jueves, 25 julio 2024
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Míster James: “un amigo para siempre”

Story confrontó con una labor impecable de lenguaje y de cercanía la complejidad de la crisis institucional venezolana y sus deformaciones durante su gestión como embajador de los Estados Unidos en Venezuela.

@OttoJansen

Venezuela en estos tiempos de “revolución” ha tenido excelentes amigos en el plano internacional que han acompañado los vaivenes de la libertad y la democracia. Citamos por ejemplo a la exdiputada del Parlamento europeo, Beatriz Becerra Basterrechea, quien tuvo palabras de apoyo hasta terminar su periodo. A embajadores como el actual de la República de Francia, Romain Nadal, puntual los días cuando la Asamblea Nacional legítima infundía respeto, además de estar presente en todas las áreas del país. En el caso de Estados Unidos, su tarea es relevante ya que han tenido que lidiar con el discurso anti norteamericano del proyecto chavista que desencadenó en ese torbellino de aconteceres con el cierre de la embajada en el año 2019. En rol de embajador estuvo en Venezuela el señor William Brownfield, que hizo gala de su afición beisbolera visitando los estadios de la pelota profesional y que en el estado Bolívar tuvo un capítulo significativo cuando la revolución le impidió a su embajada donar equipos a una escuela de educación especial. Pero el embajador James Story tiene un especial significado en su andar y operatividad quizás similar al doctor Nadal, solo que los niveles de confrontación y protagonismo de primera línea del Gobierno estadounidense le otorga otras características a ese papel desempeñado por quien ha anunciado oficialmente dejar la responsabilidad, según la dinámica estadounidense de esos menesteres.

Lo primero que hay que decir es que con Story la figura de Mr. Danger, ese personaje creado por Rómulo Gallegos para la novela Doña Bárbara y cuya imagen del gringo a quien había que tratar de lejos, permeó por décadas el imaginario criollo -y revivido en los discursos del comandante muerto-, fue confrontada con la labor impecable de lenguaje y de cercanía en el abordaje de la complejidad de la crisis institucional venezolana y sus deformaciones por parte del funcionario norteamericano. El embajador, que si mal no recuerdo estuvo por Ciudad Guayana ya en el cargo o por asumir la titularidad, tuvo un nivel tal de conocimiento de los intríngulis de la cúpula del régimen, que llegó a producir con su narrativa dos consecuencias directas: la primera, convertirse en una “piedra en el zapato” de forma que el gobierno para descalificarle le ha intentado endilgar la condición de actor político. Segunda, que pudo apoyar institucionalmente -hasta donde fue posible y hasta que el Departamento de Estado comenzó a hacer cambios, el proceso venezolano permitiendo al diputado Juan Guaidó, expresidente interino, poder escapar del país y encontrar asiento en esferas institucionales de EE UU, que quizás le permitan un regreso a la política del país en el futuro. De esto último no se sabe, pero el embajador James Story fue consecuente con su accionar en relación con Venezuela: “Su lucha ha evidenciado que vale la pena luchar por la libertad, vale la pena aspirar a ella…”, dijo refiriéndose a nuestro pueblo en su despedida.

El último de los mohicanos 

Por supuesto, nosotros no somos especialistas en materia internacional, nos acercamos desde presunciones con algunos datos públicos, lo que sin embargo no deja de proporcionar indicios. De allí que parece evidente que con Story termina una etapa importante del tratamiento estadounidense a la situación de secuestro de poderes públicos, desastre económico y repercusión de la gigantesca inmigración venezolana en el continente. Termina, y se detiene, diríamos nosotros, con las sorpresivas reuniones de voceros del gobierno de Biden con el régimen de Maduro, donde la presencia del entonces embajador fue de silencioso testigo; desconfigurando lo que hasta ese momento era el mensaje contra la dictadura. Además de luego salir a explicar a un también sorprendido Guaidó la naturaleza de los movimientos en aras de reafirmar el respaldo a la oposición (inexistente), atrincherada con el respaldo de las naciones democráticas. A partir de allí y en lo sucesivo, el juego ha quedado planteado en los intereses que desarrollan los factores de poder de la potencia norteamericana con movimientos sujetos a la guerra de Ucrania. Quién sabe sobre qué otros hechos de la geopolítica latinoamericana, y a exigencias de durísimas realidades internas de Estados Unidos.

La suerte de Venezuela está atada a un marco de decisiones de la comunidad internacional y de EE UU en papel preponderante. No será la caricatura con la que los extremismos políticos anhelan, pero será así. Por los momentos, lo que vemos es un “receso”. Para el país, esto es un guión que se recicla sin que mecanismos de diálogo aporten nada. Es decir, los números reflejan la tragedia social, económica y política: 7,13 millones de personas refugiadas y migrantes en el mundo, señala Acnur. Toca ante el relajo, descrédito y falta de grandeza de los partidos políticos venezolanos, un tiempo para reconstruir la resistencia comprometida y coherente que ahora ha echado por tierra los mejores propósitos.

Las nuevas políticas internacionales norteamericanas buscan dejar atrás las viejas prácticas intervencionistas, repiten los conocedores, aunque también observemos como igual pueden desentenderse y apostar al tiempo. En el caso del embajador James Story, su gestión ha demostrado que se puede caminar con paso firme al lado y en defensa de principios: “El pueblo venezolano; juntos hemos sido testigos de grandes momentos de esperanza y valentía. La situación actual es injusta e insostenible (…) las instituciones y gobierno son para todos y no para unos pocos. Han encontrado en mí un amigo para siempre”, reiteró, finalizando su mensaje y esto debe reconocerse y agradecerse.