martes, 23 julio 2024
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Propuesta: ¿cómo concebir un nuevo Estado democrático?

Si esta condición persiste, en un instante del 2024 que tropezamos con el azar de supuestos acuerdos, a potestad de un régimen especialista en el engaño, los cambios quedarán en la inercia dictatorial, así en apariencia haya avances.

@OttoJansen

¡Feliz año! Retornamos en las líneas de cada semana con el gusto por la tarea de compartir inquietudes y preocupaciones. Por contribuir, de algún modo, con la reflexión, avizorar el acontecer de la región, el país y Latinoamérica hasta donde podamos hacerlo, siempre con total honestidad. Comenzamos a rodar el 2024 teniendo presente lo expresado por alguien de nuestra admiración y de gran dignidad en el estado Bolívar: “No solo pasarán cosas importantes. Hay que contribuir a que pasen”.

Desde el deseo de impulsar los hechos trascendentes ya llegó la hora de hacer, por ejemplo, los énfasis en la propuesta del estado de la Venezuela post catástrofe; desde la idea fuerza que sea consigna y objetivos del alma de la población agobiada por la terrible situación nacional y de cuyos estudios, publicados en este inicio de año (Informe de Seguimiento a la Emergencia Humanitaria Compleja, noviembre 2023) se percibe solo son un pálido reflejo de la miseria, con la constatación de la destrucción del Estado. Los innumerables episodios que han pasado y siguen su curso, promovidos por la naturalización de la mentira y la post verdad de las que se ha encargado el régimen bolivariano, cada vez indican la peor caricatura de inefectividad en distraer a las mayorías. Frente a ese escenario que pretende arropar la conducta de todos los factores de la república debe construirse en consecuencia la propuesta de un Estado democrático efectivo que sea capaz de generar simpatías y adhesión por la claridad de sus objetivos.

Un episodio local en Guayana ilustra muy bien el manipulador accionar del régimen y de cómo es de ritual la respuesta de un campo opositor obsoleto. Comenzando enero se hace la exhumación de los restos del general Domingo Sifontes en Tumeremo -población hundida en la pobreza minera del sur de Bolívar- para llevarlos al Panteón Nacional en Caracas. ¡Habrase visto tamaña inutilidad que no honra quien fue un defensor del territorio venezolano! Para el pueblo de Tumeremo, que ha estado protestando por falta de trabajo y por los atropellos de los cuerpos de seguridad, en razón de los negocios de la explotación minera, unida la anarquía (mil veces denunciada y relatada desde incontables trabajos periodísticos) fomentados por los grupos antisociales. No puede el acto mencionado proporcionar reivindicación alguna que no sea una muy mala propaganda de solemnidad patriota. Pero la oposición acompaña este juego de “normalización” porque no tiene vocación de luchas, ni imaginación para salirse de los chantajes. No hay coraje cívico para exhortar a la protesta, una evidente maniobra. De esta manera el gobierno alienta su guión de engaños y cuando no, el ultraje a los derechos ciudadanos, como ahora con la ley que pretende eliminar las organizaciones de la sociedad civil. Mientras, el comportamiento de los partidos se limita a la declaración de trámite y cuando no, al coqueteo con el régimen, apostando sumar a los factores de la sociedad regional a la política entendida como “civilizada” en la que el modelo chavista se solaza para avanzar hacia consolidar el control social y político con el Estado comunal.

Vida, libertad, valores de ordenamiento jurídico del Estado

Si no hay capacidad para que la sociedad se represente -a partir de este tiempo generacional- con las reglas que le dan su identidad, que evalué términos, vigile y defienda el sagrado cuerpo normativo llegamos a la etapa (en la que andamos) del extravío colectivo. Etapa de desorientación y confusión donde la referencia a la ley es indiferente y en que la justicia, solidaridad, democracia, derechos, no tienen significado. Hace décadas las atribuciones del Estado venezolano (en la CRBV) son pasto de las decisiones que impone el modelo revolucionario, refrendado por acción u omisión de las elites del país, que se apoyan en la caducidad de pensamiento que supuran sus voceros.

Si esta condición persiste, en un instante del 2024 que tropezamos con el azar de supuestos acuerdos (misteriosos y sin garantías), en procura de realizar elecciones libres y justas a potestad y discreción de un régimen especialista en el engaño, los cambios quedarán congelados en la inercia dictatorial así, en apariencia, haya avances. La fuerza nacional que se conforma en torno a la candidata María Corina Machado ha de mirar y estar atenta a este campo minado. En el país, y hablamos fundamentalmente del estado Bolívar, se aprecia la muestra concreta que las dirigencias convocantes al cambio no tienen ninguna idea de propuesta sobre un nuevo ESTADO. Los partidos políticos, denominados de alternativa, solo apuntan a sus poses candidaturales y reparto de espacios a consignación. En los propósitos de reinventar la democracia y cómo abordar el diseño de estructuras institucionales eficientes, no siendo un asunto de consignas o negociados, no existe ninguna preocupación. Cito el siguiente texto, aun con otras implicaciones: “Como claro signo de cuán lejos había llegado la ‘alineación’ se vio el juramento prestado ante una asamblea masiva celebrada delante del edificio de la Corte Suprema durante la primera convención nacional de juristas en Leipzig, en octubre de 1933”. Allí, 10 mil juristas juraron, con sus brazos derechos alzados, en saludo nazi, con las siguientes palabras: “como juristas alemanes nos empeñaremos en seguir la ruta trazada por usted, nuestro Führer, hasta el final de nuestros días”. De Ingo Muller en los Juristas del Horror. Una historia que persigue al funcionamiento de la justicia y a los actuales Estados, en las naciones debilitadas y cuestionadas democracias del siglo XXI. Lecciones que no queremos asimilar, ni hacer el suficiente caso.