lunes, 4 de julio de 2022

Un nuevo proceso descentralizador para Venezuela

Hoy Venezuela tiene una nueva oportunidad para comenzar temprano un proceso de reformas que no debe dejar pasar. ¡Comenzarlas ya es una necesidad! Pues para nadie es un secreto que la historia se repite. | Foto William Urdaneta

Hoy Venezuela tiene una nueva oportunidad para comenzar temprano un proceso de reformas que no debe dejar pasar. ¡Comenzarlas ya es una necesidad! Pues para nadie es un secreto que la historia se repite. | Foto William Urdaneta

@abgoscarsalama1

Dentro de la temática de un nuevo Estado democrático, de derechos y justicia en Venezuela, sin lugar a dudas, se deben incluir, los criterios propugnadores de un Estado federal y descentralizado. Desde la reforma del Estado de los años 80 hasta los días de la destrucción total de la República, asistimos a la construcción de un proceso que no solo revirtió la otrora descentralización, sino que también nos permitió contemplar la extinción completa de su estructura republicana.

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela fue la base o, por lo menos, la mejor justificación para destruir a uno de los países más ricos y sólidos del hemisferio; el error político para el régimen absolutista lo constituye el hecho según el cual la instauración de la CRBV se podría materializar por primera vez en la base fundamental de un nuevo proceso de desarrollo nacional en virtud de la relación de elementos principistas, orgánicos y funcionales que harían posible asentar el nuevo modelo de desarrollo sobre uno de planificación descentralizada, como continuidad de la reforma del Estado de los años 80.

Sin lugar a dudas, acometer un plan como ese requerirá de amplitud de pensamientos, visión política de Estado, voluntad y conocimientos. Se trata entonces, de armar una estrategia política que comience con la transición. Echar a andar un proceso de reformas constitucionales y legales es lo propio para brindar solidez jurídica a las inversiones. Impulsar legislaciones como la Ley Orgánica de la Hacienda Pública y la creación de un fondo de compensación interterritorial, entre otras, para que los estados tengan su propia autonomía financiera y fortaleza económica.

Es importante también asumir un nuevo modelo de desarrollo, el modelo sostenible, que es el que permite producir ahora y garantizar vida y desarrollo para las próximas generaciones; en consecuencia, la suscripción de convenios y pactos internacionales, deberá privilegiar, el desarrollo de políticas por el respeto de los derechos humanos, la lucha contra la corrupción y el cohecho, contra el lavado de capitales y el financiamiento del terrorismo, secuestro, etcétera.

La convocatoria a construir un nuevo país debe ser amplia, como amplia debe ser la visión en la que se sostendrá esta nueva nación. Aprovechar las potencialidades naturales dará ventajas competitivas y estratégicas solo si se asienta en bases democráticas y para ello hay que concurrir en un nuevo acuerdo de reformas políticas en la búsqueda de un sistema acorde a los nuevos tiempos, donde se recupere la confianza de los ciudadanos en sus instituciones partidistas.

También debemos tener presente, y así lo recoge la historia contemporánea de Venezuela, que lo que se dejó de hacer a principio de los años 70 produjo la tormenta del 99; el proceso de reforma del Estado llegó muy tarde y el venezolano no lo comprendió ni asimiló.

Hoy Venezuela tiene una nueva oportunidad para comenzar temprano un proceso de reformas que no debe dejar pasar. ¡Comenzarlas ya es una necesidad! Pues para nadie es un secreto que la historia se repite.

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