domingo, 25 febrero 2024
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Navidad: ¡oda a la ciudadanía despierta!

La guayanesidad despierta es como entendemos a la población que genera aprehensiones y construye caminos ante un complejo nudo de situaciones prefabricadas, que no pueden interpretarse en modo de normalidad.

@OttoJansen

El título suena solemne, pero es más por lo que la emoción nutre a los guayaneses en estos días de nochebuena y fin de año, que por alguna sospechosa proclama política de la que estamos lejos. Es más bien por el correr de los minutos que nos ufanamos de contar, teniendo en mente el valor de las vidas arrebatadas por la pandemia. Vamos de un lado a otro, así lo que podamos llamar faenas duras no nos permitan los regalos rotos por la revolución, responsable del abismo interminable, aniquilador de esa prosperidad con la que una vez enarbolamos el episodio de Jesús, María y José.

Pero también el mensaje y la reflexión son signos decembrinos y a eso invocamos la oración al redentor y a los “hombres de buena voluntad” desde estas líneas. Citamos: “Desde Heinrich Heine, la figura histórica del intelectual ha ganado altura de la mano de la esfera pública liberal en su configuración clásica. Sin embargo, esta vive de unos supuestos culturales y sociales inverosímiles, principalmente de la existencia de un periodismo despierto, con unos medios de referencia y una prensa de masas capaz de dirigir el interés de la gran mayoría de la ciudadanía hacia temas relevantes para la formación de opinión política”. La explicación que es parte de una exposición más amplia sobre el tema del internet corresponde al filósofo alemán Jurgen Habermas, hecha en una excelente entrevista para El País semanal, en 2018. La referencia es específicamente para subrayar aquello de “periodismo despierto”, empleado desde el punto de vista propio como la ciudadanía despierta, en relación con los guayaneses. Este término es la denominación central del mensaje que creemos apropiado para las fechas, con la valoración de la vida, de la libertad y de una ciudadanía regional capaz de entender y transformar su destino sin el voluntarismo de protagonista o de la retórica de una imaginaria lucha, como nos han encontrado las navidades anteriores de la larguísima crisis venezolana.

Los referentes locales del estado Bolívar en todos los órdenes son un penoso derrumbe, expresión de imposturas, farsas, acomodos o claras muestras de elementalidad ante el proceso de la tenaza dictatorial. La definición, sin ánimo estridente la hemos usado antes. Hoy, en el enfoque navideño, la referencia es para pedir que el grito por los derechos, la justicia social y la democracia, se sostenga desde la conciencia. Que se profundice el acompañamiento a las comunidades que resisten y las familias que no se quiebran pese al entorno de “normalizadas” precariedades y los camuflajes de la fauna política.

Aguinaldo a la libertad

La guayanesidad despierta es como entendemos a la población que crea suspicacias, genera aprehensiones y construye caminos ante un complejo nudo de situaciones prefabricadas sobre el desarrollo social, económico e institucional, que no pueden interpretarse de ninguna manera en modo de normalidad. Se trata de la atención para recuperar la grandeza del concepto de libertad, elemento sagrado en la vida cotidiana de las sociedades del conocimiento, valores, modernidad, trabajo y felicidad. A este acto convocamos a nuestro estado Bolívar, cuando la emoción (imposible de apresar por el fariseísmo revolucionario), inspirados por los elementos de la navidad, refuerzan a la familia, la solidaridad, la alegría, la esperanza y el optimismo fácilmente apreciado en áreas y sectores de nuestros municipios.

Las mesas sin pan o vestidos nuevos, que en la noche del nacimiento de Cristo mostraran su existencia normalizada, no impiden la persistencia colectiva que enfrenta la ruina de todos los servicios públicos: la distribución del agua por tuberías, ausente hasta la agresión en comunidades y conjunto de los municipios. El transporte público, que en minutos del jolgorio del 24 o 31, eran auxilios claves y vigorosos, ahora está distanciado de las posibilidades económicas y de las rutas populares. La devastación continua del ambiente y la productividad en ciudades, pueblos y caseríos de la extensa geografía regional, producto de la anarquía y la violencia de la dinámica minera. Por lo tanto, es de obligación creer y contribuir con los impulsos hacia una nueva Guayana que debe serlo en su desarrollo material, en la conservación a ultranza de los recursos naturales, pero también por valorar su presencia humana: la civilidad, el ejercicio de ley, y el sentido de la democracia que funciona para las mayorías. Ningún avance de luchas esforzadas y de logros trascendentes será posible sin la incorporación y protagonismo de la ciudadanía que tiene el dominio de prioridades, en las que los políticos de Guayana, ensimismados en sus rutinarias promesas, han perdido olfato, vergüenza y compromiso.

Oda a la ciudadanía despierta, del mismo modo que el filósofo Habermas, exhorta al periodismo vigilante en cultivo de la opinión pública, que además hay que decir por estos patios, tampoco contamos mucho. Pero Guayana sí festejará las navidades, y aunque las dificultades no pongan la comida y la bebida en la mesa familiar, el elixir que el espíritu sorberá será la convicción de que los retos se vencerán; que la inmigración y la pobreza han de ser derrotados para que el totalitarismo sea arrancado de la tierra venezolana y pueda abrirse al país y sus regiones a la más completa realización.

¡Feliz Navidad y próspero año nuevo 2022!