jueves, 22 febrero 2024
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Patidifusos

Los venezolanos, muy lejos de la excelencia y muy cerca de la sima más profunda, agonizamos entre la desdeñosa arrogancia gubernamental y la petulancia destemplada de sus funcionarios. De resto, navegamos en las procelosas aguas del embuste, las ilusiones y la ignorancia.

Los relacionados con el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla en nuestra América sureña, además de los globalistas, teocracias, inadaptados histéricos, revoltosos y desordenadores del mundo, tergiversadores de conceptos naturales, alteradores sociales, fomentadores de contraculturas e impulsores de novedades para alterar la paz en el planeta, están altamente preocupados y rabiosos por las tan esperadas reacciones en muchas sociedades que pacientemente hasta ahora han soportado las impertinencias de grupos y parcialidades que tratan de subvertir órdenes naturales de convivencia y respeto entre los seres humanos con el fin de adaptarlos a intereses solo utilizables en sectores minoritarios de intenciones generalizantes.

Lo anterior se podría circunscribir a actitudes pertenecientes a la naturaleza humana, pero el hombre político también está haciéndose presente efectivamente al expresar su descontento mediante el voto enmendatorio de sus equivocaciones y errores anteriores. En muchas regiones los pueblos han ido cambiando su tolerancia y aguante con las pretensiones de politiqueros, doctrinas, imposiciones de costumbres en todo sentido y cambios indeseados que han tratado de transmutarse a direcciones erradas y desprevenidas a los vicios de cada actividad.

En materia de conducción y aplicación de ideologías probadamente fracasadas las poblaciones muestran un hartazgo y cansancio reflejado en castigos morales a políticos profesionales aferrados a postulados inaplicables, inexitosos, fantasiosos y dañinos para todos aquellos que han tenido el infortunio de sufrirlos, tal como cubanos y soviéticos, como ejemplos ya que la historieta continua entre ellos y otros desorientados de la misma ralea. Lo mencionado, como ejemplo resaltante, no significa que en pleno siglo de tecnología moderna y grandes avances en todas las áreas de la civilización no se insista en aplicar teorías pervertidas ocasionantes de infelicidad y amargura en tantos pueblos excluidos a la existencia de mejores vivencias y horizontes. Sin lugar a dudas esta clase de despropósitos se encuentran tanto en la vecindad geográfica como allende los océanos y montañas. Es innecesario enumerar, ya que todo lector está en conocimiento del tema ocupado en el escrito.

Todos los mencionados, y muchos que escapan de la memoria, se encuentran cuasi postrados emocionalmente ante el auge y empuje de los que ellos etiquetan como fascistas, derechistas, antisociales, y otros descalificativos sin fundamento, salvo aplicación a casos específicos de tiempo, lugar y persona, que usan para generalizar como negativo aquello que evidencia sus propios fallos, malogros y derrotas. Y el avance se debe a los descalabros mundiales que han experimentado los izquierdistas, tanto moderados como los fanáticos extremistas irracionales convertidos en terroristas escudados en ideales, nociones, gestas, luchas, que en ningún caso justifican atrocidades y acciones contrarias a la esencia de la humanidad.

Los que adversan ciegamente a los llamados peyorativamente en política como derechistas, no conciben que estos puedan ser eficientes gobernantes para sus pueblos en el marco del orden, respeto por leyes y ciudadanos, a la propiedad privada, a la familia, a la educación y libertad individual manejada dentro de límites razonables  abrazados por un marco jurídico libérrimo y amplio sin ser ofensivo a la mayoría de la población. De igual manera, una economía productiva y sistema financiero sano que ofrezca oportunidades para desarrollar un país y a sus pobladores. Podría catalogarse como democracia liberal, derecha democrática, populismo liberal, honesto y cumplidor de ofrecimientos, populismo conservador, democracia libertaria, populismo o democracia constitucional, democracia nacionalista, o de la manera que se le ocurra a los ganados a desprestigiar; cualquier cosa menos comunista, socialista, popular, izquierdista populachero, y por el estilo.

Los venezolanos, muy lejos de la excelencia y muy cerca de la sima más profunda, agonizamos entre la desdeñosa arrogancia gubernamental y la petulancia destemplada de sus funcionarios. De resto, navegamos en las procelosas aguas del embuste, las ilusiones y la ignorancia.

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