jueves, 22 febrero 2024
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Tic tac, tic tac

Es la democracia, es la libertad o es el cierre definitivo de la tenaza dictatorial; con la necesaria advertencia que el camino de las maniobras no tiene asidero, ni apoyo.  

@OttoJansen

Comienza la cuenta regresiva. El calendario se deshoja tal como se dice del paso inexorable de un periodo más de la existencia. También la cuenta se ha iniciado, aún invisible para algunos, al nacimiento de otro tiempo, otro ciclo para Venezuela: Ya ha comenzado con signos relevantes, solo que el parto no será tan ligero.

Las horas que corren presurosas a celebrar el nacimiento del Niño Dios y los días hacia fin de año tienen una atmósfera de sentimiento nacional uniforme en el deseo de salir de los responsables del hundimiento moral, espiritual y material al que han llevado al país: es el regalo que se otorga la familia venezolana, mientras acomoda aquí y allá para recibir la Nochebuena de un diciembre que igual que el resto de los meses anteriores, proporciona penurias y problemas crónicos. El proceso erosionado al máximo del régimen gobernante, no solamente se ha encontrado con la pared del rechazo de las mayorías (que les asfixia y en consecuencia les muestra el rostro del final) sino que también ya no puede más con sus estructuras corrompidas, sus ladinos funcionarios de plastilina, organismos indolentes con verdugos cuya maldad supura con el guión repetido y, en estos días en la narrativa del referéndum dan el salto, sin reacción favorable, de empujar la mentira y la irrealidad como el Estado constituido de su esencia y su acción.

¿Por qué es distinto aquí que en Cuba, Corea o China, donde el sistema tiene décadas entronizado? A esa pregunta carcomida de miedo y escepticismo la invitamos a pasear la calle, a tocar puertas y a repetirla cuantas veces parezca necesaria. A diferencia de esos países y de momentos venezolanos recientes cuando se pensó que el régimen se quebraría y no fue así, la respuesta posible es la colectividad hoy (consultada y reafirmada su decisión), quien tiene el poder en muchos años. Y de eso, a menos que realicen en lo inmediato verdaderas soluciones democratizadoras en lo político y en lo económico, no podrán zafarse. La gente no saldrá de su empeño hasta tanto no cambien diametralmente las condiciones en las que se encuentra penosamente la nación. ¿Cómo puede triunfar en la toma del poder la fórmula democrática con el Estado en manos de la mentira y la obsesión de quedarse indefinidamente con las estructuras de dirección del país? He aquí la explicación del por qué debe quedar claro que nunca podrá pensarse será fácil el “alumbramiento”, en quizás, días próximos. El camino de la formalidad institucional está trancado, incluso tomando en cuenta las negociaciones donde participan terceros países. La desconfianza es la premisa y no hay garantías automáticas. Además, al poner sobre el escenario la mentira del absurdo más evidente para que todos la traguemos, no hay vuelta atrás desde la visión del modelo revolucionario, cuando pone las soluciones en términos de todo o nada. Pues bien, la gente ratifica su opinión por lo que en adelante las definiciones sean la que sea, no podrán vislumbrarse en términos de plazos precisos. Es la democracia, es la libertad o es el cierre definitivo de la tenaza dictatorial; con la necesaria observación que el camino de las maniobras no tiene asidero, ni apoyo.   

“Niño chiquitico, Niño parrandero…”  

Una conocida me cuenta que ya puso el arbolito; lo hizo con sus adornos de siempre, muchos de ellos gastados, pero que se ven bonitos. ¡A esperar el Niño!, escucho su voz por el móvil. Otra manifiesta que le preocupa la comida de los días, pero algo saldrá: ¡Quizás un pollito! dice. Es el espíritu de la temporada que se expresa con sencillez y con la esperanza reforzada sin muchas estridencias. Me atrevo a decir que el ambiente posee un umbral muy alto del estoicismo y de la resistencia personal y ciudadana. En ese sentido, de igual manera toca a los guayaneses y venezolanos esperar el desarrollo de los procesos en el campo minado que es la realidad política y social. Esperar que no sea quedarse de brazos cruzados; sentados a la caza de la algarabía o que el rumor se convierta en tropel. No es tampoco invocar un optimismo artificial o justificar cada dificultad contraria a los anhelos. Toca seguir la observación con sentido común y agudeza del panorama que se llena de trampas y de los aullidos de las ideas muertas que con sus representantes archiconocidos quieren pasar desapercibidos en el río desbordado que avanza.

Valen estos instantes, con el paréntesis navideño, no solo de acompañar a la población en su voluntad mayoritaria de hacer valer con razones y votos, la transformación de la vida venezolana. Implica no perder de vista las maromas satíricas y malévolas del chavismo. Igual, que no dejar pasar a esa gama de duendecillos del colaboracionismo, haciendo de dirigentes con la vieja política burócrata y de negociados; con la función de hacer loas a una malentendida civilidad que en sus retorcidas formas solo a ellos les funciona y les sirve.

“Ya no podemos permitirnos recoger del pasado lo que era bueno y denominarlo sencillamente nuestra herencia, despreciar lo malo y considerarlo simplemente como un peso muerto que el tiempo por sí mismo enterrará en el olvido (…) Y por ello son vanos todos los esfuerzos por escapar al horror del presente penetrando en la nostalgia de un pasado todavía intacto o en el olvido de un futuro mejor”. De la filósofa Hannah Arendt. Prólogo a la primera edición norteamericana de Los orígenes del totalitarismo. Verano 1950. ¡Estamos cercanos a la Navidad 2023!