lunes, 4 marzo 2024
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Mariela Mendoza y los libros

Gracias a su esfuerzo, entrega y sensibilidad contamos con un lugar que nos conecta con la civilidad, con el saber, con la cultura, con el arte: siempre rodeados de amistad, afecto y calidez.

Mariela Mendoza y Buscadores de Libros son una dupla, un dúo, una dualidad, una yunta, una pareja. En cualquier circunstancia indisoluble. No se pueden separar, porque al estar unidos corazón y cerebro el flujo sanguíneo los alimenta al unísono, y la creatividad se activa con cada latido y cada sinapsis. Constituyen un arriesgado y potente esfuerzo en medio de exclusiones, migraciones, cierres, abandonos y ausencias que dejaron a este conglomerado en una gran orfandad. Imagino que semejante a la padecida en los tiempos que precedieron a la creación de la imprenta, en una ciudad alemana llamada Maguncia. Con la diferencia de un analfabetismo casi total en la época de Gutenberg, que contrasta con un citadino avecindado en una urbe industrial, que llegó a congregar a la mayor cantidad de profesionales por metro cuadrado.

Esta ciudad nuestra -asociada a prestigios académicos “harvardianos” y a siglas idem como LMT- fue languideciendo en la medida que los latidos de su corazón económico se tornaban más débiles. Los primeros años del tercer milenio, con su venenosa carga de resentimiento, inocularon excesivas dosis de fanatismo entre aquellos que con su sudor lubricaban los complejos engranajes fabriles. Se engrosaron -groseramente- los listados, con quienes serían embutidos en los ralos beneficios de ficciones productivas socialcomunistas que sirven para enriquecer cúpulas y élites. Existen catálogos de revolucionarios y socialistas -con opulenta y abundante fortuna- que pueden rastrearse en las hemerotecas de los que otrora fueron medios impresos.

Hay Casas Muertas en esta urbe, porque las empresas que le daban vida están exangües y descorazonadas, secas como una uva pasa. Perdieron su vitalidad, color y olor, pero sobre todo renunciaron a su propósito y esencia. Hoy -desmanteladas- son tristes despojos y chatarrerías, acosadas por aves carroñeras de todo plumaje y pelaje.

Es este escenario el que descorre sus cortinas para que un espíritu osado y generoso irrumpa con fuerza. Mariella Mendoza es ese impulso que le da vida al encuentro, en lo que fue uno de los primeros centros comerciales de esta Ciudad. No es el CCCT, pero es el CCZ. Ese que las nuevas generaciones -que todavía no se han incorporado a la diáspora- no conocen y por el que nunca han paseado, porque sus tiendas cerraron y no está climatizado de manera artificial. En ese CC Zulia sobreviven algunos comercios y circulan unas pocas almas que se ven obligadas a ir a los bancos del gobierno que manejan cuentas y nóminas de la administración pública.

Allí está Buscadores de Libros. Un ecosistema con su microclima de concordia y amistad, en el que reina la pasión por esos objetos-instrumentos rectangulares o también cuadrados de variados tamaños, que en esencia son minas de placer. Lo son desde que los vemos, cuando pasamos nuestras manos por su tapa -dura o blanda, forrados en cuero o con portada de papel- también cuando tenemos la posibilidad de olerlos y al dejar que nuestros dedos recorran sus páginas. Es una primera etapa, básicamente, sensorial.

Es un acercamiento con los libros. Esos que recogen, como dejó dicho Francis Bacon, “el conocimiento e ingenio del hombre y que lo salvan de lo inexorable del tiempo al ser capaces de una renovación perpetua, porque sus semillas arraigan en las mentes de otros, provocando y desencadenando infinitas acciones y opiniones en épocas sucesivas. Porque los barcos como las letras navegan por los vastos mares del tiempo, haciendo que épocas distantes participen de la sabiduría, iluminaciones e inventos de unas y otras”.

Mariella sabe todo aquello, por lo que facilita todo con los libros. Si están en una mesa especifica los tomas y punto. En los anaqueles encuentras otros a unos precios que Mariella tiene en la memoria, pero que si los llamas solidarios te quedas corta. Están los de intercambio y los que presta para que los leas en tu casa, y que devolvemos, increíblemente. Ella es una suerte de madre protectora de muchos de los libros huérfanos: los recibe, los lee, los limpia y los cuida mientras les encuentra otro refugio.

Los que nos quedamos en estos parajes de oxidado y derruido hormigón -parafraseando a Francisco Arévalo- hemos contraído una deuda espiritual con Mariela Mendoza. Porque gracias a su esfuerzo, entrega y sensibilidad contamos con un lugar que nos conecta con la civilidad, con el saber, con la cultura, con el arte: siempre rodeados de amistad, afecto y calidez.

Agridulces 

Piedad Córdova siempre está en el candelero. Esta semana eligió el aeropuerto de Palmerola como locación para montar su show. Allí se dejó encontrar un sencillito de 68 mil dólares, después de reunirse con su camarada-presidenta Xiomara Castro. Salía para Panamá a cumplir las tareas de enjundia, que les demandan sus compromisos con la acaudalada izquierda caviar de nuestro continente.