lunes, 4 de julio de 2022

Cortos sobre política

Sobre el poder y las imágenes sobran los ejemplos de manipulación. Sobre el lenguaje del poder y sus discursos, sobre esos también.

Sobre el poder y las imágenes sobran los ejemplos de manipulación. Sobre el lenguaje del poder y sus discursos, sobre esos también.

Hace unos años alguien sugirió que los gobernantes se deberían poner uniformes al estilo de la fórmula 1, para mostrar sus diferentes patrocinantes y así saber uno a qué atenerse. Ojalá fuera así de fácil en este país, porque mientras en la pista de carreras la relación piloto-inversionista es clara, no ocurre así en política y menos en Venezuela. Por ejemplo, ¿Cómo se pone una bandera cubana en el traje de Maduro? El régimen cubano no invierte dinero, sino que cobra. Somos las víctimas quienes pagamos por la franquicia que protege al dictador. ¿Será que a Maduro le toque un uniforme con estampados de amebas y tenias?

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En estos tiempos de frustración con las democracias hay quienes realmente piensan que al darle más poder a un gobernante, éste va a actuar en beneficio de la gente. Eso ocurrió en este país. En una de las primeras alocuciones de Chávez, éste se refirió a un vaso de agua que tenía frente a sí, y orgulloso hablaba cómo el contenido y las propiedades del agua tenían una relación íntima y directa con el poder. En 1998, el agua de Caracas no necesitaba hervirse, sin embargo, después de años de su estúpida revolución, el agua se volvió turbia e intomable. No regresé más a la ciudad. Ese episodio demuestra que el agua fresca y cristalina es sólo posible con gobernantes que trabajan y te dejan vivir en paz.

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A poco de iniciar su presidencia de Ucrania, Volodymyr Zelensky se negó a poner cuadros de él en las oficinas públicas, como es la costumbre. Les dijo a los empleados que pusieran las fotos de sus familiares y de ese modo se inspirarían más en construir la nación. La noticia tocó una fibra en mí, pues mi padre era desconfiado con el uso de imágenes, y en casa sólo aceptaba las fotos de nosotros o de la sagrada familia. Volviendo a Zelensky, por su ascendencia judía no me queda duda de que él sigue la tradición de Abraham, y comprende cabalmente las razones políticas y religiosas de sus prácticas. Por ejemplo, la historia les había enseñado que, ante invasiones, no se debía admirar ninguna imagen y menos de estatuas erigidas por un ejército invasor. Ahora bien, por esas sabias reservas con la imagen, me extraña que las gigantografías de los gobernantes rojos rojitos no hayan espantado a los evangélicos criollos. Todo lo contrario, he visto entre ellos una complicidad a prueba de alharacas iconoclastas.

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En los primeros días de la invasión a Ucrania, y en medio del furor causado por la valentía y coraje de Zelensky y la resistencia de su pueblo, leí unos tuits en español en contra del presidente ucraniano. Que si era un payaso, que si la corrupción, que si los fans de Ucrania no sabían localizar el país en el mapa. No reconocer el coraje en medio de un bombardeo inmisericorde, eso dice más del tuitero que del atacado. Es curioso ver que los dardos seguían una estructura semejante a los tuits contra Juan Guaidó: fue como cambiar un nombre por el otro, y esto me remite al tema del autoodio local. En el caso del presidente interino, los reconocimientos a su valentía los he leído más de actores externos que internos y raras veces se reflexiona sobre los enemigos gratuitos que le vienen solo por el cargo de presidente interino. De haber sido Guaidó el bombardeado, no me queda duda que estos seres, no sé si pagados o no, pero sí llenos de odio, hubiesen huido inmediatamente a teclear desde la frontera para confundir a la gente. No creen en ellos mismos, no creen en nadie. Como actúan ahora, actuarán después.

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Sobre el poder y las imágenes sobran los ejemplos de manipulación. Sobre el lenguaje del poder y sus discursos, sobre esos también. Un discurso de más de quince o veinte minutos, si no dice nada nuevo y es repetitivo, lo más probable es que esté palabreando, mareando, es decir, manipulando. No hay descanso con los fiascos.

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