miércoles, 21 febrero 2024
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Respirar en $

Nuestra moneda y sus cíclicas reconversiones han sido aparte de un estrepitoso fracaso, una burla de dimensiones cínicas.

Por estos días, los inventos para que el bolívar sea el escudo de nuestra economía es gamelote para engordar chivos.

Nuestra moneda y sus cíclicas reconversiones han sido aparte de un estrepitoso fracaso, una burla de dimensiones cínicas.

Nos hemos acostumbrado a que nos vean la cara de poceta plástica. Nada de lo que inventan en las esferas del poder tiene algo de verdad, de cierto, de veraz. Todo está fundamentado en la gran mentira del siglo XXI, el fracaso de un modelo agarrado de los pelos para justificar el saqueo continuado de una de las naciones con más potenciales del planeta.

El dólar es la divisa que subterráneamente mueve nuestros movimientos. Vivimos un país sin economía, sin competencia, sin nada que dé respaldo al progreso. Nos contraemos en este aplastamiento social continuado cuya salida es emprender políticas serías de inclusión social con el trabajo productivo como escudo. Eso es muy difícil pero con decencia y la certeza por delante se puede lograr. Ya estamos claros en que el populismo es nuestra estrepitosa derrota como sociedad.

Es de dimensiones dramáticas el empobrecimiento social. Poco a poco nos hemos ido acostumbrando peligrosamente a la depauperación de la vida. Han venido surgiendo de la oscuridad una nueva nomenclatura económica que se mueve y respira con la moneda norteamericana. Ya casi nada se tasa en bolívares: todo es trasladado a otras monedas como medida de respaldo y por supuesto de especulación.

En esta jugada, el bachaquerismo de altura en todas sus vertientes está haciendo estragos por su alto contenido de asalto en los más desposeídos.

Estamos sumidos en la peor tragedia como nación. Ni las guerras vandálicas de la federación en el siglo XIX le han causado tanto daño a la nación.

Los ciudadanos, los que nos hemos negado a retroceder a las cavernas, estamos siendo desplazados con mucha sutileza por la gran crisis económica y de valores que nos arropa.

Ya no es la consecución diaria de la subsistencia, es existencial con toda la amplitud posible.

No contamos con energía o fuente, no contamos con agua, no contamos con empleos saludables, no contamos con seguridad, no contamos con educación de calidad y no contamos con salud pública medianamente aceptable.

Pero sobre todo no contamos con moneda de curso legal porque el dólar la aplasta a la hora de tratar de negociar en el intrincado comercio de la oscuridad en lo que se ha convertido nuestra nación.

Hemos levantado toda la miseria posible en busca de la sobrevivencia y sin que quede duda, esa es una política de Estado.

Respirar en $ es la consigna.