sábado, 2 de julio de 2022

Trending topics, corporación obsoleta y un florecimiento determinante

Hoy el debate -el enlace con la generación actual- que se escucha y que hay que prestarle atención, desde los ciclos que culminan, son las inquietudes de muchachas y muchachos, que ven sus padecimientos triviales o trascendentes, según se manifiestan en las redes sociales.

@OttoJansen

Puerto Ordaz, en realidad Ciudad Guayana, interpreto, fue tema de tendencia en la red social Twitter en los propios días santos. El tono de catarsis, con algún acento dramático y hasta pendenciero, a veces. En comentarios de estudiantes y jóvenes profesionales, que confluyeron en delicadas denuncias y graves alarmas, pusieron el foco sobre la única institución funcional -no solo educativa- de la región: la UCAB Guayana. Esta circunstancia, sin entrar a consideraciones sobre los “hilos” que fueron abordados prontamente (como debe ser) por la institución, permite el encuentro de un rápido escrutinio, en aspectos subyacentes de todo el estado que vienen desarrollándose en la trasformación de la identidad de la otrora zona del hierro, en el conjunto de municipios de Bolívar; con los incipientes pasos a nuevas vertientes en proyección del futuro, como región importante de Venezuela.

Son imprescindibles unas premisas para explicar los vínculos de uno y otro tema. Primero: ¿por qué los comentarios tuvieron impacto regional y nacional, más allá del área que involucró el o los temas tratados? Si bien pueden sencillamente razonarse desde la dinámica de las redes sociales y del uso y provecho que hace el sector juvenil, resalta que la única institución en la ciudad y en la región que hoy ofrece una narrativa laboral, creación de opinión y manifiesto centro de actividades con la sociedad local en el estado Bolívar, es la extensión de la Universidad Católica Andrés Bello. En el desmantelamiento de al menos una década de nuestra Guayana, el derrumbe de las empresas básicas y la productividad tradicional, asociada al proyecto industrial, lo único que mantiene su pujanza hacia (por sobre adversidades económicas, sociales y políticas) son las camadas de profesionales de alta calidad que van saliendo de la Católica, paralelo a la conocida situación de abandono oficial, cuyo funcionamiento es mínimo en el resto de las universidades e institutos públicos.

Lo segundo: desaparecido el sector de los trabajadores de la escena regional como protagonistas de la acción económica, gremial y política, en la que una vez irrumpieron como líderes; la conformación social emergente es la que atañe a los estudiantes: los jóvenes; el futuro. Una amalgama diseminada en oficios, profesiones y emprendimientos no tradicionales, que por las circunstancias del país son palancas de la determinación de no claudicar en la obtención del progreso y la democracia; son precursores de un lenguaje y un estilo, tanto en quienes se han ido como en quienes se han quedado. De allí que son la locomotora de los otros sectores sociales y económicos en resistencia, con el agregado de que el resto de la sociedad regional se encuentra, en contraste, “contagiados” de inercia, conservadurismo, y cuando no, cobijados del cuestionado statu quo revolucionario. Esto explica por qué el trending topic de estos muchachos (por las inquietudes y denuncias conocidas), involucraron a estudiantes de San Félix, Ciudad Bolívar, Upata y en menor proporción las demás poblaciones de Bolívar, así como de repiques en otras latitudes que integran la “época” actual guayanesa.

Región del porvenir

Guayana y por supuesto Venezuela quedaron huérfanas con el proyecto chavista tras su estruendoso fracaso. La revolución bolivariana es ahora tan solo una maquinaria de mentiras y atropellos, sin capacidad para rectificar, para entender la pobreza y menos construir propuestas al desastre actual. Los factores políticos tradicionales y los envejecidos nuevos partidos de la región que se erigen en alternativa, en su aproximación más elaborada (enmarcadas en el “Plan País”), establecieron la propuesta de la “nueva CVG”, cuyos cálculos grupales defienden una institución que pretende semejanzas al proyecto Sucre Figarella, lo que equivaldría a pensar en la posibilidad de regresar el tiempo.

Hoy el debate -este es el enlace con la generación actual- que se escucha y al que hay que prestarle atención, nosotros, desde los ciclos que culminan, son esas inquietudes de muchachas y muchachos que ven sus padecimientos inmediatos, triviales o trascendentes, según se manifiestan en las redes sociales. El debate, repito, es enunciado por una joven periodista del patio, que induce al tema medular (a propósito de un trabajo periodístico nacional sobre la ciudad, pero pertinente para esta ocasión). Dice la licenciada Clavel Rangel: “Puerto Ordaz sigue en pie, sí. Mis últimas meditaciones sobre esta ciudad en la que crecí es cuál es el papel de mi generación. Quizá superar la nostalgia CVG, como primer paso, y avanzar hacia la humanización con otras relaciones productivas (…) la mayoría de los jóvenes, como en todo el país, migraron de Guayana cuando la única alternativa de empleo eran las empresas básicas, hoy improductivas, destartaladas y con un hostil ambiente de trabajo. ¿Sobre quién recae esta ciudad ahora? (…) me preocupa pero me alienta el esfuerzo de la UCAB Guayana y la contención que hace para un grupo de jóvenes que aún pueden pagar con mucho esfuerzo una universidad. Es algo y se apuesta mucho a esta nueva generación que viene”.

El furioso COVID-19 será aplanado, apunta el análisis global, pero también exterminará enfoques y prácticas. En Venezuela y sobre todo en el estado Bolívar, las “analógicas” dirigencias están incapacitadas hace rato y la pandemia los terminó de retratar. En Guayana avanza la insurgencia de ideas nuevas y otros actores; con seguridad se multiplicarán claveles.

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