domingo, 3 de julio de 2022

Tedros Adhanom Ghebreyesus

El daño que China le ha hecho a la humanidad es tan grande que lo debería pagar muy caro e impedirle que siga haciendo negocios con las víctimas.

Un manejo -ideológicamente tendencioso- de la información ha puesto en peligro a la humanidad. Perpetrado por el organismo que tiene como responsabilidad, justamente, minimizar amenazas, prevenir y alertar al concierto de las naciones en torno de los riesgos y turbulencias, propios de este planeta complejo en el que nos ha tocado subsistir. Es grande la responsabilidad de instituciones como la Organización de Naciones Unidas (ONU) y en particular de la Organización Mundial de la Salud (OMS), obligadas a generar toda la confianza necesaria, porque se nos va la vida por la corona de un virus.

 Pero, como dijo mi amigo Carlos Allembert, aquel organismo es un nido de comunistas. La primera Michelle Bachelet, nacida en estos predios, de la que tenemos todas las demostraciones de para dónde zapatea, y ahora se asoma un individuo llamado Tedros Adhanom Ghebreyesus. Un etíope de turbio pasado de uno de los países más pobres del mundo, donde fue ministro de sanidad y canciller. Antes militó en el Frente de Liberación de Tigray, partido marxista-leninista, y de allí saltó al ejecutivo de Meles Zewani y luego al de Hailemariam Desalegn. Le correspondió manejar tres epidemias de cólera, como ministro de sanidad, que provocaron la muerte de centenares de personas, y por lo cual ha sido denunciado por Human Rights Watch. También fue señalado por la ONU de haber cometido “sistemáticas violaciones y represión política”.

Elena Berberena en Libertad Digital (25-04-2020) en un descarnado retrato de este oscuro personaje, apunta que Tedros Adhanom propuso a Robert Mugabe como embajador de buena voluntad de la OMS. Igual, los grandes medios recibieron lo suyo, de parte de quien fue ministro de exteriores de aquel país africano, donde fueron censurados y detenidos decenas de corresponsales extranjeros. Como corresponde a un camarada tan destacado, viajó innumerables veces a la China comunista, como también lo hizo a Cuba y afirmó, como Michelle Bachellet, que “Cuba es un ejemplo para el mundo”.

Tedros Adhanom llegó a la secretaría general de la OMS con el apoyo del comunismo chino y de Barak Obama, quien asumió como un gran logro que este personaje se convirtiese en el primer africano en dirigir la Organización Mundial de la Salud. Como no podía ser de otra manera, su apuesta es por el socialcomunismo.

Apuntalado y respaldado por el imperio comunista asiático y por el primer presidente negro de los Estados Unidos, de nada valieron las publicaciones de documentos, informes e investigaciones que lo mostraban como responsable de la tragedia sanitaria de Etiopia y de formar parte de la represión politica. El salto de garrocha sentó al etíope en un lugar principalísimo de la ONU, que se ocupa del estratégico y neurálgico tema de la salud. Aquello ocurrió el 23 de mayo de 2017. Y dijo: “Aportaré mi estilo de liderazgo inclusivo y transparente para crear alianzas y lograr que los países participen de pleno derecho y en pie de igualdad, en la formulación de orientaciones y la adopción de decisiones que han de afectar a la salud de sus poblaciones”. Siguió a rajatabla el uso del palabrerío comunista, y en un ejercicio de futurología eligió el infinitivo “afectar” para referirse al sentido de sus decisiones y orientaciones.

Mientras escribo, abril consume su último día, y no se avizoran certidumbres con relación a la pandemia que nos confina, intimida y aísla. La voz de la OMS oscurece el panorama del presente y del futuro, porque como lo advierte el Dr. Gordon Chang, aquella organización aceptó y diseminó la narrativa de la cúpula china, según la cual el COVID-19 no era transmisible de persona a persona, desoyendo a expertos de Taiwán que alertaron acerca de la peligrosidad de este virus. La OMS apoyó a Xi Jinping para que no se prohibieran los viajes desde China hacia otros países. Estos viajes, en buena medida, diseminaron el virus por el resto del planeta.

En este rosario de solidaridades automáticas, la OMS, respaldó las falsas estadísticas difundidas por China, que minimizaban el número de contagios y de muertes. Sólo después que se desató la pandemia en Italia y España, Estados Unidos concluyó que el régimen chino mentía. La guinda de este gigantesco e incontrolado desastre sanitario tiene que ver con el retraso de la información -postergado hasta el 30 de enero de 2020- cuando la OMS declaró la epidemia como una “emergencia pública de carácter internacional”. Pero ya el mal estaba hecho.

Agridulces

El daño que China le ha hecho a la humanidad es tan grande que lo debería pagar muy caro e impedirle que siga haciendo negocios con las víctimas. Occidente debe cobrarle al comunismo chino el costo de una tragedia que apenas comienza.

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