltecer nuestro género (ya que hoy se sabe que es un género y no solo un sexo) demostrando que somos capaces de hacer cualquier cosa sin disfrazarnos de hombres.

El texto es lento y es posible perderse en los primeros capítulos entre tantas comparaciones, pero creo que Una habitación propia es fascinante para alimentar esa memoria histórica que hemos perdido. Estudiar, prepararse y leer siguen siendo las claves para convertir este mundo en uno más justo, menos sexista, y sí: más feminista.

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