viernes, 23 febrero 2024
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Entre el prejuicio y la resistencia

Hay mujeres que han superado el obstáculo y se hacen escuchar, debe ser porque tienen talento para la venta. No todo está perdido.

A propósito de la cuaresma, el papa Francisco pidió en días recientes “no chismear” durante estos días santos. De seguido, un obispo muy estudioso a quien he seguido por YouTube en los últimos años, se unió al clamor de amarrarse la lengua con los comentarios maliciosos. Me pareció simplista su abordaje del chisme, pero lo más patético fue un ejemplo que utilizó, sobre una mujer que, en vez de gestionar formalmente sus reclamos en el trabajo, optó por chismear contra el dueño de la empresa, para luego ser botada en consecuencia. Revisé las reacciones al video y varios infirieron los posibles aspectos omitidos de la historia y, sin sorprenderse, se refirieron a la sempiterna saña contra las mujeres. Ni por un momento se le ocurrió al insigne obispo, por ejemplo, referirse al famoso audio del expresidente Donald Trump durante su campaña en octubre del 2016, donde se burlaba de las mujeres a través de comentarios obscenos sobre cómo “les metía mano”. No se le ocurrió ni por un segundo propiciar la justicia, igualar la balanza.

Siguiendo las recomendaciones éticas del clérigo, le escribí y respetuosamente disentí de su enfoque. Le envié un enlace de mi pieza del 2005 Del agrio encanto del chisme, para decirle que el espectro de motivaciones para chismear va desde las más intrigantes y feroces hasta las que exploran la conducta humana. De ese comentario no he recibido respuesta hasta el día de hoy. Sin embargo, visto que el aplique contra las mujeres pareciera no detenerse nunca, voy a abordar sobre los chismes verdaderamente perniciosos y destructivos. ¿Quién está detrás de ellos?

Cualquier persona, hombre o mujer puede utilizar cualquier indicio, suposición, verdad, o media verdad para destruir a alguien. Pero hay un detalle: en el ambiente hay un lugar común de que las mujeres no son serias, que son “emocionales”, y que los hombres son más “racionales”. Con semejante prejuicio, se le hace muy fácil a un hombre abrir la boca para hacer un comentario morboso o calumniar a alguien, y le basta poner la cara bien seria y exagerar lo suficiente para que sus manipulaciones sean tomadas al pie de la letra. Y lo hacen sin pestañear. Sin contar que usan esos “privilegios” de varón para eliminar a los más vulnerables, y con esto quiero decir, que pueden colocar la reputación de cualquiera por el piso. Para muestra el personaje de Yago en la obra Otelo. ¿Quién es realmente más peligroso? Y otra pregunta de marras, ¿Qué debe hacer una mujer para igualar este nivel de hacer daño?

Estos clichés inaceptables sobre la credibilidad de las mujeres ha sido un tema de conversación con mis amigos. Por ejemplo, como mujer uno le puede dar una opinión trabajada, pragmática, inteligente, y aun siendo amigos la desestiman; pero basta que un hombre con menos formación y experiencia dé su opinión para que se les abran los oídos. Y hay algo más, se trata de una postura que afecta tanto a hombres como a mujeres, quienes a veces no se dan cuenta de sus reacciones automáticas. Obedecen a la costumbre, a no querer salir de su “comfort zone”. Por otro lado, hay mujeres que han superado el obstáculo y se hacen escuchar, debe ser porque tienen talento para la venta. No todo está perdido.

Pero este prejuicio no es cualquier cosa, ha hecho estragos. El martes pasado, después de cuatrocientos años, se pudo escuchar la música de la compositora italiana Maddalena Casulana (1544-1590). La proeza de recuperar 17 partituras de sus madrigales estuvo a cargo de Laurie Stras, una musicóloga que debió hacer el trabajo de ratón de biblioteca por varias ciudades de Europa. Maddalena era considerada como una de las excelsas músicas de su época; sin embargo, no es casual que sólo 66 de sus piezas hayan sobrevivido: las mujeres se las veían negras para obtener reconocimiento ¿Saben lo que significan cuatrocientos años de silencio?

El concierto de los 17 madrigales fue transmitido por la radio BBC3 el martes 8 en ocasión del Día de la mujer.  Fue un regocijo escuchar los contrapuntos y la vivacidad de sus arreglos de voces. Y si Laurie Stras consigue otras piezas, que arme un concierto el día que sea. Un tres de mayo, un seis de agosto, cualquier día es el Día de la mujer.

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