viernes, 1 marzo 2024
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Perú: venezolanos en la mirada de la trascendencia

No es sencillo hablar de los venezolanos y su experiencia de vida por estos parajes. Por una parte la presencia por las distintas regiones, estando el mayor número en la gigantesca Lima. Por otro lado, no existe en rigor espíritu de cuerpo.

@OttoJansen

“¿Qué puedes realizar con el carné de permiso temporal de permanencia, CPP? Puedes acreditar tu condición migratoria regular ante cualquier autoridad (…) Aprovecha esta oportunidad y acógete al Permiso Temporal de Permanencia (CPP) hasta el #10NOV”. Es parte de la narrativa gubernamental peruana que viene realizándose aproximadamente desde junio de este año.

Es una campaña masiva que habrá de establecer cimientos importantes para abordar la problemática de la inmigración en este país andino, dirigida a los extranjeros en general pero que tiene en los venezolanos un foco especial de atención y me dicen que por igual al número de colombianos que cruzan hasta estas tierras. La población de Venezuela, como se sabe, es significativa. Perú es la segunda nación de Latinoamérica que posee mayor cantidad de migrantes que desde el 2013 se fueron incrementando hasta las oleadas más grandes que entraron en los años 2017 y 2019. Los nativos del imperio inca distinguen estas avanzadas -y así lo expresan- ya que en el último año referido, consideran, llegaron las capas en las que se ha colado la delincuencia y los protagonistas de los lamentables y trágicos incidentes donde compatriotas han estado involucrados. La campaña del Estado es acertada, poniendo a las instancias institucionales a construir las medidas trascendentes (como debe ser) más allá de los discursos políticos interesados que exhortan a la xenofobia en la que no pocas veces han incurrido algunos de los representantes de la estructura de gobierno en sus diversos niveles. Quienes han cumplido con la regularización, que se estima aún quedan una buena cantidad por atenerse a la ley, esperan por la publicación del TUPA (Texto Único de Procesos Administrativos), retrasado, se entiende, en razón de necesarios ajustes a parámetros internacionales sobre la materia inmigrante en algunos de los documentos inherentes como tributos pertinentes o no. Esta oficialización depende de la Superintendencia Nacional de Inmigraciones y significa para un porcentaje de venezolanos poder contar con el carnet de extranjería, condición que presenta beneficios tangibles en contraste con el permiso temporal de permanencia, que es el primer paso de reconocimiento del Estado peruano a los extranjeros.

No es sencillo hablar de los venezolanos y su experiencia de vida por estos parajes. Por una parte la presencia es extendida por las distintas regiones aun cuando el mayor número del millón quinientos, de acuerdo a los registros, residen en la gigantesca Lima. Por otro lado no existe lo que podamos decir sea en rigor un espíritu de cuerpo. En lo personal me llama la atención la indiferencia de muchos con este proceso que quizás sea entendible porque nunca nuestro país tuvo cultura de vida en tierras extranjeras y hoy les toca el esfuerzo de sustento que los horarios de labores (formales e informales) y las exigencias de adaptación que este nuevo país exige. No existe por lo tanto un discurso público ante las voces (que tienen más estridencia de lo que es, debe reconocerse) que achacan los males de la violencia y de la explosión antisocial, que si es dura y notoria, a la presencia de los venezolanos en el suelo peruano. Tal vez la dinámica peculiar de variadas asociaciones y grupos jóvenes dedicados al emprendimiento mediante formación de talleres y cursos, contribuya, de alguna forma, a visibilizar esfuerzos de integración. 

¿Por qué cayó tan bajo?

La pregunta me la hace un taxista. Por el modo de abordar la conversación me da la impresión de haber vivido en Venezuela; al final me equivoco. Me comenta que conoce a muchos venezolanos de trabajo y le resulta inexplicable cómo un país que regalaba cosas a otros países -aquí su admiración es auténtica- algunos de sus conciudadanos llegaron a Perú hacer daño. “Eso de asaltos a los ancianos o a los niños no se veía”, explica. A compatriotas de los medios a quienes consulto no les parece así. Pero el interlocutor del transporte me da también otras luces sobre Lima y resto de Perú: muchos agentes policiales muy jóvenes que ganan muy bien no tienen madurez suficiente para las responsabilidades personales y de la profesión. En los conos (zonas de distritos lejanos de la ciudad) actúan con abusos y sin respeto. En otros sectores que saben están monitoreados por cámaras se apegan a la ley, señala. Con quien converso es un hombre educado, afable, siente el orgullo característico por su tierra que encuentro en el nativo promedio y le es difícil imaginar otras tierras más bonitas que la suya que, además como he manifestado antes, en realidad la pujanza modernista, el comercio, la vialidad y parte de la base de los servicios impresiona de esta capital.

Los hijos de Venezuela caminan por sendas de desafíos en la construcción de su valía y aporte en el Perú de San Martin, más que de Bolívar; en la nación de Miguel María Grau, héroe máximo de la Guerra del Pacifico. Muchos jóvenes y dentro de estos una cantidad significativa de mujeres, llegaron padeciendo de enfermedades, instalándose junto a sus familias en los Conos, me comenta una periodista venezolana que ha recorrido la extensa Lima. “La gran mayoría se instaló en los mercados a trabajar duro”, afirma.

Venezolano asesinado en la madrugada conduciendo su furgoneta, adolescente venezolana desaparecida. Una mujer venezolana acusada junto a su marido de asesinar a una enfermera peruana. Al jefe del Tren de Aragua ya la Policía Nacional Peruana ofreció recompensa. Son los vaivenes de la vida y la muerte; la inmigración es para los países involucrados un tsunami con razones y responsables, que por cierto se encuentra muy distante de los actos administrativistas de los organismos internacionales. Toca hacer camino.