martes, 27 febrero 2024
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¿Puede emanar algo noble de un trío de asesinos contumaces?

El lacayo más abyecto de Putin, verdadero prontuario semorreptante, ha agregado un nuevo delito: valerse de mercenarios.

@omarestacio

Alexandr Litvinenko, entonces aspirante pero a la postre, presidente en ejercicio de Ucrania, fue víctima de envenenamiento con polonio. Se recuperó a medias, luego de una larga y penosa convalecencia. Pero, con su caso, quedó reiterado que ese es el precio de enfrentarse al expansionismo de Vladimir Putin, no importa el lugar en que se encuentre la víctima.

El 3 de agosto de 2018, Zelimkhan Khangoshwili fue ultimado de un balazo en la cabeza en un parque de Berlín. Había sido declarado “terrorista” por la tiranía de Putin. Todo por apoyar la emancipación de Chechenia de la intrusión rusa.

Ese mismo año, Nikolai Glushkov, también archidetractor de la tiranía en cuestión falleció de manera misteriosa. Antes, en específico en 2017, ya había sufrido una primera intentona cuando al salir de su oficina, le rociaron el rostro con una sustancia ponzoñosa.

El 20 de agosto de 2020, luego de múltiples atentados previos en su contra, Aleksie Navalny, en su arrolladora campaña para aposentarse en el Kremlin fue envenenado con una dosis de Novichok -¡ojo avizor, María Corina, con el criminal mencionado en el primer párrafo y el más abyecto de sus lacayos!

De no haber sido remitido de urgencia a Alemania, Navalny hubiera muerto por “negligencia” del servicio de salud de la tiranía soviética. En la actualidad, ese mártir por la libertad y democracia purga condena arbitraria de 13 años en las ergástulas de su verdugo.

La lista de asesinatos por encargos de Putin, en grados de frustración o de consumatum est, contra sus compatriotas y adversarios políticos es interminable. Recordemos algunos: Sergei Skripal y su hija Yulia, Londres, 2019 contaminados con gas nervioso; Boris Nemtsow, acribillado mientras cruzaba el puente Bolshoy Moskvoretsky, Moscú, 2015; Aleksandr Poteyev, planificado para llevarlo a cabo en, Miami, Florida, pero frustrado por los servicios de inteligencia de EE UU; Vladímir Kará-Murzá, sobreviviente de numerosas conspiraciones contra su vida, de las que salió relativamente ileso. En la actualidad, Kará-Murzá purga injusta condena a 20 años de cárcel; Boris Berezovsky, “suicidado” en su hogar de Reino Unido donde se había visto obligado a asilarse; el abogado Serguéi Magnitski, ultimado mientras se hallaba bajo arresto por el “delito” de investigar el robo a gran escala, cometido por subalternos de Putin (2009). Poseo evidencias que el furúnculo asesino que le brotó a Chávez, fue producto de una contaminación radioactiva preparada en Rusia y colocada por el aparataje cubano. Al occiso lo engatusaron con el cuento que iba a ser el presidente de la confederación Venecuba. Por tomarse muy en serio la patraña, al muy imbécil lo enviaron al otro mundo.

El artículo 47 del Protocolo Adicional I de la Convención de Ginebra (1949) y la Convención Internacional contra el Reclutamiento, Utilización, Financiación y Entrenamiento de Mercenarios (1989) tipifican los delitos que cometen quienes intervengan en tal clase de acciones.

No obstante, desde 2014, el “señor” Yevgeny Prigozhin al frente del llamado “Grupo Wagner”, contratado y financiado por Vladimir Putin, anda como Pedro por casa, por Crimea, Siria, África Central, por Malí, por el Medio Oriente, en general, de apoyo a grupos yihadistas del Estado Islámico y a partir de 2021 en Ucrania, acribillando civiles, niños, mujeres, ancianos y demás gente desarmada.

En 2019, la agencia Reuters aseguró, que Prigozhin y sus sicarios volaron a Caracas para reforzar la seguridad de Maduro, del hombre del Mazo Dando, del general Madrino -¡Valientes, que son los narcosátrapas! que ya ni en los sicarios del G2 castrocubano confían- ante las manifestaciones antigubernamentales de principios de ese año. El “Grupo Wagner”, además, ha sido acusado de ejercer la minería ilegal en Venezuela. En específico, a través de las “empresas privadas militares rusas” que saquean y depredan nuestro Arco Minero.

En cuanto al tercer integrante de dramatis personae, contenido en la presente crónica, para no retrotraernos demasiado, recordemos su reciente crimen -uno de sus muchos- aberrante, atroz, violatorio del ius cogens internacional, único en la Historia; dirigido, personalmente, el año antepasado, por Aleksandr Lukashenko, presidente de Bielorrusia, aliado brutal, compinche o “altopana” del inefable Putin. Nos referimos al secuestro del avión de la línea comercial Ryanair que puso en peligro la vida de 170 pasajeros. Todo para apresar “sí o sí” al periodista disidente Roman Protasevich, quien viajaba a bordo del vuelo Atenas-Vilna, Lituania. El capitán de la aeronave sobrevoló de manera legal, en lo absoluto, el espacio aéreo bielorruso y fue interceptado por un reactor de combate de ese país, que lo forzó a aterrizar en el aeropuerto de la capital, Minsk.

¿Y qué mosca les habrá “picado” a Putin, a Prigozhin y a Lukashenko, que esas tres hienas, con apariencia de personas, les dio por celebrar un supuesto acuerdo para evitar -¡imagínense!- “derramamientos de sangre”?

Hay quien asegura, que la trifulca fue bufa, para que el tirano de Moscú iniciará otra purga contra sus propios cuadros. ¿Nerón no incendió Roma para culpar a los cristianos? En materia de felonías, como vemos, no hay nada nuevo bajo el Sol.

El cronista aporta una versión diferente: Fue por el vil metal. El gobierno de Putin arrastraba de manera maliciosa facturas impagas y con sobreprecios -¡faltaría más!- a favor de Prigozhin, por más de USD dos mil millones y todo vale para hacer efectivo, el viejo y poco noble, reparto de botín.

Y ustedes, apreciadas lectoras y apreciados lectores ¿qué opinan? ¿Creen que esos supuestos alzamientos y acuerdo de paz, protagonizados por un trío de asesinos lombrosianos, fue por alguna causa noble?