martes, 23 abril 2024
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Para resucitar necesitamos participar, perseverar y paciencia   

La Semana Santa no termina con la muerte de Jesús sino con la resurrección, la vida pues. En este país con desesperanza regada, con sufrimiento por todas partes, necesitamos resucitar. Necesitamos vida, reconstruir el bien común.

@luisaconpaz

“La peor diligencia es la que no se hace”, solía decir mi amiga Maribel, muy sabia ella. Y creo que nos viene bien a los venezolanos en estos tiempos de emergencia humanitaria compleja, con apagones cada rato y sin aviso, con ingresos que a la mayoría no alcanza para una vida digna, con educación en emergencia, con diáspora de las mayores del mundo y en esta coyuntura con un proceso electoral complicado para esa mayoría que quiere cambio.

Quedarnos sentados a esperar que otro se mueva no es salida. Afinar quejas sin hacer nada para resolver ni siquiera pequeños problemas, no ayuda. El “bien común” no bajará del cielo, hay que participar cada quien desde su rol: hogar, escuela, universidad, trabajo del tipo que sea, organización comunitaria, organización política del color que sea, simple usuario de redes sociales. Hay que juntarse con otros que tengan problemas comunes, hay que proponerse metas, pequeñas, más grandes. Necesitamos “pequeñas victorias”, dialogar con los que piensan como nosotros y con los que piensan diferente. Hay que participar, nuestras leyes colocan la participación social y política come derechos y en el caso de los niños, niñas y adolescentes, defender sus derechos, la Lopnna dice que es un derecho (artículo 86).

En el hogar hay que dar tiempo de calidad a los hijos, y ancianos, para que se sientan acompañados, y hay que buscar alianzas para que los hijos no crezcan amarrados a celulares y tabletas. Hay que organizarse con ellos y con otras familias. Aprender a administrar las angustias es otra tarea para los padres, no pagarla con los hijos, hay organizaciones que ofrecen procesos formativos para ello.

En la escuela, tanto los educadores como las familias tienen que aliarse y organizarse para participar y salvar la educación en emergencia. Campañas para recuperar a los excluidos -casi 3 millones según cálculos de la Escuela de Educación de la UCAB- hay que cooperar escuela y familia a favor de los alumnos, hijos de unos y “ahijados” de los otros. Campañas para que se les otorgue un salario digno a los maestros, nos estamos quedando sin educadores y sin maestros no hay escuela. Organizarse para mejorar la infraestructura, los ambientes también educan o deseducan. Exigir calidad en esa educación, proponer programas de actualización de los docentes… Escuela pública con 5 días de clase a la semana y no con dos.

En la comunidad hay problemas que afectan a todos los vecinos, sea cual sea el color de su franela, hay que conversar, proponer acciones. Los problemas de los servicios públicos, por ejemplo, requieren propuestas para exigir que se mejoren. En el caso del agua, además de exigir ese servicio, es necesario tomar conciencia de que no debe desperdiciarse, vigilar que se arreglen las tuberías rotas, por ejemplo.

Por supuesto, es urgente la participación ciudadana en este acelerado cronograma electoral. Animar a los jóvenes a inscribirse en el registro electoral, del cual son insuficientes los 315 puntos establecidos en todo el país, ya sabemos, pero hay que insistir en la importancia de ese voto joven. No ser “invitados de palo”, como dijo monseñor Baltazar Porras en una de sus homilías esta semana. Insistir en la necesidad de acuerdos entre los que quieren que el país cambie para que sea más humano, más justo, más fraterno, que se recupere la institucionalidad… No hacernos eco de los que hablan de abstención. Hay que aprender de los errores cometidos…

En fin, hay que participar, organizarse para ello. Solos no podemos, nos cansamos, y se requiere perseverancia y paciencia. Hay muchas iniciativas, unas grandes, otras pequeñas, pero hay mucha gente haciendo cosas buenas por el país, súmese a ellas o proponga otras. Usted tiene la última palabra.