viernes, 1 marzo 2024
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Raúl Baduel: otra víctima de la cúpula socialista

En socialcomunismo un preso político jamás es presunto. La presunción de inocencia es letra muerta. Sólo sirve de ornato legal.

Todo preso político tiene amo y señor, instalado rica y divinamente en la cúpula que tiraniza a Venezuela. Son los poderosos que disponen de la vida y de la muerte de aquellos que están tras las rejas, sólo porque tienen pensamiento propio y han cometido el delito de expresarse públicamente. En estos regímenes dictatoriales la libertad es inexistente y sus capitostes son extremadamente sensibles. Tienen la piel de algodón, por lo que cualquier frase que les incomode puede alterar el pH de sus delicadas epidermis, y generarles severas urticarias, que se tratan con encarcelaciones de la disidencia en ergástulas revolucionarias, que suelen ser las peores del mundo.

Si se pasa de la urticaria a la “puntada” la reacción es todavía peor, porque se activa -con inusitada rapidez- toda la estructura represiva del socialismo humanista, y los condenados son recluidos en minúsculos tigritos. Previamente se allana la vivienda del apuntado por el mazo o el dedo acusador. Se humilla, también, a la familia y se llevan al “elegido” como si fuera el más peligroso criminal de la comarca. Pueden pasar semanas y hasta meses para que la familia sea informada en torno al lugar de detención. Helicoide, Ramo Verde o Tumba son Sepulcros de los vivos, como los llamó Fiodor Dostoievski. Allí los entierran sin ventilación natural, con un aire irrespirable y hasta sin la luz del sol. La iluminación es artificial, encendida de día y de noche, pues se usa como castigo para torturarles hasta el sueño.

Cuando se trata de presos políticos el poder se organiza de manera muy eficiente. Funcionan como una banda marcial. La batuta del director marca la pauta y uno de sus movimientos activa el sistema, de acuerdo con la conveniencia del propietario de la orquesta. En este socialismo del siglo XXI el pódium del director está ubicado en un plató de TV, dotado de todos los recursos, staff de maquilladores y con la mejor iluminación. Con la escenografía montada, el bederre verbaliza el nombre del delincuente en cadena nacional, le imputa los delitos y ordena que lo persigan y detengan.

En socialcomunismo un preso político jamás es presunto. La presunción de inocencia es letra muerta. Sólo sirve de ornato legal, y es absolutamente irrelevante cuando alguno de la cúpula podrida ha decidido meter en chirona a quien le dé su realísima gana. A eso se reduce la justicia socialista: al capricho, la arbitrariedad, la protervia y la maldad del poderoso que pone el ojo en la próxima víctima.

En estos regímenes despóticos de izquierda la vida del 95% de las personas carece de importancia, tal como lo hemos sufrido durante 22 años en Venezuela. Los órganos de seguridad -que también tienen sus dueños- son muchos y su función primordial es obedecer a la elite dominante, al cumplir sin dilación las órdenes que les den.

Visto lo visto es sencillo concluir que en tiranía crece de manera demencial -además de la corrupción- todo lo que tiene que ver con la vigilancia, seguridad, lo castrense, lo policial y el espionaje, cuyo objetivo esencial es el hostigamiento, la persecución, el encarcelamiento y la tortura de los señalados como enemigos. Por supuesto, los que encabezan esa lista negra son los políticos, muchos de los cuales han tenido que huir, esconderse o alojarse en embajadas para evitar que los encarcelen.

Pero entre los presos políticos también hay militares, la mayoría del Ejército. Lo cual permite inferir que puertas adentro de los cuarteles la paranoia domina la mente de los altos mandos, subalternizados por el G2 cubano, con la inestimable asesoría de rusos y chinos. Un trío con una historia común, unido por vínculos ideológicos y una dilatada experiencia en espionaje, represión, tortura y muerte de aquellos que les incomodan.

La última víctima de esta maquinaria infernal fue el general Raúl Isaías Baduel, quien desde 2007 sufrió en carne propia la indiferencia y despiadada crueldad de sus captores y compañeros de armas. Los mismos que también apresaron a dos de sus hijos Josnars Adolfo y Raúl Emilio. El 13 de octubre fue llevado a su última morada en un sepelio controlado y clandestino. Organizado para oscurecer, todavía más, una muerte que genera todo tipo de sospechas y suspicacias. Como ocurrió con los otros nueve presos políticos, cuyos nombres no debemos olvidar, estos son: Rodolfo González, Carlos Andrés García, Rafael Arreaza, Fernando Albán, Nelson Martínez, Rafael Acosta Arévalo, Pedro Santana, Salvador Franco y Gabriel Medina Díaz.

Agridulces 

“Baduel estaba condenado a morir preso. Su naturaleza le impedía ablandarse, apartarse del camino recto, y en la del régimen que ayudó a montar está aplastar al enemigo hasta que se quiebre o muera”. Manuel Gascón Barberá, corresponsal en Caracas de Libertad Digital, España

 

 

Entre noticias desalentadoras, nos permitimos reproducir un correo electrónico que, a propósito de la columna sobre el escritor Carlos Yusti, nos hizo llegar otro admirado escritor venezolano, Ibsen Martínez, quien desde el exilio y en gesto cordial, reconoció la labor de este diario. A continuación, la carta, publicada con su autorización. 


Apreciada Diana:

Buenas tardes. Espero no resultarle importuno porque desde hace tiempo leo, en mi exilio, el Correo del Caroní. No creo que nos hayamos alguna vez conocido, pero sé de su trayectoria.

Verá: últimamente me han atrapado ¡y estrujado! los reportajes que con regularidad publican en Correo del Caroní sobre personalidades guayanesas, ya sean nativas o asentadas en aquellas tierras.

Su reportaje-entrevista a Carlos Yusti, “cubista numinoso” de quien no tenía yo noticia precisa, me ha encantado y lo mejor es que en pocos párrafos resumió usted para mí temas que siempre me resultaron escapadizos. Me refiero a los vasos comunicantes entre impresionismo, postimpresinismo y fauvismo, por citar unos cuantos. El modo con que usted señala y hace valer el “cubismo” de Yusti me resultó ejemplar y, en mi caso, sumamente ilustrativo. Leer un texto que verse sobre artes plásticas sin incurrir en fraseología abstrusa es un regalo para el lector.

En la Venezuela actual pocas veces se escriben y publican textos como el suyo, tan imbuido de saberes, garra periodística, amor por el arte y sus gentes y, sobre todo, buen decir. Cuando terminé de leerlo, en una madrugada insomne, me dije “toma nota y escríbele a estas personas que tanto bien te hacen de lejos”. Usted es una de ellas. Eso solo quería comunicarle, aparte desearle lo mejor, que haya salud para usted y los suyos y, desde luego, ponerme a sus órdenes en Bogotá.

 

Cordialmente, lector

Ibsen Martínez

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