viernes, 23 febrero 2024
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Más luz

El régimen tiene una percepción triunfalista y distorsionada cegada por su prepotencia, pero realmente está bastante débil y con pésima reputación; esto debe ser aprovechado asestándole golpes dispersos y repetidos en las diferentes áreas de la vida nacional. | Foto William Urdaneta

En lo único que estamos contestes todos los venezolanos es en que hay que salir de toda esta gente que ha venido destruyendo a Venezuela durante veintidós años y más, si tomamos en cuenta el tiempo que invirtieron muchos preparándose agazapados y encubiertos en los diferentes sectores del país; recostados de la ayuda de toda la basura ideológica esparcida por pensadores de pacotilla mal intencionados, ociosos, envidiosos y parásitos, como lo fueron los ídolos de los fracasados: Marx, Che Guevara, Fidel, Stalin, Hitler y otras personalidades con mentalidades insanas que han contaminado el orbe.

Actualmente tenemos otro desacuerdo y enfoque diferente acerca de cómo ir saliendo de esta pesadilla. Unos esperan el milagro de una invasión extranjera, o algo por el estilo, lo cual no va a suceder. Y, en general, cualquier clase de milagro; como que el Papa nos va a salvar o algún fenómeno telúrico natural. Hay que bajarse de la nube y poner los pies sobre la tierra, habida cuenta que el régimen tiene la rodilla en nuestro territorio. Otra porción de habitantes cree en el poder de las votaciones porque compran la idea como si fuera panacea de utilidad absoluta. Evidentemente, ninguna de las posiciones u opciones puede tener posibilidades serias y efectivas de resultados definitivos. Comprender que entre ambos extremos hay una gama de actividades de importancia vital que pondrían en jaque a la cúpula debería convertirse en obsesión y colaboración del pueblo dirigido por aquellos que poseen cierta ascendencia sobre la sociedad en general. Einstein sostenía que en épocas tormentosas la creatividad era más importante que la inteligencia.

El voto es una herramienta democrática usada para dilucidar situaciones controvertidas que no hay forma de resolver sino mediante una mayoría de voluntades que se incline sobre alguna idea, parcialidad o candidato. No significa esto que la mayoría tiene la razón, lo cual está harto demostrado en el país, pero es la fórmula conveniente de solucionar posturas antagónicas.

En un estado regentado por la ausencia de todo tipo de normas y donde reina la anarquía de un saqueo pirata, el voto es poco eficiente, por lo irrespetado, salvo si es orientado hacia un fin determinado, una localidad, un candidato o para evitar males mayores. Si se aplica este criterio para fines específicos, el voto puede ser útil en zonas como Baruta, Chacao, El Hatillo y en municipios y estados donde hay debilidad de los candidatos oficiales y del partido rojo, rojito. Más aún, donde la gente, la colectividad, el pueblo, está poco contaminado y no es susceptible de ser chantajeado con promesas o prebendas que parecen mermelada pero son hiel bien administrada con malicia, maña y saña.

Es necesario ganar espacios y no dejar el campo abierto a las arbitrariedades de toda ralea, pero hay que ser efectivo en la acción y afincarse en lo productivo.

El régimen tiene una percepción triunfalista y distorsionada cegada por su prepotencia, pero realmente está bastante débil y con pésima reputación; esto debe ser aprovechado asestándole golpes dispersos y repetidos en las diferentes áreas de la vida nacional.

Ganar algunos puestos limpios y otros empolvados horadará el tinglado por las bases, y las patas de la dictadura perderán consistencia.

Es preferible poco de mucho que mucho de nada. Divide y vencerás, es lo aplicado a la oposición siempre reiteradamente.

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